‘Las ciudades oscuras 3. La torre’, las entrañas de Babel

La Torre

Abundantes eran las expectativas que, tras la lectura de las dos primeras entregas de ‘Las ciudades oscuras’ guardaba para con ‘La torre’. A fin de cuentas, lo magistral tanto de ‘Las murallas de Samaris’ como de ‘La fiebre de Urbicande’ se establecían como el perfecto marco para que, de ellas en adelante, el particular universo ideado por Benoît Peeters y visualizado de forma asombrosa y alucinante por François Schuiten siguieran escalando peldaños que fueran aumentando aún más si cabe las ya extraordinarias sensaciones que había dejado el dúo inicial. Cumplimentadas de sobra, por una vez y sin que sirva de precedente las dichosas expectativas no me han jugado las malas pasadas que otra veces han generado, y si bien se queda algo por debajo de lo que podía extraerse de sus predecesoras, ‘La torre’ se alza imponente como otra muestra más del superlativo talento tebeístico que dimana de los recónditos rincones de estas ‘Ciudades oscuras’.

Insistiendo de nuevo en un esquema argumental similar a los de ‘Samaris’ y ‘Urbicande’, el álbum nos presenta a Giovanni Battista, procurador —en su acepción más estricta «el que procura», no en la legislativa más extendida— de una zona interior del edificio que da nombre al volumen, una enorme torre que nadie sabe cuándo empezó a construirse ni hasta dónde llegó a elevarse y que, en este sentido, trae a la memoria del lector de forma inmediata a la Babel bíblica. Es más, la imaginería sobre la que Schuiten construye de nuevo unas viñetas que son todo un goce para la vista, procede en parte de la representación pictórica más celebre y mejor asociada a la infame construcción que, según el texto sagrado, fue la causante de la aparición de los idiomas: el fabuloso lienzo que Pieter Brueghel el Viejo ejecutó en 1563.

La Torre-interior

Permitiéndose incluso una versión del mismo en la que aquella torre de Babel es transformada y completada en la Torre en la que habitan los personajes de la narración, las páginas de Schuiten, de nuevo en blanco y negro como en ‘Urbicande’ conforman tal dechado de imaginación, fuerza compositiva y elegancia narrativa que ningún pero puede anteponerse al juicio que sobre ellas podría emitirse: la delicadeza con la que el artista trata los escenarios, el cuidado que pone en el último detalle de los mismos, la realista solidez que todos y cada uno de ellos alcanzan y la precisión con la que se incluyen en ellos las figuras humanas conforman una lectura que, en lo meramente visual es SOBERBIA.

Pero, claro está, estamos hablando de un cómic, un vehículo para contar historias que necesita de un guión perfectamente articulado para que las viñetas puedan llegar a expresar lo que deben. Y aquí es donde entra en liza el tejido imaginado por Peeters. Un tejido que, de nuevo, como ya pasara en ‘Samaris’ y ‘Urbicande’ vuelca muchos de sus esfuerzos en servir de crítica a la sociedad en la que vivimos y que desde los treinta años que hace que se publicó por primera vez, sigue hablando con la misma lucidez y elocuencia que entonces acerca de la grave desconexión humana a la que nos aboca el mundo en el que vivimos. Una reflexión que, reforzada por el calor femenino que vuelve a encontrar el protagonista de la acción —constante de la obra, como ya dijera en su momento— quiere servir como agitadora de las adormiladas conciencias de los afortunados que se acerquen a esta fabulosa y terrible ficción que se despliega en las páginas de ‘La torre’. Una ficción cuyo final se escapa por momentos al entendimiento de este redactor pero que, en esa personalidad esquiva, consigue que, días después de finalizarla, la sensación de haber leído algo único se haga más y más fuerte.

Las ciudades oscuras 3. La torr

  • Autores: Benoît Peeters y François Schuiten
  • Editorial: Norma
  • Encuadernación: Rústica con solapas
  • Páginas: 112 páginas
  • Precio: 23,75 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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