‘Erekosë: Espadas del cielo, flores del infierno’, un Chaykin descomunal

Arranque de abuelete: corrían, si mal no recuerdo, los últimos años de los 80 o primeros de los 90 cuando el rol comenzó a ponerse muy de moda en según qué círculos —círculos que servidor frecuentaba, claro, que lo de ser «friki» era algo que desde la cuna…— y, claro, si ya molaba ser jugador y meterte en la piel de alguno de los personajes de ‘El señor de los anillos‘, de un investigador rodeado de primigenios lovecraftianos o de un piloto de una galaxia muy, muy lejana…mucho más el ser máster de algún título de los que Joc Internacional sacaba por aquellos entonces. Y aunque hubiera podido tirar por cualquiera de los tres citados anteriormente, hubo algo en aquél personaje pálido que esgrimía una espada y en el nombre que lucía el libro que hizo que ‘Stormbringer’ fuera el juego en el que invirtiera muchas horas de mi pretérita adolescencia preparando escenarios y aventuras con las que intentar hacérselo pasar canutas genial a mis compañeros de tardes roleras.

Curiosamente, ignorando mi acusada inclinación a la lectura, el juego de Joc nunca llegó a suscitar mi curiosidad lo suficiente como para querer acercarme a la obra de Michael Moorcock y no ha sido hasta este año, tres décadas más tarde, que el que esto suscribe ha empezado a dar cuenta, ya de un par de los libros de la saga de Elric de Melniboné, ya de la fantástica y ¿truncada? adaptación de la que Yermo ha publicado los tres únicos álbumes disponibles, ya, obviamente, de este ‘Erekosë: Espadas del cielo, flores del infierno‘ que, al margen de resultarme todo un descubrimiento desde el punto de vista gráfico por toparme con un Howard Chaykin completamente desconocido, ha incrementado las ganas de hincarle el diente a más obras del literato británico debido a que desconocía que todos los héroes de sus novelas —bueno, quizá no todos, pero sí los más relevantes como el Ulrik Skarsol con rostro de Burt Lancaster que es protagonista del volumen que hoy nos ocupa— son encarnaciones de la figura del Campeón Eterno.

Lo que esa idea estimula la imaginación y lo que suscita buscar detalles aquí y allá en la bibliografía de Moorcock supera con mucho a que esta adaptación que Chaykin hizo a finales de los 70 peque de algo confusa y atribulada en muchos de sus pasajes —algo claramente atribuible, quiero pensar, al cambio de medio—. Eso sí, lo que el artista no cubre desde el punto de vista narrativo lo supera con creces con unas planchas que parecieran diseñadas ex-profeso para provocar gestos de admiración: si vuestras referencias de Chaykin eran, como las mías, títulos como el ‘Black Kiss’, ‘American Flagg‘ o alguna de sus incursiones en el Universo Marvel, id olvidándoos ya de ese trazo sucio y enérgico —presente aquí, cuidado— porque lo que podremos encontrar en estas páginas es un tebeo completamente pintado en el que el estadounidense echa el resto a la hora de componer ilustraciones que, exentas de texto, puedan servir como asombrosos carteles de fantasía heróica. Huelga decir que si tanto si sois admiradores de Moorcock, como si lo vuestro es el género en el que se enmarcan estas alucinantes 80 páginas, haceos ya con una copia de ‘Erekosë: Espadas del cielo, flores del infierno’ y ya me contaréis si habéis alucinado con su dibujo hasta los mismos extremos que servidor.

Erekosë: Espadas del cielo, flores del infierno

  • Autores: Michael Moorcock y Howard Chaykin
  • Editorial: Yermo Ediciones
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 80 páginas
  • Precio: 18 euros

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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