El Rock y Yo, una colección de chistes malos

El rock y yoJoe Sacco tiene en Palestina su mejor obra. Escondido tras un estilo caricaturesco y algo egocéntrico, el periodista conseguía sacar a la luz la realidad compleja de un problema que no tiene visos de resolverse. Se notaba que era una obra madura y sentida, pero también un cómic con una intensa voz propia.

Sin embargo, a El rock y yo le falta todo aquello. Se conforma con ser una sucesión de chistes sobre las andanzas de Joe Sacco junto a una banda rock en plena gira europea. Quiere, con historias muy cortas, lograr algo similar a lo que consiguió This Is Spinal Tap. Pero no lllega ni de lejos a nada parecido.

La mayoría de las veces, las gracias se quedan sin fuelle antes de llegar a la meta. Muchas otras no pasan de simples bromas privadas, como esos chistes que nos contamos con nuestros amigos y nos repetimos una y otra vez, pero que no sólo no funcionan fuera del círculo más íntimo, sino que te suelen dejar vendido, tratando de explicar ante extraños que sí, que aquello es po lo que lleváis cinco horas sin parar de reír.

El rock y yo tiene aspecto de broma, pero a Sacco le sale el tono de periodista. Y no hay nada más triste que un chiste narrado como noticia (salvo que tenga comentarios, como en Menéame). La desconexión general de tono entre lo que se cuenta y cómo se narra, lo tópico de muchas de las situaciones y lo ligero de todo el cómic (ni chicha ni limoná) acaban por desterrar a El rock y yo al ámbito de las obras (muy) menores.

Sacco es capaz de mucho más que esto, pero todos tenemos pecados de jóvenes. Es más, el aprendizaje se basa precisamente en ir buscando lo bueno de entre nuestros errores. Y en un par de páginas Sacco consigue sacar su verdadero potencial. Escaso bagaje, desde luego, para hacerse con esta obra.

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Roberto Jimenez @fancueva

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