‘El asesino que se merece. El fin de la inocencia’, experimento sociológico

El asesino que se merece

Es empezar a leerla y apercibirse de las que creo no son casuales concomitancias entre la premisa de partida que Wilfrid Lupano utiliza para poner en pie los dos álbumes que conforman este primer volumen de ‘El asesino que se merece’ y aquella que John Landis ponía en movimiento en la hilarante ‘Entre pillos anda el juego’; una premisa que el cineasta extraía a su vez de las dos claras fuentes que constituyen ‘El principe y el mendigo’ de Mark Twain y ‘Las bodas de Fígaro’ de Mozart y que, en el caso del volumen publicado por Yermo, nos traslada a la Viena de 1900, un lugar en el que dos aristócratas hacen una apuesta en la que se juegan el que uno de ellos será capaz de modelar a un joven para convertirlo en un criminal, en el asesino que la sociedad de aquél tiempo, convulsa y en constante movimiento, se merece.

Pero allí donde Landis y Twain optaban sobre todo por la comedia de confusión, Lupano —del que decíamos hace el pasado martes que es uno de los guionistas más a tener en cuenta en el panorama francobelga actual— se inclina hacia el drama de tintes trágicos exento de cualquier referencia a la posibilidad de que el relato adquiera una vertiente más ligera, una cualidad ésta que por momentos convierte al cómic en un ente demasiado profuso, cargando el guionista las tintas en intentar trasladar de la forma más veraz posible las diferentes voces que conformaban los muy estructurados estratos sociales de la sociedad vienesa de principios del s.XX. Tal anhelo se materializa de forma desigual desde el momento en que los diálogos puestos en boca de las clases altas y los aristócratas lastran una lectura que, si no fuera por ellos, hubiera mantenido un mejor ritmo.

Deteniéndose pues en los solemnes soliloquios de algunos de los personajes que conforman el muy variado reparto de ‘El asesino que se merece’, el devenir de la lectura se trastoca en no pocos instantes en un ejercicio complicado y poco apetecible al que, desafortunadamente, no ayuda en exceso el trabajo de Yannick Corboz, un artista que —al menos al que esto suscribe— recuerda poderosamente a Igor Kordey, el dibujante croata de trazo desgarbado y sucio y narrativa algo confusa del que, por ejemplo, Grant Morrison echó mucha mano durante su imprescindible etapa a bordo de los ‘New X-Men’: algo menos suelto que Kordey y con influencias que también recogen apuntes a Regis Loisel, se nota a lo largo de la lectura una clara evolución en lo que a contención del trazo grueso se refiere entre el primer y el segundo de los álbumes que se recogen aquí; pero aún así, las planchas de Corboz no logran, como decía, desprendernos de la sensación de que estamos ante un tebeo que podía llegar a haber dado mucho más de sí.

El asesino que se merece. El fin de la inocencia

  • Autores: Wilfrid Lupano y Yannick Corboz
  • Editorial: Yermo
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 112 páginas
  • Precio: 23,75 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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