‘El vals del gulag’, más alto, imposible

Quizás lo más honesto, para no llevar a engaño a nadie acerca de lo que se va a ir desarrollando en las líneas que encontraréis a continuación, sería comenzar afirmando que, en lo que a autores predilectos del que esto suscribe, Rubén Pellejero está muy, muy arriba, no ya en una hipotética clasificación de los autores patrios, sino en un ranking que intentara discernir —tarea titánica, por otra parte— quiénes son los nombres de este mundillo por los que pierdo la «razón», esos de los que me declaro incondicional y que, ya pueden dibujar con la mano equivocada, que rara vez no me parecerá maná divino lo que plasman en viñetas.

Tras este disclaimer que grita ¡SUBJETIVIDAD! por los cuatro costados —¿qué esperabáis? ¿Acaso no he defendido siempre a ultranza lo subjetivo como única máxima en la apreciación del arte?—, no sé muy bien cómo continuar una entrada en la que todo lo que vaya a afirmar ya queda enmarcado dentro del ámbito de suma grandeza bajo el que subyace la totalidad de la producción de un artista con una sensibilidad sublime. Una sensibilidad que siempre parece haber sabido de la mano de qué guionistas debía asirse y cuáles eran los escritores que mejor iban a entender los valores que se podían llegar a plasmar bajo su personal y muy reconocible estilo.

Y es que, quizás por casualidad, acaso porque es poseedor de un tino infalible a la hora de elegir los proyectos en los que se embarca, no hay ni un sólo título de Rubén Pellejero que no toque alguna fibra sensible de lector de una manera u otra: da igual que estemos hablando de la variedad de ‘Cromáticas’, de lo vibrante de las aventuras de ‘Dieter Lumpen’ o lo singular de ‘Lobo de lluvia’; ya lo hagamos de lo por momentos sobrecogedor de ‘En carne viva’, de la desbordante simpatía y optimismo de ‘El largo y tortuoso camino’ o de la poesía que impregna las páginas de ‘El silencio de Malka’, ‘Un poco de humo azul’ o, por supuesto, este ‘El vals del gulag’…todas y cada una de las obras de nuestro insigne autor son dignas de un lugar de preeminencia en cualquier tebeoteca que se precie.

Publicada, como ya pasara con ‘Un poco de humo azul’ —de la que pudimos hablar el año pasado—, por la extinta Glénat y re-editada ahora por Astiberri, el hecho de que ‘El vals del gulag’ venga igualmente firmada por Denis Lapière, y el que su acción se sitúe en una Rusia que guarda obvias concomitancias con la Europa del este en la que se enclavaba aquélla, hace de ambos álbumes perfectos complementos el uno del otro. Es más, quizás podríamos dar un paso más allá y calificarlos como dos partes de un mismo todo que, orbitando en torno a similares temas, se complementan tan a la perfección que se antojan el uno parte indivisible del otro.

Tratando pues de escindir la natural atracción que se genera entre los dos tebeos y centrando nuestra atención de manera exclusiva en ‘El vals del gulag’, hay que dejarse maravillar ante la capacidad de Lapière de construir en tan limitado número de páginas un microcosmos tan creíble y tangible, tan lleno de vida y con personajes tan sumamente cercanos, que el trabajo de hacerles un huequito en nuestros corazones a las pocas viñetas es tan nimio como necesario. Sólo así permitiremos que la alternancia entre crudeza y candor que con tanta sapiencia maneja el guionista francés haga su trabajo a placer y sólo así abriremos la puerta a que, en su aleación con el trabajo de Pellejero, esta lectura nos arrebate desde la primera a la última viñeta.

Y termino, como empecé, cerrando un pequeño círculo al tener que referirme al dibujante y no poder hacerlo sin que la mano me tiemble, el pulso se me dispare y la emoción acerca de la sin par belleza que destilan sus planchas haga mella en mi discurso: si hay un directo responsable de que ‘El vals del gulag’ sea capaz de imprimir lo que imprime en el lector, ese es Pellejero. Así de claro y contundente. Sin la honestidad de su trazo, sin su manejo del color, sin su dominio sobre la caracterización con cuatro líneas, sin su control sobre el tempo…en definitiva, sin él, este no habría pasado de ser un tebeo «bonito». Gracias a él, de lo que estamos hablando es de una obra maestra sin paliativos. Así de claro. Así de contundente.

El vals del gulag

  • Autores: Denis Lapière y Rubén Pellejero
  • Editorial: Astiberri
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 72 páginas
  • Precio: 17,10 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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