‘El Asco’, o cuando Morrison nos hizo perder la cabeza


No será esta la primera vez que una de las obras más personales del guionista Grant Morrison recibe una relectura por parte de este humilde reseñador. Muchos son los títulos del escocés que nos ha dejado con el cerebro partido por la mitad, relatos que exigen bastante al lector y que, aún así, no asegura que se pueda asumir todo el caudal de ideas generada por el escritor. Este ‘El Asco’ forma parte de este grupo, un título que mejor afrontar con tranquilidad y sosiego, disfrutar sorbo a sorbo, sin atragantamientos neuronales ya que una indigestión de este tipo de material puede llevar a diferencias irreconciliables con el bueno de Grant. Una maxiserie compuesta por trece entregas en las que se aglutina todo tipo de ideas imposibles, inquietantes y nunca vistas en otro comic. Estamos ante una de las obras más arriesgadas de Morrison, un dato que habría que saber valorar en su justa medida si atendemos a la producción de toda su carrera.

Flaco favor le haríamos a ‘El Asco’ si intentamos clasificarla o ponerle algún tipo de etiqueta ya que desde su planteamiento inicial hasta su desenlace, pasando por su desarrollo, nos encontramos ante un monstruo inabarcable. A ver, intentémoslo por lo menos. Greg Feely es sustituido por un doble que, a primera vista, resulta idéntico a él. El primero de ellos, cuyo nombre verdadero es Edward Slade, volverá a ejercer de agente para misiones peligrosas (llamadas operaciones de limpieza) bajo la atenta mirada de La Mano. Poco a poco irá asumiendo esta nueva situación y también conocerá todo tipo de realidades y supuestas verdades que antes pasaban inadvertidas. Las “personas-antipersonas” no pararán de idear mil y una amenazas para poner en peligro a la humanidad, algo que tendrá que afrontar Slade en solitario o con otros compañeros de igual calado psicodélico.

Una obra que se aleja bastante de lo que podríamos llamar la zona de confort del guionista, una franja en la que se incluirían series como “Animal Man”, “La Patrulla Condenada”, “Batman”, “Action Comics” o “52”. Aquí estamos hablando de planteamientos como los de “Los Invisibles”, el otro gran título de Morrison que nos dejará sin aliento tras su lectura (y posteriores relecturas). Una vez que admitamos las reglas del juego impuestas por el guionista, podremos dejarnos llevar por todo el torrente creativo que supura de cada una de las páginas del grueso volumen, ideas tan estrambóticas como paranoicas, desconcierto, metalenguaje y psicotrópicos a partes iguales. Demuestra el escocés una ambición sin límites en “El Asco”, no se corta lo más mínimo a la hora de mostrar todo lo que se le pasa por la cabeza, haciendo que el lector se sienta incomodo y completamente desubicado, absorbido por una trama que, por momentos, no sabemos muy bien hacia donde se mueve. Para terminar de coronar la obra, tenemos a los lápices a un Chris Weston cuyo estilo detallista y recargado no puede ser más adecuado para el tono del guión, un ilustrador “made in Vertigo” cuyo despliegue gráfico contribuye bastante a que nos sintamos aún más abrumados ante lo que tenemos por delante. Efectivamente, es una lectura que no dejará indiferente a nadie, no hay término medio y, lo más recomendable es que cada uno saque sus propias conclusiones. Si es que eso es posible.
[Grade — ¿10.00?]

El Asco

  • Autores: Grant Morrison y Chris Weston
  • Editorial: ECC Ediciones
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 352
  • Precio: 32,50 euros

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Mario de Olivera @fancueva

No sé si el médico que ayudó a mi madre a traerme al mundo me dio un cate en el culo o directamente me arrimó un Spiderman. Lo que sí tengo claro es que desde que tengo uso de razón siempre he tenido un tebeo entre las manos. Por el camino se fueron añadiendo más aficiones que me convierten en un devorador de series, películas y algún que otro libro. Jugador “devezencuandero” a lo que me pongan por delante, siempre y cuando medie el machacamiento de zombies o de ejércitos plagados de magos y orcos, intento estar siempre liado con cualquier actividad lúdico-frikoidal que haga mi existencia sevillana algo más agradable y entretenida. Oh yeah!

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