‘Flash #1: La infame muerte de los villanos’, gran historia de un Geoff Johns inspirado

Flash

Recuerdo que cuando comencé con el tema de los comics, en esos pequeños y tímidos comienzos, había ciertos personajes que despertaban mi curiosidad pero con los que no terminaba de hacerme con ellos. Uno de esos personajes era Flash, al cual veía como un tío muy chulo que corría mucho, pero poco más. Evidentemente una vez me fui metiendo en el mundillo y adentrándome en el Universo DC el personaje me fue pareciendo más y más importante y ya fui «haciéndome» con él: Jay Garrick, Wally West, Bart Allen… y sobre todo Barry Allen, Flash, dado por muerto desde ‘Crisis en Tierras Infinitas‘ hasta su regreso en ‘Crisis Final‘. Estaba claro que una vez regresado el personaje, con todo su carisma incluído habría que relanzarlo, y el encargado de tal encargo era ni más ni menos que Geoff Johns, el hombre que ya había reconstruido, con éxito, medio universo DC.

Y para ello Geoff Johns repitió el esquema usado con Hal Jordan en ‘Green Lantern‘, primero una miniserie titulada ‘Flash: Rebirth‘ que daría paso, meses después a una colección en principio regular (ya veremos que eso tiene ciertos matices) titulada, simplemente ‘The Flash‘ cuyo primer tomo ha publicado Planeta de Agostini bajo el título de ‘Flash #1: La Infame muerte de los villanos‘ recogiendo los primeros ocho números de la nueva serie así como el especial ‘Flash: Secret Files’, con guión de Johns y dibujo de Francis Manapul (‘Witchblade’) y Scott Kolins, quien ya había trabajado con Johns en la anterior etapa de ‘The Flash’, ‘Los Vengadores’ y ‘Final Crisis: Rogue’s Revenge’.

‘Flash: La Infame Muerte de los Villanos’ (‘The Dastardly Death of the Rogues’) nos sitúa después de ‘La Noche Más Oscura‘ y transcurre paralelamente a los acontecimientos de ‘El Día Más Brillante‘ y nos presenta a Barry Allen intentando regresar a su vida normal. De hecho el tomo comienza con Allen reincorporándose a su anterior trabajo en el Departamento de Policía de Central City. Sin casi darle tiempo a sentarse recibirá el primer caso: ha aparecido un muerto enfundado en el uniforme del Amo de los Espejos. En la escena del crimen Barry detectará la apertura de un portal y se encontrará con un grupo con trajes similares a los de los Villanos que se llaman a sí mismo Los Renegados, un cuerpo policial del siglo XXV que se encargan de borrar los crímenes de la corriente temporal y que han llegado al siglo XXI para detener a Barry Allen por el futuro asesinato del Monarca de los Espejos, miembro de ese grupo.

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Completan este tomo, a parte del ‘Flash Secret Files’ que sirve de introducción y guía al mundillo del personaje, los números 7 y 8 de la serie regular que sirven de puente para la siguiente saga, ‘Road to Flashpoint‘ que, como podréis imaginar, servirá de preludio al evento DC de este año ‘Flashpoint‘. En un principio (cuando vi el tomo en la hoja de novedades de este mes) me pareció algo absurdo llenar tanto un tomo. La verdad es que Planeta de Agostini se merece un tirón de orejas por su política en torno a las series que se publican en tomo ya que, mientras que con la (poca) grapa que publica va todo como un reloj (por así decirlo), en los tomos es todo mucho más aleatorio, no sabiendo exactamente qué te vas a encontrar (y por cuánto te va a salir).

Sin embargo la decisión de incluirlos me parece acertada, o por lo menos a medias. Son dos números bastante atípicos y que no están protagonizados por Flash sino que se tratan de las «biografías» del Capitán Boomerang y el Flash Reverso respectivamente que no tendrían sitio lógico al comienzo del siguiente tomo (que abarcaría con este plan los números 9 a 12, terminando así la colección antes de ‘Flashpoint‘). Estas dos historias, dibujadas por Scott Kolins, cuentan con los retcons propios que necesitaban los personajes para afrontar esta nueva etapa y, además, con un estilo de dibujo similar al de Francis Manapul, lo que ayuda a la sensación de homogeneidad del tomo.

Hablando del dibujo, la verdad es que me parece sencillamente idóneo. Francis Manapul logra realizar un dibujo con un tratamiento bastante interesante y cuyo coloreado suave no hace más sino mejorar lo inmejorable. No conocía al dibujante (o por lo menos creo que no le había visto antes) y me ha sorprendido gratamente. Scott Kolins, por su parte, hace algo que es de agradecer y es que procura que no se note demasiado el cambio de dibujo entre el número 6 (el último de Manapul) y el 7 (el primero suyo) cuyas diferencias son disimuladas por el color aplicado. Eso sí, no es un dibujo clónico, Kolins tiene su estilo propio y se pueden distinguir perfectamente, me refiero al hecho de que no choca demasiado no como con otras series que el cambio de dibujante puede llegar a estropear por completo la homogeneidad requerida en obras unitarias como esta.

Creo que, como todo lo que toca Geoff Johns, esta vez lo ha vuelto a hacer con Flash. Geoff Johns y por extensión la gente de DC tenía un plan para el regreso de Barry Allen y lo estamos viendo en directo. ‘La Infame Muerte de los Villanos’ es un tomo ideal para ponerse al día con un personaje mítico que volvió de la «corriente temporal» hace relativamente poco y que nos llevará al megaevento DC del año. Y en ‘La infame muerte de los villanos’ vemos los primeros pasos: Giros y torsiones temporales, buenos y malos, algo de «CSI: Central City» e incluso paradojas que permiten disfrutar del personaje como en sus mejores momentos. La verdad es que a Johns se le nota bastante inspirado con esta nueva colección, lástima que tras ‘Flashpoint’ esta primera etapa acabe.

FICHA TÉCNICA: Flash nº01: La Infame Muerte de los villanos
* Incluye: The Flash #1-8; Flash Secret Files
* Autores: Geoff Johns, Francis Manapul y Scott Kolins
* Editorial: Planeta de Agostini / DC Comics
* Formato: Rústica // Color // 240 páginas
* Precio: 20 euros
Flash: Infame Muerte de los villanos

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Albertini @Albertini

Cómics, libros y televisión es de lo único que practico diariamente. Si el tiempo me deja, de eso me gusta hablar en todos los sitios donde les convenza de que tengo criterio cuando en realidad no.

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