‘Bletchkoller’, terrores subacuáticos

Blechkoller portada

Si uno es como servidor, que tiene una referencia cinematográfica para cada ocasión, es normal que al pensar en submarinos le vengan a la memoria títulos como ‘El submarino’ de Wolfgang Petersen, ‘U-571’ de Jonathan Mostow, ‘Marea roja’ de Tony Scott o la magnífica ‘La caza del Octubre Rojo’ de John McTiernan, títulos todos en los que los sumergibles cobran protagonismo inusitado conformándose como escenario opresivo de una acción que casi siempre es llevada al extremo.

Jugando a eso mismo, a plantear una acción que intente transmitir la presión que podemos encontrar a varias brazas de profundidad dentro de estas latas que son un logro de la ingeniería naval, Damián y Javier Hernández nos llevan de la mano a la Segunda Guerra Mundial y al interior de un submarino alemán. Tan atractiva premisa de partida es aprovechada por el guionista para tratar de instilar en el lector las mismas sensaciones extremas que se viven a bordo de los sumergibles cuando comienzan a causar efecto los terrores asociados a la claustrofobia y aparece el síndrome que da título al cómic, el Blechkoller, una neurosis ligada a largos periodos de confinamiento.

Mezclando con desigual fortuna elementos realistas con tintes fantásticos, donde ‘Blechkoller’ no defrauda es en el arte de Javier Hernández, que se estrena como dibujante en las páginas que componen el presente álbum: de claros tintes expresionistas, la influencia de la corriente artística en las planchas del dibujante español es tan notable como lo son la espléndida caracterización de sus personajes, sus claros planteamientos narrativos o el tratamiento del color con el que se caracteriza el relato, factores todos que, de haber encontrado algo más de solidez en la historia, habrían hecho de éste volumen una lectura casi sobresaliente.

Blechkoller

  • Autores: Damián y Javier Hernández
  • Editorial: Norma
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas:48
  • Precio: 13 euros

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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