‘Cómo trate de ser una buena persona’, efecto voyeur

Soy una persona muy celosa de su intimidad. A ver, la comparto con quien tengo que hacerlo, pero nunca he llegado a entender la imperiosa necesidad que tiene muchos de mis congéneres de tener su vida publicada en las redes sociales o, llevándolo a un extremo exacerbado y surrealista, el dantesco espectáculo que pueden llegar a montar los famosillos de turno en el canal de turno aireando todas sus mierdas aprovechando «que toda España los está viendo». Llamadme carca, llamadme abuelo, pero lo que pasa en mi casa, lo que sucede en mi vida, le interesa sólo a la gente que cabría calificar como íntimos, y aún así, habría que discretizar hasta qué punto, uno de esos íntimos tiene que estar al tanto de todo lo que supone tu discurrir diario.

Esta sucinta digresión viene a colación de que, cuando agarro un volumen autobiográfico como el que hoy ocupa nuestro tiempo, me siento violento por estar asomándome a las miserias, alegrías, penas y males de alguien que, vale, ha tenido los redaños de colocarse delante de un tablero, coger una hoja en blanco y empezar a relatar, en viñetas como es el caso, tanto su vida en términos generales como un episodio concreto de la misma. Es en esta última particularidad, que abarcó un tumultuoso periodo de su existencia, que la austriaca Ulli Lust nos ofrece, con toda profusión de detalles, lo que tuvo que pasar en la Viena de principios de los noventa cuando, con 23 años y un hijo de cinco, tuvo la mala fortuna de cruzarse con un atractivo congoleño con el que comenzaría una relación tremendamente tóxica y abocada al fracaso desde el día cero debido al talante celoso, posesivo y violento de él y al choque cultural que se produciría entre su mentalidad retrógrada y la muy liberal de la artista. Tan liberal, que Lust terminaría viviendo una suerte de peculiar triángulo amoroso que, en el otro vértice tendría a Georg, un actor cuarentón que todo lo que no tenía de rico lo tenía de generoso y buena persona…o al menos así es como nos lo presenta la dibujante y guionista en la historia, como una balsa de salvación a la que acudiría en cualquier momento de necesidad extrema.

Y, entre medio, ella, una mujer algo perdida a la búsqueda de su sitio en el mundo. Un sitio que no consigue encontrar ni personal ni profesionalmente y que la lleva por vericuetos que, experimentando todo lo que pueden y la mayoría de las veces nada recomendables, sirven no obstante para llenar de contenido las muchas páginas —casi cuatrocientas— que componen este ejercicio de introspectivo voyeurismo. Un ejercicio que se beneficia del estilo vibrante y nada acomodaticio de la artista y que, cargando las tintas en ciertas páginas completas que son todo un dechado de virtudes sensuales, aporta ese grado de extra de personalidad que ya el guión ha llevado en volandas hasta considerables alturas. En última instancia, que el mensaje que dimana de ‘Cómo traté de ser buena persona’ dirija sus miras de forma tan potente a ayudar a las víctimas de violencia de género a entender mejor su situación y cómo salir de ella es, simplemente, un valor añadido que sumar a esta más que notable lectura.

Cómo trate de ser una buena persona

  • Autores: Ulli Lust
  • Editorial: La Cúpula
  • Encuadernación: Rústica con solapas
  • Páginas: 372 páginas
  • Precio: 31 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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