‘Lanfeust de las Estrellas volumen 2’, épica

Lanfeust de las Estrellas 2

Después de tantos años esperando, y de dedicarle enfervorecidas loas en la entrada con la que cubrimos lo que ofrecían las páginas del primer integral de ‘Lanfeust de las Estrellas’ y algo más, el breve espacio de tiempo en el que Yermo ha tenido a bien publicar el segundo volumen con el que finaliza esta segunda etapa de las aventuras del héroe creado por Christophe Arleston y Didier Tarquin ha provocado que, en primera instancia, me haya quedado con ganas de muchísimo más. A fin de cuentas sólo han sido seis meses los transcurridos entre la lectura de uno y otro, un período de tiempo que, comparado con los trece años que nos separan de la edición de Devir en ocho álbumes de ‘Lanfeust de Troy’, es una minucia y que, por breve, no ha sido suficiente para que la desmesurada anticipación acumulada de cara a la lectura se haya agotado por completo. Ello no quiere decir, ni mucho menos, que ‘Lanfeust de las Estrellas’ no haya cumplido con precisa exactitud con TODO lo que esperaba de ella, sino que más bien habla de la inmensa calidad de lo que aquí desarrollan los dos autores franceses y, por supuesto, de las ansias de seguir dejándonos transportar por la fértil imaginación que Arleston y Tarquin hacen rezumar por cada página de su criatura.

Una criatura que en los cuatro álbumes que cierran el periplo estelar de Lanfeust, Hebus, Cixi, Thanos y la extensísima galería de secundarios que pueblan el cosmos de Troy sigue alzándose como el estímulo constante de diversión, entretenimiento y risas a mansalva que fueron todos los volúmenes predecesores, demostrando Arleston —de la misma forma que lo ha venido haciendo en los tomos que han aparecido hasta la fecha de esa genialidad hilarante llamada ‘Ekhö. Mundo Espejo’— que no hay idea lo suficientemente alocada que no pueda encontrar cabida en su virtuosa “pluma”: habiendo trasladado a parte de los protagonistas a 4.000 años en el pasado, y dedicando parte de los esfuerzos narrativos iniciales a devolverlos a su tiempo, el brillante giro que el escritor extrae de su chistera para trastocar todo el mundo de Lanfeust sólo es superado por la escala épica que va acumulándose de cara a un final que, si bien cierra lo suficiente, deja la puerta abierta para que nos preguntemos qué diantres ocurrirá cuando caiga en nuestras manos ‘La odisea de Lanfeust’, tercer arco de la cabecera al que sólo le falta un número por aparecer de los ocho que, quién sabe, quizá sirvan de cierre a una fantástica trilogía que, de finalizar, habrá ocupado más de veinte años de la vida de sus autores.

Obviamente, no podemos concluir esta entrada sin hacer referencia al otro 50% de ‘Lanfeust de las Estrellas’, un Didier Tarquin que desde que arrancara la colección allá por mediados de los noventa ha sido el perfecto y preciso traductor de la febril imaginación de Arleston, dando alas al escritor mediante unos diseños que sólo pueden ser calificados como ESPECTACULARES. Bien es cierto que en ocasiones, cuando el ritmo de la acción se vuelve frenético, su narrativa se arropa de cierta confusión y cuesta entender las transiciones entre viñetas, pero son las menos y quedan más que compensadas por un conjunto alucinante en el que tan pronto destacan las caracterizaciones de personajes, como su expresividad o, por supuesto, las decenas y decenas de escenarios en los que se enmarca la historia. Y aunque sea pecar de reiterativo, porque ya es una reflexión final que he hecho incontables veces, esperemos que de aquí a pocos meses podamos traeros nuestras observaciones para con el primer integral de ‘La odisea de Lanfeust’. ¿Habéis oído chicos de Yermo?, he dicho pocos meses 😛

Lanfeust de las Estrellas volumen 2

  • Autores: Christophe Arleston & Didier Tarquin
  • Editorial: Yermo Ediciones
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 216 páginas
  • Precio: 40 euros

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Sergio Benítez @fancueva

Lector apasionado. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de adopción. Treintañero para cuarentón. ¡Ah! y escritor compulsivo tanto aquí como en Blog de cine.

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