‘Liga de la Justicia. Sin justicia’, póker de ases

Tras haber vivido una época de considerable esplendor durante las Nuevas 52 de la mano de un Geoff Johns que supo entender las necesidades de la serie y la llevó a considerable altura, el Rebirth no sentó nada bien a la Liga de la Justicia. Encargados los guiones a Bryan Hitch y el dibujo a Tony Daniel y Fernando Pasarin, las aventuras de los mayores héroes del Universo DC carecían de gancho o épica por más que el planteamiento de Hitch tendía a la grandilocuencia. Durante dos años, de 2016 a 2018, ‘Liga de la Justicia‘ se mantuvo pues a flote en una nadería considerable hasta que DC decidió acabar con la denominación que había servido para recuperar a todas sus series y, dentro de dicha decisión, contó con Scott Snyder para que reformulara la cabecera a resultas de lo que había hecho en ‘Dark Knights: Metal’, un evento que no fue del agrado de todos por su extrema complejidad —al menos para los estándares de un tebeo de superhéroes— pero que ayudó al guionista a sentar las bases de lo que después ha venido desarrollando a lo largo de dos fantásticos años en los que la «liga» ha vuelto a estar en lo más alto de la tabla.

Como pistoletazo de salida, no sólo a la nueva formación de la agrupación, sino a dos colecciones más que correrán desigual suerte en su devenir editorial —’Justice League Dark‘ se convertirá por méritos propios en una de las mejores cabeceras de DC mientras esté al mando de James Tynion IV, ‘Justice League Oddisey‘ se quedará en tierra de nadie—, Snyder se saca de la manga esta miniserie de cuatro entregas que es ‘Sin justicia‘, un evento que no pasaría de incorporarse a las multitudinarias filas de aquellos que tal y como llegaron se fueron pero que, dado su carácter de inicio de la estancia de Snyder a bordo de ‘Liga de la Justicia’, y sabiendo lo que sobrevendrá en ella en los dos años posteriores, es de imprescindible lectura por cuanto, más allá del boato y la pompa épica de los superhéroes del Universo DC enfrentándose a la enésima amenaza cósmica insuperable —recordemos que en ‘Metal’ Snyder se inventaba a Perpetua, una entidad de escala inabarcable—, establece aquello en torno a lo que girará, en el fondo, la idea del guionista para con el super-grupo. Una idea que también se puede apreciar en ‘Batman. El último caballero de la Tierra’ y que gira en torno a Lex Luthor y a su empeño en acabar con la luz que portan, no ya su eterna némesis, sino todos los héroes de DC.

Desarrollada con espectaculares resultados en los 39 números en los que Snyder permanecerá a bordo de la cabecera antes de dejarnos con un cliffhanger que no se resolverá hasta medio año después cuando comience ‘Death Metal’, es bien evidente que toda espectacularidad del planteamiento del guionista se habría quedado en agua de borrajas si, desde este principio que recoge ECC, el escritor no hubiera contado con un equipo de dibujantes a la altura de las circunstancias. Y nadie mejor que Francis Manapul para sentar las bases de lo que después continuarán, en la serie regular, nombres como Jimmy Cheung, Howard Porter o nuestro asombroso Jorge Jiménez: haciendo gala de las mismas formas que ya le habíamos conocido en su ‘Flash‘ de las Nuevas 52 o en la breve pero espléndida intervención que tuvo en el ‘Detective Comics‘ —también de las Nuevas 52—, Manapul consigue arrancarnos expresión de perplejidad tras expresión de perplejidad con unas dobles splash pages que quitan el hipo. Tanto es así que ya Riley Rossmo, ya Marcus To —los otros dos artistas que se dejan ver en este ‘Sin justicia’—, bailan al son que marca Manapul y ofrecen su yo más continuista para con lo planteado por el filipino. El resultado, alucinante como el sólo, es segunda piedra fundacional indispensable para, como decíamos, apreciar el magnífico corpus que Scott Snyder ha dejado a su paso por la Liga de la Justicia.

Liga de la Justicia. Sin justicia

  • Autores: VVAA
  • Editorial: ECC Ediciones
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 144 páginas
  • Precio: 17,95 euros

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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