‘La cólera’, reimaginando a Homero

No nos cabía ninguna duda, antes de tener ‘La cólera’ en nuestro regazo y disponernos a dar definitiva cuenta de la muy esperada nueva obra de Santiago García y Javier Olivares que, en lo referente al trabajo del segundo, lo que íbamos a encontrarnos en esta muy particular versión de parte de ‘La Iliada‘ de Homero iba a dejarnos con la boca muy, pero que muy abierta. Y no nos equivocábamos: sabedores de que Olivares ya había declamado un do de pecho de categoría en la anterior colaboración con el teórico y guionista —en aquella obra maestra que fue, hace ya seis años (joder, cómo pasa el tiempo) la maravillosa ‘Las meninas‘— queríamos, y hemos visto nuestros deseos colmados de sobra, que en la aproximación a las puertas de Troya, en el paseo por las playas de la ciudad asediada, en las tiendas donde nombres de leyenda como Aquiles, Ajax o Ulises combatieron durante diez largos años a las fuerzas troyanas, Olivares encontrara nuevas formas de desafiar los límites de sus formas narrativas que tanto obliteró, y en tantas diversas maneras, con la ficción construida alrededor de la figura de Velázquez y de uno de los lienzos más famosos de la historia de la pintura. Y a fe mía que no sólo los ha vuelto a desafiar, sino que les ha plantado tanta cara, que éstos han retrocedido, amilanados, ante el ímpetu creativo del madrileño.

Apoyándose sobremanera, aunque no de forma única, en las cerámicas de figuras negras tan propias de la época griega clásica —quién no tiene en mente un ánfora típica de la Grecia de hace siglos—, Olivares alterna páginas y más páginas de ilustraciones en las que el dinamismo de sus líneas, la composición de dobles planchas y la fuerza expresiva de su color son armas más que suficientes para trasladar al lector la idea primaria que García quiere imprimir a fuego en el lector: la futilidad de la guerra. Tebeo antibelicista hasta la médula, ‘La cólera’ utiliza el texto de Homero como pretexto para moldear un discurso que, variado en su discurrir —magnífico e inesperado ese golpe de efecto intermedio—, insiste una y otra vez en hacer llegar al lector la misma idea, lo inservible de los conflictos bélicos, ya sean los que nuestros antepasados libraron a mayor gloria de un hombre, una idea, un país o lo que diantres fuera, ya los que, hoy, seguimos librando sin que acabar con las vidas de nuestros congéneres suponga más que una mera molestia.

En este sentido hay una secuencia tremendamente elocuente en la que cinco soldados griegos vuelven del fragor de la batalla dando cuenta de cuántos finados se han cobrado sus lanzas. Un instante que García aprovecha para, desde el más completo y surrealista de los ridículos, evidenciar de manera muy potente y cristalina, cuáles son las intenciones del relato. Unas intenciones que cobran una y otra vez diferentes vidas —de nuevo, la forma en que se reinventa todo el conjunto, sentido de lectura incluido, a eso de la mitad, es de esas ideas que ya justificarían por sí solas la adquisición y lectura del volumen publicado por Astiberri— y que, de mano de Javier Olivares, soprenden en primera instancia, maravillan en segunda y tercera y se convierten en paradigma inexcusable en cualquier ulterior aproximación que se haga a ‘La cólera’.

Porque, ya no es que lo que nos transmite en un primer golpe de vista sea de una fuerza sobrecogedora —insisto en que el uso del color, en según qué instantes, cobra un protagonismo absoluto— es que, una vez hemos aparcado la sorpresa inicial e intentado dejar de lado el sentido de la maravilla que nos aturde y vuelve a aturdir a cada batir de página, y nos disponemos a analizar cómo se van moviendo los engranajes del relato, encontramos algunas soluciones que no pueden sino ser calificadas de GENIO. De entre ellas me quedaría, porque cada vez que la he vuelto a contemplar me sigue dejando ojiplático, la secuencia de páginas dobles que van mostrando escenas de la vida diaria de Troya y su entorno para, en un momento dado, intuir en el fondo una serie de líneas curvas que, finalmente se transformarán en las del escudo de Aquiles lanza en ristre arrollando contra los ejércitos de la infranqueable ciudad amurallada.

Éste, insisto, es un ejemplo, UNO, entre tantos y tantos que encierra ‘La cólera’. Bien es cierto que, como ya decía en la reseña de ‘Las meninas’, en ese doble arrollar de guionista y dibujante —de nuevo, si así lo quisiéramos ver, un ente indivisible— porque la obra se convierta en un vehículo que se aparte de lo que estamos acostumbrados a encontrarnos en un tebeo al uso:

se le podría achacar a esta lectura el que, en ese esfuerzo por apartarse de forma consciente del «cómic común» también termine por escindirse del «lector común»

‘Las meninas’, ambición de genio

Pero, ya lo decía también entonces, algo tan diferente, arriesgado, valiente e impetuoso como lo que plantean aquí los artistas no puede ser menospreciado atendiendo a vanas disquisiciones que sean incapaces de apreciar que en esos valores descansan los auténticos fundamentos de cualquier evolución que quiera llevarse a cabo en un medio artístico. Y de evolución, de romper barreras y llevar a terrenos inexplorados el noveno arte, Santiago García y Javier Olivares saben una barbaridad. Más no me creáis. De hecho, tomadme por mentiroso y, en busca de vuestra verdad, acercaos en cuanto podáis a vuestra tienda más cercana, tomad un ejemplar de ‘La cólera’, volved a vuestro hogar y atacad la lectura sin mayor dilación. Si después de eso este tebeo no ha cambiado vuestra manera de ver el arte secuencial, pocos títulos podrán hacerlo.

La cólera

  • Autores: Santiago García y Javier Olivares
  • Editorial: Astiberri
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 240 páginas
  • Precio: Desde 26,60 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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