‘Grandes autores de Vertigo: Brian Azzarello’, noir en pequeñas dosis

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Desde hace años, el cómic norteamericano de género negro goza de una salud excelente gracias a la interesante cantera de autores que lo cultivan. Hablo de gente como Ed Brubaker, con su fabulosa visión del hard-boiled a través de la serie ‘Criminal’, junto al dibujante Sean Philips. Un autor que también ha sabido trasladar con gran acierto las formas del noir al género superheroico, como durante su etapa al frente del Capitán América. Hablo también de David Lapham y su veterana serie ‘Balas perdidas’, editada desde la más absoluta independencia, por la que han desfilado personajes y situaciones cargados de dramatismo y fuerza. Y tampoco puedo olvidarme de Jason Aaron, que se metió al público y la crítica en el bolsillo con ‘Scalped’, un cómic negrísimo ambientado en una reserva India. Hay más nombres, por supuesto, pero no puedo seguir obviando a nuestro protagonista de hoy, uno de los grandes maestros del cómic negro actual. Con ustedes, Brian Azzarello.

Este guionista, nacido en Cleveland en 1962, se ganó su hueco en el cielo —o en el infierno, lo que prefiera— con la aclamada serie ‘100 balas’, en compañía del no menos talentoso dibujante Eduardo Risso. Azzarello demostró en esa colección —y lo ha reiterado en obras posteriores— que sus mayores virtudes son dos: la creación de atmósferas crudas y callejeras, y su afinado oído para recrear en sus diálogos el habla de los barrios y arrabales. Sus personajes también molan, así como su forma de dosificar la intriga y las escenas de alto voltaje que suelta de vez en cuando, pero a mi juicio son los dos aspectos que he señalado antes los que mejor definen la personalidad de este autor. Y son características que ya se perciben en las ocho historias cortas recogidas en el tomo ‘Grandes autores de Vertigo: Brian Azzarello’.

Es un volumen muy escueto, por desgracia, ya que el guionista no se prodigó demasiado con sus historias breves para el sello adulto de DC. Aun así, la lectura nos reserva varios momentos de gran intensidad, además de ofrecernos la posibilidad de ver algunos de los primeros trabajos de Azzarello, en los que estaba empezando a encontrar su estilo y su voz. Ya desde la primera historia recopilada en este tomo, “Ares”, nos encontramos con unos diálogos cargados de fuerza, de mala leche, de argot callejero; textos que no resulta nada fácil trasladar al castellano sin que parezcan forzados o artificiales, pero en esta ocasión el traductor ha salvado con creces la papeleta. «Ares» nos cuenta la historia de un joven pandillero que regresa a su barrio tras haberse pasado una temporada entre rejas. Una buena toma de contacto, que habría resultado aún más convincente con un dibujante mejor, ya que James Romberger no pasa de ser un simple pastiche de Frank Miller. La siguiente historia, “Casa limpia”, recurre a un clásico del género, el del mafioso arrepentido que se incorpora al programa de protección de testigos. Con su tremendo golpe de efecto en la última página, se convierte en una de las historias más duras de la recopilación, aderezada por el estupendo trabajo del dibujante Tim Bradstreet.

“Al otro lado del pueblo” también cuenta con los competentes lápices de Bradstreet, aunque no bastan para remontar un guion tirando a flojete, pese a su sugerente ambientación sureña. Quizá si hubiera contado con más páginas, habría resultado más interesante. Danijel Zezelj es el encargado de ilustrar la siguiente propuesta, “Última llamada”, una historia negrísima tanto por su premisa como por su estética. La joya de la corona de este volumen es “El hueco”, protagonizada por dos niños cuyas gamberradas los meterán en el aprieto más serio de sus cortas vidas. Azzarello comparte protagonismo con el canario Javier Pulido, que como es habitual en él, realiza un trabajo gráfico excelente. Por último nos encontramos con “Lengua nativa”, cuya premisa habría dado perfectamente para una historia más larga. En ella se combina el género negro con un puntito que roza lo fantástico. El trabajo del dibujante croata Esa Ribic es sencillamente soberbio.

Con esta historia despedimos este volumen que nos acerca a una porción pequeñita del inmenso universo comiquero que ha desarrollado Azzarello a lo largo de su carrera. Ocho historias que funcionan como aperitivo para aquellos que quieran seguir indagando en la obra de este excelente guionista, ya que sin duda te quedarás con ganas de más cuando llegues a la última página.

Grandes autores de Vertigo: Brian Azzarello

  • Autores: VV.AA.
  • Editorial: ECC Ediciones
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 64
  • Precio: 8,95 euros

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Jaime Valero @jvalerolife

Nací en el año de las inquietantes profecías literarias de Orwell. No traje ningún tebeo bajo el brazo pero en cuanto alcancé el uso de la razón el cómic se convirtió en una de mis máximas prioridades. Combino las viñetas y bocadillos con otras muchas pasiones delirantes e intento que todas ellas convivan en mi carrera como periodista y traductor. Mi cuartel general se encuentra radicado en Madrid.

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2 Comentarios

  1. que carrera tan rara, hace una obra premiada como 100 Bullets y tiene una larga carrera en DC en la cual… no sobresale nada en particular que la gente recuerde excepto,cosa curiosa, Wonder Woman. Que recomendarias tu de su trabajo con las dos grandes ademas de WW? he oido cosas buenas de Flashpoint Bats,y he estado leyendo DKIII,pero poco mas

    • Hola Fernando,

      Cierto es que una obra tan extensa y ambiciosa como ‘100 Balas’ es capaz de eclipsar muchos de los demás trabajos que ha firmado Azzarello, pero rascando un poco se encuentran cosillas interesantes. Dentro de la cabecera de Batman, realizó con Eduardo Risso el arco titulado «Ciudad Oscura». Y la novela gráfica sobre el Joker que creó con Lee Bermejo me pareció una maravilla. Tampoco está mal la que le dedicó a Lex Luthor: Hombre de acero.

      Con Marvel no ha hecho gran cosa. Al menos, nada que yo haya leído y me haya parecido relevante. Y si quieres leer una obra suya bastante diferente a lo que suele escribir, puedes echarle un vistazo a Spaceman, que es una colección de 9 números.

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