‘Esclavos del trabajo’ & ‘Obscenidad’, cuando el dibujo no es lo importante

Transitando por diversas etapas; reverenciando a unas filias y renegando de otras; pasando por momentos de crisis absoluta y otros de pasión desaforada…los casi treinta años que servidor lleva coleccionando tebeos y con éstos como su casi única fuente de lecturas —de vez en cuando cae alguna novela, pero son las menos, por falta de tiempo, en comparación con los cientos de volúmenes en viñetas que pasan por mis manos cada año— han servido para asentar una afición que, a día de hoy, ignora valoraciones que antaño parecían inamovibles.

Una de ellas, que me llevó en su momento a no pocas “discusiones” —entiéndanse tales, no como “broncas” sino como diálogos en los que se contienden y alegan razones contra el parecer de alguien— con mi amigo Mario, se sustentaba una defensa del noveno arte como una expresión fundamentalmente visual para rechazar de pleno aquellas propuestas cuyo “dibujo no me entrara por los ojos”. Trascendido afortunadamente hace muchos años y observado con la reflexión que da la madurez, por mucho que dicho argumento tuviera su fundamento en una premisa inequívocamente certera —el cómic es un arte visual— dejaba no obstante de lado valorar en su justa medida la muchas veces titánica tarea de enhebrar un guión que sirva de sustento a la calidad del trazo que lo acompaña.

Un guión que, en no pocas ocasiones —y las dos muestras que os traemos hoy son claro reflejo de ello— supera con mucho lo que el dibujo puede ofrecer y, en el caso de tebeos de autoría completa, no hace sino demostrar que la pulsión por dar salida a una historia personal —como, de nuevo, es el caso de las dos obras que ocupan hoy nuestro tiempo— logra anteponerse a las posibles limitaciones gráficas del artista de turno y provoca que, en última instancia, éste logre poner en viñetas, de forma más o menos afortunada, aquello que ha marcado su existencia con la esperanza de que, al compartirlo, alguien pueda sentirse identificado o sea capaz de extraer valiosas lecciones.

Como digo, ese es el doble caso de ‘Esclavos del trabajo’ y ‘Obscenidad’, dos obras con un doble denominador común —lo personal de su discurso; lo decididamente limitado de su grafismo— que logran superar las barreras que éste impone para conectar enseguida con su potencial público y hacer que nos impliquemos de manera íntima en los relatos hilvanados por sus autoras, tercer punto en común de ambos volúmenes y el que, sinceramente, menos peso arropa dada la universalidad del mensaje que ambas logran construir.

Y si bien Daria Bogdanska y Rokudenashiko, polaca y japonesa respectivamente, nada tienen en común en su forma de abordar cómo plasmar una historia por las muy diferentes fuentes de las que beben —la primera, de una reciente tradición europea; la segunda, del inmenso mar que es el manga nipón— y las radicalmente distintas formas en las que las concretan; no es complicado rastrear ciertos hitos que acercan el relato de denuncia que la primera hace de las condiciones laborales en un país tan avanzado como Suecia, estandarte del bienestar en el viejo mundo; al que cuaja la segunda al utilizar las páginas de ‘Obscenidad’ como exorcismo con el que atacar de frente a las instituciones judiciales japonesas, que la encerraron y juzgaron por el mero hecho de ser tan visionaria como para hacer arte con su “chichi”.

Feista la primera, simple la segunda —arriba tenéis claros ejemplos del arte de ambas—, lo inapetecible de la componente visual de ‘Esclavos del trabajo’ o lo naïf de ‘Obscenidad’ quedan ampliamente superados por la pasión que ambas ponen en hacer de sus vivencias algo que pueda resonar en cabezas ajenas. Y si dicha cualidad es notable en lo que Bogdanska lleva a cabo en la primera, lo es aún más en lo que Rokudenashiko hace en un volumen con una doble voluntad que une a la denuncia un personalidad pedagógica sobresaliente: consciente de que su mensaje está repleto de localismos completamente ininteligibles fuera de las fronteras de Japón, Megumi Igarashi —el nombre real de la mangaka— alterna la exposición de los hechos plagada de explicaciones, con dobles páginas que se detienen a exponer, con texto, ciertas idiosincrasias de la cultura nipona.

El resultado, como digo, brilla algo por encima de lo que consigue la dibujante y músico polaca, pero eso no quita para que, si de las dos de manera indistinta tuviéramos que hablar, lo hiciéramos, primero, bajo la firme convicción de lo muy recomendable —y hasta necesario— que resulta la lectura de cualquiera de ellas dos y, segundo, con el ánimo puesto en felicitar a Astiberri por seguir sorprendiéndonos mes a mes merced a todo tipo de lecturas tan variadas como estimulantes.

Esclavos del trabajo

  • Autores: Daria Bogdanska
  • Editorial: Astiberri
  • Encuadernación: Rústica con solapas
  • Páginas: 200 páginas
  • Precio: 17,10 euros en Amazon

Obscenidad

  • Autores: Rokudenashiko
  • Editorial: Astiberri
  • Encuadernación: Rústica con solapas
  • Páginas: 184 páginas
  • Precio: 15,20 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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