‘Las piñas de la ira’, simpatiquísima

Aunque no sean legión, son considerables los nombres que pueblan la escena canadiense del noveno arte. De hecho, es probable que alguno de los que voy a citar a continuación os sorprendan porque penséis —y nadie os lo podría reprochar— que de canadienses poco y de estadounidenses mucho: Jeff Lemire, Seth, Dave Sim, Karl Kerschl, Guy Delisle o Bryan Lee O’Malley son sólo algunos de los autores que, nacidos en el país de la amabilidad y las puertas abiertas —supongo que sabréis que Canadá es famoso, entre otras cosas, porque, supuestamente, sus habitantes nunca cierran las puertas de sus casas— han triunfado, y de qué manera, allende sus fronteras. Y ahora La Cúpula nos trae un tebeo que, firmado por Cathon —Catherine Lamontagne-Drolet—, viene importado de Canadá y, con él, una ola de frescura y simpatía invade al lector que tenga la fortuna de acercarse a este título inclasificable que mezcla costumbrismo con thriller y una fuerte dosis de cierto surrealismo a ras de suelo.

Porque, a ver, si tuvierámos que explicar de manera sucinta de qué va ‘Las piña de la ira‘, tendríamos que hablaros de Marie-Pomme, una joven y fantasiosa camarera de un bar de temática hawaiana en la ciudad de Trois-Rivières que, con energía inagotable, gasta todo el tiempo que puede leyendo las novelas de misterio e intriga de Shirley McSnuffles, una detective ficticia que resuelve los entuertos más complicados. También tendríamos que hablaros de su vecina, una anciana campeona de limbo y de su extraña muerte. Y, por supuesto, no podríamos dejar de apuntar a que, intrigada por lo sospechoso de su deceso, Marie-Pomme comenzará a investigar por su cuenta y a deshilvanar una madeja que le llevará a…no, hasta aquí puedo desvelar, continuar sería incurrir en destripes que no os merecéis.

No es que lo que resta sea de una trascendencia suma. De hecho, es su alegre despreocupación e intrascendencia lo que hace que ‘Las piñas de la ira’ deje tan espléndida impresión en un lector que pasa las páginas con algarabía incontenible mientras Cathon, con su estilo desenfadado y caricaturesco, va llevándonos de acá para allá sin que nos importe el destino del viaje mientras el viaje siga siendo tan sumamente divertido. Y a fe mía que es divertido a manos llenas. ‘Las piñas de la ira’ es uno de esos tebeos que se lee con una sonrisa de oreja a oreja si uno sabe entrar en el juego que plantea la autora y que, cuando se ha terminado, aún deja el mismo semblante feliz durante un buen rato . Y eso, en los tiempos aciagos y llenos de incertidumbre que nos han tocado en suerte, YA ES MUCHO.

Las piñas de la ira

  • Autores: Catherine Lamontagne-Drolet
  • Editorial: La Cúpula
  • Encuadernación: Rústica con solapas
  • Páginas: 144 páginas
  • Precio: 17,90 euros

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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