‘Ideas negras’, cumbre de un arte

ideas negras

Con su nombre siempre en nuestro recuerdo cada vez que hemos de hablar de ‘Spirou y Fantasio’, que sin André Franquin el noveno arte no hubiera sido el mismo es una obviedad del mismo calibre que la que nos serviría para afirmar que el artista belga fue un genio sin paliativos, un dibujante que entendió a la perfección las necesidades del medio, que supo narrar como pocos y que dotó a las páginas de las que se hizo cargo —y no fueron pocas— de una serie de cualidades que abarcaron desde la composición al encuadre de las viñetas pasando por la caracterización de personajes, el mimo por fondos y elementos ajenos a los protagonistas, la precisa secuencialización de la acción o la fértil imaginería visual. Unas cualidades que caracterizaron al periodo que comprende las décadas de los cincuenta, sesenta y gran parte de los setenta; casi treinta años en los que este fundamental nombre en la historia del tebeo universal tocó con su varita al citado Spirou, al inigualable Gastón el Gafe o, cómo no, a estas ‘Ideas negras’ que ECC reeditaba hace un par de meses.

Publicadas previamente por Dolmen en 2003, debemos comenzar la aproximación a la edición que nos ocupa con un pequeño tirón de orejas hacia ECC por lo insatisfactorio del formato elegido para dar cabida a tan magna obra: no parece que el volumen recortado de 17 x 24cm —el mismo que utiliza Norma, por ejemplo, para su colección Nómadas— sea el más adecuado para reproducir como merecen unas planchas que en el álbum publicado hace trece años sí que contaban con el vehículo perfecto para su completo lucimiento. Al reducirse ostensiblemente, no es tan fácil apreciar el sublime trazo y el increíble detalle con el que Franquin trataba unas planchas que cuanto más se miran más nos desvelan acerca del genio que se ocultaba tras el nombre. Si a eso le añadimos el que en comparación con la anterior encarnación impresa, la presente carece de extras —contenidos añadidos que albergaban entonces ocho páginas de extractos de una impresionante entrevista al autor— es de recibo afirmar que, con el cambio, hemos salido perdiendo.

Pero no nos centremos en apreciaciones negativas, que esta noche llegan los Reyes Magos y, ante todo, estamos hablando de un volumen que por su precio podría ser perfecto como presente para cualquier lector, habitual o no, al que queramos ofrecer la oportunidad de asomarse a unas páginas cargadas de mala leche, de ironías, dobles sentidos y un nivel de cinismo tan cáustico y corrosivo que, a ojos de un neófito, podría resultar bastante chocante que las mismas manos que trabajaron las «inocentes» aventuras de Spirou, sean las que se ocupan de retratar aquí en pequeñas píldoras lo peor que el género humano es capaz de ofrecer.

Ideas negras interior

Debido a avatares editoriales que hicieron que ‘Ideas negras’ emigrara del suplemento de la revista Spirou en el que apareció inicialmente —las intentonas de censura por parte de los editores de la cabecera convencieron a Franquin y Yvan Delporte de que ya había llegado el momento de hacer las maletas— para refugiarse en Fluide Glacial, provocó que el total de páginas que Franquin dedicó a desarrollarlas se agrupe en dos grandes bloques: de una parte, las cuarenta y cinco que abarcan aquello que apareció en el ‘Trombone Illustré’, el citado suplemento de ‘Spirou’; de la otra, el pequeño grupo que publicó Fluide antes de que el artista cayera preso de la depresión que lo apartaría de la mesa de dibujo y de la que nunca llegaría a recuperarse del todo hasta su muerte en 1997.

Siempre con la ayuda de Delporte —que, entre otras cosas, se encarga de escribir las descacharrantes rimas que acompañan al primer bloque, esas que incluyen sentencias como «no es lo mismo un metro de encaje negro que un negro te la encaje un metro»— Franquin utiliza su pluma o su rotring como un escalpelo de precisión con el que ir haciendo concisas incisiones en las idiosincrasias que nos hacen ser humanos para, con la habilidad de un cirujano que lleva años de práctica profesional, dejar al desnudo las vergüenzas que mejor evidencian la abundante estupidez que reina a sus anchas en este mundo nuestro. Su mirada puede ser calificada de extrema, porque lo es, pero hay que ser capaz de traspasar el rechazo que puede suponer esa radicalidad para poder dar cuenta de lo que de ella se deriva. Y lo que de ella dimana no es otra cosa que una enorme reflexión de elocuencia suma que habla, desde el humor más corrosivo que uno pueda imaginar, de aspectos de nuestra sociedad que aún hoy, cuarenta años después, resultan de rabiosa actualidad.

Ésta última apreciación y el hecho de que el tiempo no haya sido capaz de hacer mella en ellas es la que, de forma inequívoca, podemos utilizar sin miedo para poder calificar a ‘Ideas negras’ como una OBRA MAESTRA del noveno arte. Una que además de provocar carcajadas es, huelga decirlo, todo un dechado constante de concisión narrativa por parte de un Franquin que reinventa su estilo para adaptarlo a los negros silueteados que podemos observar aquí y que, en esa estilización formal a la que se asoma, imparte lecciones de una calidad que se mueve entre lo sublime y lo que no pertenece a este mundo. Lo decía ante, lo reitero ahora, ‘Ideas negras’ es un regalo perfecto, no ya de las festividades que acaban mañana, sino de cualquier época del año. Un cómic que hay que leer al menos una vez en la vida a sabiendas que, de hacerlo, no será una sola la que lo hagas.

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  • Autores: André Franquin
  • Editorial: ECC
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 72 páginas
  • Precio: 8,51 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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