‘El solar’, la España del tebeo

El solar

Durante el transcurso de este 2017 se cumplirán 25 años de aquel momento de 1992 en que servidor decidió que coleccionar tebeos iba a ser algo a lo que se dedicaría a partir de entonces de forma seria. Atrás iban a quedar los muchos años de la infancia en los que los devaneos con las viñetas fueron constantes pero nunca firmes, y en los que este redactor consumió con avidez las aventuras completas de Tintín, muchos de los álbumes de Astérix que hasta entonces habían sido publicados y, con mínimos contactos con el cómic de superhéroes, toneladas de tebeos españoles en los muchos Super Humor que llegaron a pasar por mis manos. ¿Que por qué traigo esta pequeña digresión a colación? Sencillo, porque en las páginas de ‘El solar’ me he podido reencontrar con uno de esos personajes de mi infancia, el siempre voraz Carpanta, aquel reflejo de la España de la posguerra que nunca era capaz de saciar su hambre y con el que Escobar daba ostias con la mano abierta al régimen a partir del úndecimo año triunfal del Glorioso Alzamiento que desembocaría en la Guerra Civil.

No resulta casual pues que Alfonso López sitúe el arranque de la acción de este MAGNÍFICO trabajo justo en ese año de 1947 y que, tras un prólogo referido de forma directa al título de su criatura, nos presente a un tal Pepe Gazuza, un ingenioso personaje de nariz alargada que, poco a poco, iremos reconociendo como la genial creación de Escobar. En ese poco a poco, y bajo una personalidad que remite de forma directa —entre otros— al mordaz y elocuente ingenio del Berlanga de ‘Plácido’, López va desplegando una historia en la que se entrecruzan diversos personajes de la más variada índole. Entre ellos, el poco entrenado ojo del que esto suscribe —y supongo de aquél que no se haya criado con un TBO bajo el brazo— también reconoció a otra de las invenciones de Escobar, la sufrida Petra, esa chacha para todo que, de la misma forma que Carpanta, será fiel reflejo de la España del hambre y la miseria.

Sin poder afirmar a ciencia cierta si ‘El solar’ cuenta con algún otro «cameo» más procedente de la historia del tebeo patrio, y dejando de lado la sensacional construcción del relato de intrigas que sirve de hilo conductor a las muchas puyas que Alfonso López lanza aquí y allá contra aquellas décadas que supusieron un retraso monumental en el avance del que una vez fuera el imperio en el que no se ponía el sol, resulta obvio que este espléndido y soberbio trabajo de nuestro compatriota es al mismo tiempo homenaje sentido a Escobar y a toda la hueste de autores que malvivieron contando historietas en los años del régimen y una suerte de precuela que nos acerca a los posibles y plausibles comienzos de dos de los personajes más relevantes del tebeo español. Un homenaje que el artista rubrica con un estilo suelto y tremendamente caricaturesco que no hace sino aumentar la sensación de cinismo «berlangiano» que arropa a las 112 páginas y que, aún así, no es capaz de borrar el soterrado tono de amarga resignación que se oculta tras la pátina de entretenimiento y diversión que en primera instancia dimana de la lectura. Un tono éste que recoge el sentir de toda una generación que vivió bajo la alargada sombra del generalísimo —atención a la hilarante aparición del tipejo que sometió a una nación bajo su yugo— y que, por supuesto, sirve de homenaje a nuestros abuelos y padres, esos que vivieron con atronador silencio en una España que, esperemos, podamos olvidar algún día.

El solar

  • Autores: Alfonso López
  • Editorial: La Cúpula
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 112 páginas
  • Precio: 17,96 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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