‘El Ministerio del Tiempo vol. 1: Tiempo al tiempo’, presentando a Salvador Martí

Podemos adorar ‘El Ministerio del Tiempo’, o podemos llegar a firmar críticas que inician agrias polémicas con el mismísimo Javier ‘The Showrunner’ Olivares, pero lo que tenemos claro los editores de Fancueva es que esta serie ha marcado un hito en la producción patria. Un potente movimiento fan surgido de forma más o menos espontánea (bien alimentado por cauces oficiales, eso sí), ciencia ficción fantástica tomada en serio, e incluso acusaciones de plagio desde este lado del charco hacia grandes productoras americanas (Albertini calienta en la banda).

Ahora que se acaba de emitir la primera parte de una tercera temporada, retrasada, casi dada por perdida y que existe gracias a la entrada de Netflix en el proyecto (cambio de reglas mediante), echamos un vistazo a uno de los productos surgidos para alimentar el ansia fan. Se trata del primer volumen del comic basado en la serie, y que publica Aleta.

El malagueño El Torres (‘El Bosque de los Suicidas’, ‘El Fantasma de Gaudí’, y sí, ‘Virtual Hero’) y Desiree Bressend (autora transmedia que ha participado en diversos proyectos para televisión, medios online y literarios) firman un guión que (per)sigue a la figura del subsecretario Martí a lo largo de diversas épocas de cambio, tanto en la sociedad española como en el propio Ministerio del Tiempo.

Vemos así cómo es reclutado, en plena Transición, presenciando el conflicto por la difícil relación con un predecesor en el cargo. Dos acercamientos muy enfrentados, por la necesidad de años en los que el Ministerio trabajó casi de forma clandestina bajo la Dictadura. Todo ello mientras la patrulla lucha contra el reloj, como en cualquier episodio de la serie, para mantener la historia en su, digamos, versión oficial. Y en este caso es personal, porque han atentado contra el propio Martí.

Los lápices los controla Jaime Martínez, y Sandra Molina y Alejandro García Cutillas le dan color. La estética seguida es muy fiel a la serie, respetando no sólo las líneas de vestuario, sino que además han conseguido plasmar a los protagonistas televisivos a la perfección. Esto un incluye a un rejuvenecido Jaime Blanch en el papel del inexperto pero solvente Martí bajando por primera vez por el pozo del Ministerio.

La aventura a la que se enfrenta la patrulla, en realidad, pasa a un segundo plano y sirve sobre todo para conocer un poco más el Ministerio y la figura y motivaciones de Martí. Se siembra la semilla de una desaprovechada nueva patrulla, exclusiva del cómic y a las órdenes de Ambrosio de Spinola, con la esperanza de que tengan más presencia en futuras entregas.

Está dirigida de forma clara a los ministéricos (entre los que seguro se cuentan sus autores), más que a la posible caza de nuevos fans. Es decir, que dudo mucho que me equivoque, pero si has llegado hasta aquí está pensado para ti.

El Ministerio del Tiempo vol. 1: Tiempo al tiempo

  • Autores: El Torres, Desiree Bressend, Jaime Martínez, Sandra Molina y Alejandro García Cutillas
  • Editorial: Aleta
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 112 páginas
  • Precio: 17,10 euros en Amazon

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Alkar @bidorto

Vivo en las afueras de Málaga. El tiempo que me deja libre mi trabajo como analista acústico me gusta dedicarlo a la subcultura. No recuerdo cuando empecé a leer cómics pero por casa, en Jerez, siempre hubo tomos de Asterix y grapas de Mortadelo. Lo que realmente me abrió a la cultura alternativa fue una partida de Star Wars d6. Al poco estaba en la reunión inaugural del Club Dragom, en Jerez. Gracias a este grupo montamos varias jornadas y pude probar de todo: MERP, Rolemaster, Ragnarok, Runequest, AD&D, La Llamada de Cthulhu, Cyberpunk, Vampiro, Lobo, Mago, Fanhunter, Shadowrun, Mutantes en la sombra, Magic, Battletech, Mechwarrior, Warhammer… hasta ¡Niños!, El Juego de Rol de los Niños de Goma. En esa época me volví irremediablemente Tolkiendili, y adicto a la literatura épica y fantástica. Poco antes de mudarme a Málaga me presentaron a Pratchett, y comenzó la caza de ejemplares descatalogados en ferias de ocasión. Increíblemente, encontré a una malagueña que, sin ser rolera, comparte muchos de mis gustos y hace chistes sobre la Patrulla X. Aceptó casarse conmigo, aunque no me dejó cortar la tarta con Nársil. “Mola, pero es un muy grande. Quizás un sable de luz…”

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