‘El vecino. Orígenes’, GRANDE

Con la miniserie de Netflix fresca tras haber terminado de verla hace pocos días, y dado que en las últimas semanas cualquier comentario sobre ‘El vecino‘ ha venido precedido por impresiones acerca del trabajo que que la plataforma de VOD ha llevado a cabo adaptando el tebeo de Santiago García y Pepo Pérez, me vais a permitir que a lo largo de esta reseña de la nueva y soberbia edición que ha hecho Astiberri de tan magnífico y sobresaliente proyecto, mezcle la valoración de lo que atañe de manera estricta a la página impresa con sucintas sensaciones en relación a una adaptación que, a mi parecer, ha rayado levemente la superficie de lo que plantea el relato de García y Pérez ofreciendo una comedia muy «española» con todo lo bueno—poco—, y malo—bastante—, que ello implica.

Cuando ‘El vecino’ aparece por primera vez de la mano de la editorial bilbaína en el primer lustro de este siglo, el panorama del tebeo español dista mucho del que conocemos actualmente: la edad de oro en la que estamos inmersos todavía no ha eclosionado y el noveno arte en España se sigue asociando, a nivel de público general, con los tebeos de Bruguera. Una asociación que para 2004, momento en el que aparecen el primer volumen de ‘El vecino’ junto con títulos como el ‘Píldoras Azules‘ de Frederik Peeters, ‘El faro‘ de Paco Roca o el ‘Blankets’ de Craig Thompson, comienza a mutar hacia el paradigma que, tres años más tarde, encontrará en ‘Arrugas‘ la base sobre la que cimentar el sustancial salto hacia la «madurez» del arte secuencial patrio en el que hoy nos encontramos plenamente inmersos —cabría aquí apostillar que todos los que leíamos tebeos desde muchísimo antes sabíamos de la falacia sensacionalista que esa afirmación supone y lo mucho que ignora los ímprobos esfuerzos por dignificar el medio de los artistas que, bajo el auspicio de los años 60, explotaron con toda su fuerza tras la transición…pero así suele escribirse la historia—.

Querrán los hados que, casualidad o no, ese mismo 2007 sea el año en que también vea la luz el segundo volumen de ‘El vecino’ y, como dice Santiago García en esa espléndida exégesis a modo de epílogo que cierra el volumen que hoy nos ocupa, soy de los que se inclinan a contemplar esta primera dupla de las aventuras de Titán como un laboratorio que, en manos de dos alquimistas perfectos conocedores del medio, supo ensayar de forma anticipada y con resultados asombrosos lo que estaba por sobrevenir. En ese ensayo, la voluntad de García y Pérez será la de caracterizar cada entrega de ‘El vecino’ con una personalidad completamente diferente bajo la clara pretensión de coger desprevenidos a los lectores que a él nos acerquemos, y a fe mía que lo consiguen: con tonalidades de comedia agridulce en el primero, tintes de drama en el segundo y una personalidad a caballo entre ambas en el tercero, lo que queda claro acerca de esta historia del superhéroe imaginado por ambos artistas es que lo que aquí podemos encontrar se aleja raudo de amoldarse a los constreñidos patrones del género que llegan de allende el océano, y, como después pasará con ‘¡García!’, la elocuencia que aquí exudan las páginas, trastocando moldes, rompiendo esquemas y subvertiendo expectativas hacen de ‘El vecino’ todo un descubrimiento.

Suponiendo que los responsables de la serie de Netflix hayan buscado algo similar con la primera temporada de la serie —y aquí habría que saber cómo depurar responsabilidades entre sus dos showrunners y la pareja de guionistas que redacta los libretos— , y que la cómica personalidad de la misma sea algo que irá variando en futuras potenciales incursiones en el microcosmos de Javier, José Ramón y Lola, lo que queda claro viéndola y asistiendo al humor algo bochornoso y excesivamente castizo que derrochan sus ocho episodios es que no se ha entendido lo que García y Pérez plantean en un tebeo cuya pretensión huye rauda de localismos —aunque se desarrolle en un entorno tan local como el barrio en el que tienen lugar todos los acontecimientos— y aspira a una universalidad que, desafortunadamente, queda tapada en la versión en imagen real.

Uno de los elementos de mayor disfuncionalidad de ésta es, paradójicamente, una de las mayores y más sólidas virtudes de las viñetas: sus personajes. Caricaturas exageradas en las manos de Quim Gutiérrez, Clara Lago y Adrián Pino, la tridimensionalidad y cercanía que transmiten los actores en manos de sus autores originales queda transmutada en unos muñecos algo ridículos que rayan en la estupidez ora sí, ora también; y eso, considerando la solidez, no ya de los tres protagonistas, sino del plantel de secundarios de lujo que se pasean por las viñetas, es un delito imperdonable que, no obstante, si para algo sirve es para valorar aún más el enorme tebeo del que dimanan. Porque ‘El vecino’, con sus disquisiciones al margen, sus muchas reflexiones sobre la sociedad y el individuo, sus acotaciones acerca de asuntos como la indigencia —al parecer, una pesadilla personal de García— y las asombrosas sinergias que destila entre ese disfuncional héroe que es Javier, ese opositor puntualmente frustrado y constantemente inseguro que es José Ramón y esa veleta llamada Lola que no sabe muy bien qué quiere en lo personal y que se arrima al árbol que más la cobija, se gana al lector desde la primera página porque ellos y todo lo que les rodea exuda VERDAD y HONESTIDAD, algo que elude constantemente a los caracteres de la versión Netflix.

Dejando ésta a un lado, no podemos abandonar la barriada en la que se mueve ‘El vecino’ sin departir sobre las espectaculares y variadas planchas que sirven de púlpito a Pepo Pérez para pontificar sobre cómo narrar. Tal es la calidad y claridad de su narrativa, que saltaré por alto el talento que el malagueño derrocha en los dos primeros volúmenes en lo que a tratamiento de color se refiere y volcaré estas breves líneas en intentar transmitir el asombro que en mi yo de hace una década despertó el tercer volumen: remontado para la ocasión en una estructura de 16 viñetas (4×4) en lugar de la de 9 con la que originalmente apareció en 2009, la versatilidad que demuestran las unidades narrativas de Pérez queda tan fuera de duda como el hecho de que pasear la mirada por la retícula inquebrantada a la que se acomodan e ir dando cuenta de cómo se resuelven las diferentes situaciones que va planteando el guión es un ejercicio en el que la maravilla se da la mano con la admiración y una muy sana envidia, la que se deriva de saber que lo que estamos leyendo no está al alcance del común de los mortales.

Sólo resta un pequeño apunte para terminar: apremiar en lo posible al andaluz para que finalice cuanto antes las páginas que le resten para dar cierre al cuarto volumen de ‘El vecino’ e imprimir con vehemencia en Astiberri la urgencia de dar salida inmediata a tan esperadísimo tebeo en cuanto obre en su poder. Llevamos ya demasiado tiempo esperando…

El vecino. Orígenes

  • Autores: Santiago García y Pepo Pérez
  • Editorial: Astiberri
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 248 páginas
  • Precio: 28,50 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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