‘Crimson. Volumen dos’, un peliagudo asunto llamado conclusión

Mucho es lo que había transcurrido durante el primer año de ‘Crimson‘ cuando Bryan Augustyn y Humberto Ramos encararon la que, a la postre, se convertiría en mitad final de su esfuerzo de modernización de los cánones vampíricos. Tanto, que resulta imposible pretender abordar la redacción de esta entrada dando datos precisos sobre todo aquello que terminó envolviendo al relato de Alex Elder, Scarlet, Joe, Ekimus, Zophie y Liseth, personajes todos que, a poco que uno se asomara a ellos en el momento en el que vieron la luz por primera vez hace veinte años, quedan para siempre grabados en la memoria, no por la suma grandeza que envolvió a una serie con considerables claroscuros, sino por la firmeza con la que Augustyn volcó la mayoría de sus esfuerzos en hacer de ellos entes tridimensionales con los que empatizar.

Sin poder pues incurrir en los temidos destripes —sí, considerando que la cabecera tiene dos décadas, considerar destripe lo que pudiéramos revelar del entramado del segundo es una estupidez pero, aún así, los evitaremos—, dos son los asuntos que nos apetece tratar de este segundo volumen de la serie. Primero, el dibujo de Humberto Ramos. Segundo, ponderar el cierre de la colección y valorar si estuvo a la altura de las circunstancias o no.

En lo que concierne al mexicano, lo cierto es que se nota una cierta evolución en el control de su trazo. Y, por favor, entrecomillad «cierta» todo lo que queráis: el exagerado estilo de Ramos, siempre influenciado por los ecos del lejano oriente, encuentra de manera progresiva en estas páginas una mejor versión de sí mismo, algo a lo que ayuda, nos apostaríamos la yugular, el portentoso trabajo de entintado de una Sandra Hope que se deja la piel en cada plancha. La narrativa del «dibujante de los zapatones» también tiende hacia una mayor claridad, y eso redunda de manera muy positiva en las sensaciones últimas que transmite un tebeo tan puntualmente barroco en lo gráfico.

Y eso nos lleva al peliagudo asunto del cierre. Es natural, e incontables son por ejemplo las series de televisión que así lo han demostrado, que cuando se invierte mucho tiempo con una historia y unos personajes, las expectativas que el lector/vidente atesora hacia cómo debería ser la conclusión se vean poco o nada correspondidas con lo que el producto ofrece —y ahí están los injustamente vilipendiados finales de ‘Perdidos’ o ‘Juego de tronos’ para demostrarlo—. Cierto es que en ‘Crimson’, los lectores que la seguimos mes a mes, no invertimos ni seis ni ocho años sino sólo dos en dar voraz cuenta de los derroteros por los que iba discurriendo el guión de Augustyn; pero también que, llegado el momento, se llegó a intuir un remate más arriesgado y a contracorriente por el que el guionista finalmente no optó, tirando por la calle del medio y, de forma algo apresurada, dando unas últimas puntadas a su creación que la dejaban a caballo entre el «happy ending» y lo que habría sido más coherente…al menos desde nuestro punto de vista, claro. Sea como sea, es evidente de que, de todo lo surgido en Cliffhanger!, ‘Crimson’ fue de las pocas cabeceras que consiguió rematar faena cerrando el círculo —a día de hoy todavía esperamos que Joe Madureira tenga a bien dar por finalizada la maravillosa ‘Battle Chasers‘ — y sólo por eso ya merece la mayor de las atenciones.

Crimson. Volumen dos

  • Autores: Bryan Augustyn y Humberto Ramos
  • Editorial: Planeta Cómic
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 384 páginas
  • Precio: 28,50 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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