‘Drácula de Bram Stoker’, legendario

Durante mucho tiempo, la versión de ‘Drácula’ que dirigió Francis Ford Coppola en 1992 fue mi película favorita de ese año sólo por detrás de ‘Sin perdón’ y a la par con ‘Reservoir Dogs’. Fascinado como quedé con la elegante y ecléctica realización del autor de ‘El padrino’; resulta como poco irónico que, cuando al cabo de los años me encontré por primera vez con la adaptación dibujada por Mike Mignola en la edición que publicaba, casi de manera simultánea al estreno del filme, los Libros de Co y Co —una división del Grupo Zeta—, tuviera la suerte de adquirirla a un precio irrisorio en una tienda de segunda mano de mi localidad natal; la devorara con el interés propio de alguien que esperaba encontrar en aquellas páginas sensaciones similares a las que había hallado en la oscuridad de la sala de cine y me topara con una realidad muy diferente que me llevaría, loco de mi, a regalar el volumen a un amigo muy fan del dibujante sin saber que, con los años, aquella edición se revalorizaría sobremanera.

Saltemos ahora unos veinticuatro o veinticinco años en el tiempo y alegrémonos de la oportunidad que IDW ha brindado a Norma para hacerse con los derechos de publicación en castellano de esta nueva edición de ‘Drácula de Bram Stoker’ que la empresa estadounidense anunciaba a bombo y platillo el pasado 2018. Un anuncio que todavía tenemos que ver completado por cuanto, si no recuerdo mal, se suponía que iba a haber una segunda edición a todo color, pero que, fuera como fuera, servía para despertar mi curiosidad con una pregunta sobre otras cuestiones: ¿habrían supuesto estos cinco lustros una distancia suficiente para cambiar mis apreciaciones sobre la forma en que Roy Thomas y Mike Mignola interpretaban el guión de James V.Hart y las imágenes capturadas por Coppola? La respuesta es, con matices, un desafortunado no.

¿Qué matices son esos? Quizás para empezar habría que aclarar que, aún habiéndome declarado firme admirador suyo durante muchos años, el tiempo, y buena parte de las historias de Hellboy, se encargaron de erosionar mi pasión por la forma de narrar —que no de dibujar— de Mignola, un artista con un sentido de la estética bellísimo y fascinante pero con una narrativa tan confusa que, llegado el momento del final de las aventuras del demonio de la mano de piedra, me las vi y me las deseé para desentrañar la forma en la que discurrían los hechos. Bien es cierto que aquí estamos hablando de un Mignola mucho más primitivo que, aún siendo plenamente reconocible en su trazo, intenta aproximar su lenguaje a ciertos dictados cinematográficos que provoquen la inmediata identificación de viñeta con fotograma sin, cuidado, caer en la burda copia de los mismos.

Moviéndose así en una finísima línea, la edad, el tiempo y el hecho de haber leído en estas dos largas décadas miles de títulos de la más variopinta índole, son el apoyo más que sólido para, admitiendo que aún quedan rescoldos de esa lejana fascinación por el artista —esos matices de los que hablaba antes—, claudicar ante la evidencia de que estas páginas no ofrecen nada que no pueda encontrarse en la película. De hecho, por mera característica de un medio y otro, el no contar con la música de Wojciech Kilar, con el fascinante diseño sonoro que imprimió Coppola al filme y por otras tantas razones derivadas del constante esfuerzo que hay que hacer para evitar comparar lo que se está leyendo con lo que está grabado a fuego en la memoria visual, que el cómic palidece en comparación con la producción de Columbia es tan cierto como que, y me repito, al ser prácticamente un calco de la misma, su interés es, cuanto menos, limitado.

Drácula de Bram Stoker

  • Autores: Roy Thomas y Mike Mignola
  • Editorial: Norma Editorial
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 136 páginas
  • Precio: 23,70 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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