‘Daredevil. El fin de los días’, inesperada genialidad

Daredevil. El fin de los dias portada

Cuando uno ha de apuntar con el dedo hacia aquellos nombres o etapas que suponen los puntos álgidos de ciertas series regulares de prolongado transitar editorial, resulta no pocas veces complicado quedarse con un único momento como «lo mejor» que dicha cabecera ha llegado a ofrecer. Ciñéndonos al caso de ‘Daredevil’, está muy claro que cualquier selección que se quisiera hacer de las aventuras del hombre sin miedo pasaría por comenzar por los puntales y legendarios números que Frank Miller concretara entre finales de los setenta y principios de los ochenta.

Considerado para muchos como lo mejor que han visto las páginas del alter ego de Matt Murdock, suponiendo como ha supuesto con el transcurso de los años fuente inagotable de saber narrativo y siendo referente básico en la mitología del héroe ciego, quedarse no obstante de forma única con lo que el autor de ‘Sin City’ cuajó hace tres décadas sería hacerle flaco favor a lo que desde entonces se ha podido ver en una colección que ha contado con otros muchos momentos dignos de atención.

Entre ellos, no cabe duda, los números con los que Kevin Smith y Joe Quesada arrancaban la versión Marvel Knights del personaje; la magistral estancia de Brian Michael Bendis al frente de la cabecera del cuernecitos; aquella de Ed Brubaker que tan bien supo como recoger el testigo de Bendis y que tantas satisfacciones dió a los lectores y, cómo no, lo que hoy por hoy podemos leer cada mes de la mano de Mark Waid y Chris Samnee, con unos números que demuestran sin atisbo de duda lo lejos que se encuentra el personaje de agotar fórmulas.

daredevil. el fin de los dias interior.

Teniendo en cuenta pues que otras muchas voces —entre las que me cuento— colocan los seis años que Bendis estuvo al frente de la colección a la altura de lo que Miller ideó tiempo atrás, que el prolífico guionista y arquitecto de buena parte de la Marvel actual anunciara que volvía a las páginas del personaje para contar su «última historia» era motivo de tremendo regocijo por unos aficionados que, no obstante, no podíamos ni imaginar lo que se nos venía encima con esta miniserie de ocho números que el escritor firma junto a David Mack en los guiones —otro viejo conocido de Murdock— y cuyo acabado visual debemos a dos artistas de suma relevancia en la historia de Daredevil: Klaus Janson y Bill Sienkiewicz.

Chocante al comienzo, el estilo feista del trazo del entintador de Miller durante sus años en ‘Daredevil’ pronto se convierte en una de las características más sólidas de la lectura de ‘El fin de los días’ en virtud de una narrativa fantástica que echa mano de múltiples y muy efectivos recursos que se ponen en juego de forma temprana con las primeras páginas de la lectura —de las que tenéis una muestra más arriba— y que van evolucionando constantemente gracias al soberbio trabajo de acabado y color que efectúa un Sienkiewicz en estado de gracia.

En lo que a la labor de Bendis y Mack respecta, el exhaustivo repaso a la mitología del héroe que ambos realizan consigue convertir a este imprescindible volumen en un compendio de décadas de historia y la trama urdida por los guionistas, que sigue a Ben Urich mientras investiga el significado de «MAPONE», la última palabra pronunciada por Daredevil antes de morir a manos de Bullseye —un McGuffin que hace directa referencia al ‘Ciudadano Kane’ de Orson Welles—, hace gala de una genialidad a prueba de bombas, coronando a los ocho números como un inesperado referente en la historia de un personaje sobre el que podría parecer que estaba (casi) todo dicho.

Daredevil. El fin de los días

  • Autores: Brian Michael Bendis, David Mack, Klaus Janson y Bill Sienkiewicz
  • Editorial: Panini
  • Encuadernación: Rústica con solapas
  • Páginas: 208
  • Precio: 17,95 euros

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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