Daredevil #31, Brubaker presenta al hombre con miedo

Daredevil 31

El número 331 de la edición española de Daredevil cierra Sin miedo, una saga que, hasta ahora, no me había parecido de las mejores de la pareja formada por Ed Brubaker y Michael Lark. Pese a que empezó con un número histórico (en más de un sentido), su desarrollo se extendió demasiado y la trama parecía sacada de cualquier historia de Batman con el Espantapájaros como adversario.

Hay algo que lo cambia todo al final de esta aventura y que permite reconciliarme con una colección que lleva ya largo tiempo (desde la época de Bendis) funcionando realmente bien: en la sexta parte de la saga, Brubaker se quita la pereza y vuelve a sentirse escritor. O, al menos, demuestra al lector a dónde quería llegar en los anteriores números, algunos de los cuales era en exceso autocomplacientes.

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Digo que vuelve a sentirse escritor y eso, referido a Brubaker, supone que, en sólo 24 páginas de un cómic redefine por completo a un personaje, le da una profundidad que no tuvo antes ni tampoco en sus números anteriores y logra eso tan complicado para los guionistas de hoy en día que es crear villanos con carisma en Marvel o DC.

El plan con el que Mister Miedo quería poner patas arriba una parte de la vida de Matt Murdock llega a su culmen y es desvelado por entero en un gran broche. Parecía que la inercia estaba haciendo que Brubaker no pudiese exprimir más jugo al personaje. Hay quienes, incluso, le han acusado últimamente de vivir de las rentas de lo que Bendis hizo en la etapa anterior y de que, una vez solucionados aquellos flecos, no tuviera mucho propio que contar.

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Pues, hala, ya nos ha tapado la boca a todos. De repente Daredevil cuenta con un psicópata refinado, un demente absoluto, otro antagonista obsesivo y cruel. Ideal, pues, para un personaje que, como el ciego de Hell´s Kitchen, siempre vive aferrado a la tragedia y que, pese a lo que se dice por ahí, de vez en cuando sí tiene miedo.

review daredevilSí, hay veces en que un número hace que cinco (más bien cuatro) cómics poco meritorios merezcan la pena. Ahora hace falta que Brubaker se decida, de una vez por todas, a dejar que su talento explote en Daredevil tanto como en otras series suyas. Ya vale de marear la perdiz. (Por cierto, esa última frase se la pueden aplicar también los responsables de Panini que, depsués de avsiar en el número anteriro que no iba a haber más complementos metidos con calzador, siguen en sus trece.)

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Roberto Jimenez @fancueva

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