‘¿Dónde quedaron los buenos tiempos?’, sueños imposibles

A punto de cumplir 42 años, pertenezco de pleno a la misma generación que los personajes que Jim, el hábil guionista que ya nos conquistó hace años con la naturalidad que exudaban los protagonistas de ‘Pequeños eclipses’, imagina para ‘¿Dónde quedaron los buenos tiempos?’. Pero dicha coincidencia podría ser una mera circunstancia y que los derroteros por los que discurre esta historia de personas normales a las que les pasan cosas normales y alguna que otra extraordinaria, se apartaran de la identificación que el lector que naciera a mediados de los setenta podría tener de forma natural con ellos. No ha sido así en el caso de este redactor, y las muy personales resonancias que ciertos instantes de la narración llegan a alcanzar con experiencias propias consiguen convertir a este extraordinaria lectura en algo más que un mero tebeo.

Quizás de entre todos esos momentos en los que la identificación personaje-lector alcanza mayor intensidad —al margen de cada ocasión en la que el protagonista, habla de su hija, más o menos de la misma edad que la mía tiene ahora— es uno en el que, superado por los acontecimientos, Hugo afirma “los cuarenta, creo que es esa edad a la que debemos hacernos a la idea de que no vamos a cumplir la mayor parte de nuestros sueños. Y es cuando empezamos a hablar con nosotros mismos para intentar aceptarlo”. El escalofrío que recorrió mi espalda cuando leí tan elocuente sentencia me retrotajo a una conversación que mantuve hará cosa de dos o tres semanas con el padrino de mi pequeñaja en la que, charlando de todo un poco, terminamos por lamentar lo muy conscientes de la mierda que nos rodea que la edad llega a hacerte; el sentimiento de impotencia, rabia y tristeza que nos invade al saber que la humanidad no parezca ir a mejor y, por supuesto, el que sea ahora cuando sabemos a ciencia cierta que las esperanzas y anhelos con las que soñábamos cuando éramos adolescentes y nos comíamos el futuro…han quedado en nada, o casi nada.

El interés con el que a partir de esa página —la 57— se devora la lectura no sólo tiene que ver con la casualidad de compartir con ella una misma línea de pensamiento, sino la forma en la que Jim traza con maestría a Hugo, Alice, Jean-Marc, Étienne e incluso a Fred, la figura ausente en todo el trasunto de la lectura, el amigo que se suicidó por no poder soportar la realidad en la que vivía y cuyo vacío es el punto de partida de un relato que maneja hondos sentimientos con una facilidad pasmosa. Sentirse pues identificado con cualquiera de ellos, y compartir sus frustraciones a lo largo de las 160 páginas sobre las que se desarrolla ‘¿Dónde quedaron los buenos tiempos?’ es tan sencillo como el trazo con el que Alex Tefengki caracteriza unas planchas que, sabedoras de lo mundano de todo lo que aquí se narra, nunca intentan llamar la atención sobre sí mismas, encontrando precisamente en esa personalidad humilde que se pone por completo al servicio del guión un apoyo más para hacer de la experiencia de leer este enternecedor tebeo una de esas que no se olvidan.

¿Dónde quedaron los buenos tiempos?

  • Autores: Jim & Alex Tefenkgi
  • Editorial: ECC Ediciones
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 160 páginas
  • Precio: 16,10 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector apasionado. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de adopción. Treintañero para cuarentón. ¡Ah! y escritor compulsivo tanto aquí como en Blog de cine.

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