‘Gringos locos’, un viaje para la historia…

Gringos Locos

…para la historia del noveno arte, se entiende.

A sabiendas de que los autores que la firmaban ya me habían encandilado, y de qué manera, con su aproximación a nuestro botones favorito —y espero que no estéis pensando en Sacarino—, lo que esperaba de ‘Gringos locos’ era, como poco, que me divirtiera, entretuviera y causara la misma gratísima impresión que ese ‘El botones de verde caqui’ con el que Yann y Olivier Schwartz rendían su particular homenaje a uno de los personajes más relevantes de la historia del tebeo francobelga. De hecho, si he de ser franco, las expectativas para con este álbum en el que los autores se aproximan al viaje que Jijé, Franquin y Morris —y si no sabéis quiénes son estos tres puntales del cómic del viejo mundo, ya me estáis buscando información para enmendar tamaña desfachatez— emprendieron hacia «las Américas» para intentar ser contratados por Disney eran altas. Qué digo altas, eran enormes.

Y ya se sabe que, a enormes expectativas corresponden sonoros batacazos…pero no es éste el caso.

Demostrando con categórica autoridad que las sinergias que se podían apreciar de su historia sobre Spirou no eran nada casuales, la perfecta conjunción que se da en las 64 páginas de ‘Gringos locos’ entre los guiones de Yann y los dibujos de Schwartz es de esas que hace desear con fuerza que ambos autores tengan a bien no separarse y seguir colaborando en el futuro en iguales términos a los que aquí podemos observar. Unos términos que, trascendida su espléndida portada y centrándonos en lo que al trabajo del artista gráfico respecta, superan en todos los aspectos aquello que habíamos afirmado sobre las planchas de Schwartz hace cosa de un año: mejor en la definición de sus personajes que en el álbum protagonizado por la intrépida creación de Rob-vel —a fin de cuentas, a ambos los separan tres años—, donde el artista sigue dando el do de pecho es en su atención casi compulsiva por el más nimio detalle, sin que dicha cualidad empañe, ni mucho menos, lo diáfano de su discurso narrativo.

Deleite constante pues, para los ojos, es a nuestro sentido del humor al que el trabajo de Yann apela una y otra vez con las alocadas aventuras y las más alocadas personalidades con las que —exagerando la realidad, por supuesto— define a la terna de artistas que cruzan el charco dispuestos a comerse el mundo de la animación yanqui. Sin que uno pueda despegar los ojos de la lectura toda vez esta se comience, el encanto del que hacen gala Jijé, Franquin y Morris se sustenta sobre todo en el esfuerzo de Yann por alejarlos lo más posible de una visión idealizada, mostrándolos de forma «veraz» con todas sus idiosincrasias, dramas y pequeñas miserias —sobre todo Jijé, que tuvo que ser un «elemento de cuidado»—. El resultado es un álbum brillante de adquisición obligada para todo amante del tebeo francobelga que se precie y que, por su personalidad amena, divertida y cercana, podría ser perfecto punto de entrada para aquellos tebeófilos a los que las páginas europeas se os siguen resistiendo.

Gringos locos

  • Autores: Yann y Olivier Schwartz
  • Editorial: Dib-buks
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 64 páginas
  • Precio: 15,20 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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