‘Button Man: La confesión de Harry Exton’, adiós al factor sorpresa

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Las peripecias del asesino profesional Harry Exton continúan tras el buen sabor de boca dejado por el primer volumen de la colección, ‘Button Man: El juego de la muerte’. Rescatada de las páginas de la cabecera británica ‘2000 AD’, esta serie creada por John Wagner y Arthur Ranson nos sumerge en una historia cargada de crudeza donde un puñado de millonetis que ya no saben qué hacer con su dinero deciden gastárselo para vivir experiencias llevadas al límite. Eso sí, desde la seguridad que aporta presenciarlas desde la barrera, por supuesto. En ese primer tomo de la colección, descubríamos que los citados ricachones habían puesto en marcha un juego perverso y siniestro que consiste en contratar a unos cuantos asesinos sin nada que perder (algunos de ellos excombatientes, como en el caso de Harry), soltaron por un terreno determinado para que se maten entre ellos y apostar por ver quién es el ganador.

La premisa del cómic es muy potente de por sí, pero además estaba enriquecida por un estilo narrativo rico en recursos de todo tipo: la excelente elección de los planos en cada viñeta, por lo general bastante cerrados para transmitir una sensación de claustrofobia; el dominio perfecto del ritmo de la narración, que suele ser bastante rápido salvo en aquellas escenas puntuales a las que los autores quieren dotar de más intensidad dramática; los juegos de luces y sombras para aportar la atmósfera apropiada; y pasajes donde los autores experimentan libremente y con excelentes resultados, como en el enfrentamiento final con el que culmina el primer volumen. Todo ello convirtió a esa primera entrega de ‘Button Man’ en una joyita que dejó el listón muy alto para su continuación, presentada con el subtítulo de ‘La confesión de Harry Exton’.

Para dar comienzo a este nuevo arco argumental, Wagner se sirve de una estructura parecida a la que empleó en el primero. La acción comienza in media res, y es el propio Harry el que nos explica lo que ha ocurrido. La diferencia es que si bien en el primer tomo se lo contaba de viva voz a un psiquiatra, en esta ocasión se sirve de una confesión escrita cuyas páginas encontramos al comienzo de cada capítulo. El desarrollo también es muy similar al anterior, articulado en torno a una serie de «misiones» cada vez más sangrientas y complicadas, de las que Harry solo podrá salir con vida si es tan rápido con la mente como con el gatillo. Eso sí, esta vez cambiamos de escenario y viajamos desde la campiña británica hasta EE.UU., lo cual nos permite presenciar algunos enfrentamientos memorables, como el que tiene lugar en Central Park, junto a la famosa estatua de Alicia en el País de las Maravillas.

Pero por lo que se deduce de esta breve descripción, las diferencias entre el primer y el segundo volumen no son demasiado significativas, así que a lo largo de la lectura tendremos a menudo la sensación de estar transitando por parajes ya conocidos. Perdido el factor sorpresa, el impacto de ‘Button Man’ se diluye. Y lo mismo ocurre con ese puntito experimental que tanta personalidad aportó al arranque de la obra, y que aquí apenas encontramos en unas pocas páginas puntuales. Sería injusto decir que Wagner y Ransen han firmado un tebeo flojo, puesto que el guion se guarda unas cuantas sorpresas en la manga y el dibujo sigue teniendo un acabado imponente, pero no se puede negar que han perdido cierto fuelle. Las expectativas han jugado esta vez en su contra, pero quizá logren asestarles un balazo entre ceja y ceja en cuanto las pillen desprevenidas. Habrá que comprobarlo en la próxima entrega de ‘Button Man’.

Button Man: La confesión de Harry Exton

  • Autores: John Wagner y Arthur Ranson
  • Editorial: ECC Ediciones
  • Encuadernación: Rústica
  • Páginas: 128
  • Precio: 12,50 euros

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Jaime Valero @jvalerolife

Nací en el año de las inquietantes profecías literarias de Orwell. No traje ningún tebeo bajo el brazo pero en cuanto alcancé el uso de la razón el cómic se convirtió en una de mis máximas prioridades. Combino las viñetas y bocadillos con otras muchas pasiones delirantes e intento que todas ellas convivan en mi carrera como periodista y traductor. Mi cuartel general se encuentra radicado en Madrid.

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