‘Bestias salvajes’, sin referentes

La docencia es una profesión con muchos claroscuros. Bien es cierto que, al menos en mi apreciación sobre lo que desarrollo día a día en mis clases, son las tonalidades claras y positivas las que salen vencedoras sobre los rincones más grisáceos del lidiar con los 180 adolescentes que a día de hoy se reparten entre las seis asignaturas que imparto; pero también que, conforme voy sumando años, la brecha generacional que se abre entre servidor y sus alumnos va haciendo cada vez más patente que algo huele a muy podrido en esta sociedad en la que nos ha tocado vivir: fomentando valores que huyen raudos del esfuerzo, la constancia, el respeto, la empatía, la no violencia o el diálogo; se hace muy patente en las conversaciones que tengo constantemente con mis alumnos que los modelos que tienen por referentes, esos que les hablan de la cultura del «pelotazo», de acceder al dinero rápido y fácil —ese que, supuestamente, deriva de ser youtuber, o de pasear palmito por los diversos realities de mierda que Telecinco vomita cada año— y de la «necesidad» de tener su vida publicada en las redes sociales para demostrar ser mejores que sus vecinos, son, interpretados como ellos lo suelen hacer, sin filtros y de manera literal, de todo menos recomendables.

De esa mirada preocupada y con muy poca fe en lo que el mañana pueda deparar a la especie humana —soy un firme creyente de que vamos camino de la extinción por nuestra propia estulticia— es de la que se hace eco Loïc Godart en ‘Bestias salvajes‘, un título que viene a reforzar la espléndida impresión que nos sigue generando el ecléctico catálogo que, en poco tiempo, ha conseguido tener Nuevo Nueve, claro reflejo como es de la personalidad inquieta de su máximo responsable: en el álbum que hoy nos ocupa, y de mano de un trazo que recuerda poderosamente al de Paul Pope —o al de ese alumno aventajado suyo que es David Rubín—, Godart nos propone asomarnos a las desangeladas existencias de un grupo de personajes que, paseándose por la vida sin ningún tipo de anhelos o proyectos, no se aleja en exceso, aún siendo una obvia hipérbole, de la adolescencia actual que le sirve de modelo.

Mezclado el discurso apático que asocia a los protagonistas con un trasfondo algo surrealista que, al menos al que esto firma, recuerda en parte a la ‘12 monos‘ de Terry Gilliam —al igual que en ella, animales salvajes campan a sus anchas por los escenarios en los que se mueve la acción— ‘Bestias salvajes’ es, ante todo, un título inclasificable que depende sobremanera de lo que se vuelque en él para devolver unas y otras sensaciones. No es que nos pueda parecer mejor o peor tebeo en función de filias o gustos, es que lo que saquemos de él y las conclusiones que podamos arrojar sobre lo que Godart nos cuenta, descansan de forma plena en aquello que vertamos sobre él. En mi caso, esas sensaciones han sido considerablemente positivas y creo que ‘Bestias salvajes’ ofrece contundentes reflexiones acerca de la necesidad de dar un giro de timón a la sociedad para conducirla hacia pastos más verdes que los que ahora mismo le sirven de alimento. Eso sí, en mi grisácea percepción sobre nuestra condición, dudo mucho que sea algo que ni mis nietos puedan llegar a ver. Espero equivocarme.

P.D. Y esto lo escribí antes de que nos cayera encima el COVID-19 y viera la polarización de comportamientos ante el caos que está dando la pandemia…

Bestias salvajes

  • Autores: Loïc Godart
  • Editorial: Nuevo Nueve
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 104 páginas
  • Precio: 19 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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