‘La noche polar’, 100% Prior

Patidifuso y fascinado. Fascinado y patidifuso. Esas son las dos sensaciones que, de forma mayoritaria, han gobernado hasta el momento la aproximación a cualquiera de las lecturas en las que haya figurado el nombre de Marcos Prior, ya en calidad de guionista, ya en calidad de dibujante, ya, como es el caso, asumiendo todas las tareas de plasmar una idea en viñetas. Si bien ‘Fagocitosis’ es a la que menos cabría aplicar la cualidad de dejarnos patidifusos por cuanto, al menos ese es mi recuerdo, era una obra en la que se entendía bastante bien lo que planteaba Prior al guión; y con ‘Gran Hotel Abismo’ quedándose justo en la frontera entre lo discernible y lo ininteligible —más cerca de lo primero que de lo segundo, todo hay que decirlo—, son títulos como ‘Potlatch’, ‘Necrópolis’ o ‘Catálogo de bunkers’ las que nos llevan a afirmar sin resquicio para la duda que los tebeos de Marcos Prior son de esos a los que hay que ir erosionando con sucesivas lecturas para que muestren algo más que la confusión que suelen dejar como primera impronta.

‘La noche polar’, atada con cierta intensidad a esta personalidad compleja de Prior, deja entrever, al menos durante su desarrollo, cierta componente inteligible que sirve al lector para trazar lazos de uno a otro de los nueve capítulos de entre 6 y 12 páginas que conforman la estructura del volumen. En ellos, Prior va fijando sus miras en personajes, épocas y localizaciones que van desde la Rusia de 1881 hasta el mismo país en un indeterminado año 202X. Por medio, el autor se detiene, sin que haya una aparente relación en su elección —al menos no una que a este redactor le parezca evidente— en el París de 1937, en ¿Las Vegas? de 1955, en el Coney Island de 1977, en el Nueva York de 1994 y de 2001 —asociando esta parada al 11-S— y en una isla del archipiélago británico en 1994, presentándonos a otros tantos personajes que quedan ligados por un nombre de manera aparentemente casual, sin que parezca que hay mayor intención en esa ligazón que el que la sensación de desconexión entre uno y otro relato no sea la predominante.

Experimentando sobremanera con diferentes aproximaciones visuales en cada uno de los capítulos en que se divide la lectura, es la fascinación hacia cada uno de los registros de Prior la que nos acompaña durante todo el trayecto hasta que, llegados al penúltimo, al que corresponde a ese indeterminado año que antes comentábamos, esa fascinación muta en extrañeza e incluso rechazo ante unas planchas que se tornan crípticas, obtusas y de casi imposible desentrañado. El abrupto corte que dicho capítulo supone con todo lo anterior y que la suerte de corolario final no termine de aportar lo que uno está buscando —que no es más que una respuesta a un «¿de qué diantres va todo esto?»— provoca que, como ya nos ha pasado antes con el artista, no sepamos muy bien cómo racionalizar lo que hemos leído y, aún más, si es una genialidad o una enorme tomadura de pelo. Me inclino a pensar que lo primero, claro, pero sólo el tiempo y ulteriores lecturas me sacarán de esa duda.

La noche polar

  • Autores: Marcos Prior
  • Editorial: Astiberri
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 104 páginas
  • Precio: 14,25 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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