‘La ciudad de Ys II. La morgana roja’, mismo lustre, menos épica

La ciudad de Ys vol

Finalizando la lectura del anterior volumen, y como dejé reflejado en la entrada correspondiente al mismo, si algo conseguía ‘La ciudad de Ys’ era provocar el suficiente interés en el lector como para garantizar su estancia de cara a una segunda entrega que Astiberri ha publicado con gran diligencia tan sólo un par de meses después de la aparición del primero. Desafortunadamente, y al menos en lo que a historia se refiere, la continuación de las desventuras de Gradlon, ese rey perdido en el tiempo por las malas artes de una bellísima hechicera, pierden algo de fuelle y mucho de la épica que capturaba Rodolphe en las páginas de lo que pudimos leer este pasado verano.

Naturalmente, lo que ello implica de cara a las sensaciones últimas que se lleva el lector, es que el interés inicial por saber qué le reservará el aciago destino al protagonista y a su hija sea sustituido tras las primeras páginas por un semblante de apatía que nos va apartando poco a poco de la natural curiosidad que despierta la construcción de la ciudad de Ys y los misterios por desvelar que encierra Dahut —la hija de Gradlon—.

Pero todo lo que no es capaz de ofrecernos la historia lo suple Raquel Azcate con la belleza plástica de sus páginas. Superando a lo que le habíamos visto en el primer tomo, las viñetas de Azcate para este segundo son pequeñas obras de arte que, en muchos casos, requieren de una contemplación bastante más prolongada que la que se deriva de los pocos segundos que nos llevan pasear nuestra mirada por los bocadillos de diálogo y los textos de apoyo. Esperamos que, con la garantía que supone la labor de la dibujante española, la conclusión de esta saga de reminiscencias Artúricas no defraude aún más.

La ciudad de Ys II. La morgana roja

6IRREGULAR
  • Autores: Rodolphe y Raquel Azcate
  • Editorial: Astiberri
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 48
  • Precio: 14 euros

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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