‘I Hate Fairyland 1. Loca para siempre’, maravillosa barrabasada

En lo que a lecturas se refiere, uno de los momentos álgidos del mes es cuando, el miércoles de turno, Image edita un nuevo número de ‘I Hate Fairyland’. Y no, no exagero. En serio. Palabra. Vamos, que si miento venga Gertrude y…bueno, tampoco hace falta llamarla, ¿no? os hacéis una idea, ¿verdad? De que no miento, vamos, que con Gert no se juega, al menos no a los juegos a los que uno pensaría jugar con una dulce niñita de seis años —jo@$&, si tiene la edad de mi hija— con la mentalidad de una mujer de treinta. ¿Ah? ¿Que no sabíais eso de ‘I Hate Fairyland? ¿Cómo? ¿Que no os lo he contado y por eso no lo sabéis? ¿En serio? Pero vamos a ver, alma de cántaros, ¿me vais a decir que no habéis leído nada de esta magna serie de Skottie Young? Jo, sí que es grave lo vuestro. Pues venga, relajaos un poco y seguido leyendo, dejad que este humilde redactor os ilumine con su escueta sabiduría.

Proyecto puesto en marcha bajo el sello que, y no me cansaré de decirlo, hoy por hoy más alegrías da al otro lado del charco, ‘I Hate Fairyland’ es una especie de ‘El Mago de Oz’ dopado con esteroides y pasado por el filtro de Tarantino…no sé si me explico. Intentémoslo otra vez. ‘I Hate Fairyland’ es lo que pasa cuando una mente perversa se adentra en un mundo de fantasía, lo coge por las gónadas, le da un buen par de puntapiés, y lo sirve enmarcado en viñetas para nuestro goce y regocijo. ¿Aún no? Ains, exigentes estáis hoy, ¿no? Venga. Una vez más. ‘I Hate Fairyland’ es una pasada. Así de simple. Cada número es un órdago a las grandes de Young por superar las burradas que hasta entonces ha ido mostrando, y la última página de cada nuevo ejemplar nos deja con las mismas impresiones, algo así como: “Halaaaaaaa, qué burro. Esto no tienes narices de superarlo, Skottie”. Y, claro, Skottie recoge el reto y lo devuelve en forma de mazazo con la mano abierta a lo Bud Spencer. ¿Mejor? ¿No? Venga, para los que no se aclaran con tanta tontería metafórica.

‘I Hate Fairyland’ es la historia de Gertrude, una niña de seis años que un buen día cruza a un mundo almibarado de fantasía, hadas, nubes de algodón y unicornios. Un mundo que los mortales sólo podemos visitar momentáneamente pero que, por diversos avatares, se convertirá en su insufrible prisión durante los siguientes treinta años. Eso sí, ella no crecerá, y toda la mala leche acumulada de décadas vagando por las irritantes tierras mágicas de Fairyland quedará embotellada en un pequeño formato, una máquina de matar y destruir hastiada de todo que, con la sola compañía de un insecto a lo Pepito Grillo —si Pepito Grillo estuviera siempre hasta el culo de grifa, claro—, busca denodadamente la forma de volver a su mundo.

El nivel de barrabasadas de la serie que, como digo, siempre va en aumento progresivo, encuentra en el talento de Skottie Young el perfecto vehículo para que, si bien nada quede sujeto a la imaginación del lector, tampoco haga falta; que esto es un cómic y no una novela y aquí, cuanta más sangre, casquería y brutalidad descarnada, mejor: los modos caricaturescos del artista estadounidense, que ya pudimos disfrutar sobremanera en su traslación de las novelas de Frank L.Baum, se ponen aquí al servicio de dar vida a cuanta criatura alocada surge de la febril —¿alguien ha dicho enfermiza? ¿Usted? ¿El de la última fila?— imaginación de un autor que no conoce límites en este aspecto, y cada nueva entrega es, ya lo decía más arriba, un momento de celebración lectora por cuanto arranca sin despeinarse sentidas carcajadas a la par que sigue intrigando y nos hace preguntarnos si alguna vez Gert regresará a su hogar. Por nosotros no, claro, que se jo@$ y se quede para siempre en Fairyland, que así tendremos colección para rato…¿o qué?.

I Hate Fairyland 1. Loca para siempre

  • Autores: Skottie Young
  • Editorial: Evolution Comics
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 160 páginas
  • Precio: 15,20 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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