‘Batman: La muerte de la familia’, el espeluznante regreso del Joker

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Uno de los mayores retos a los que se enfrenta cualquier guionista que se encargue de alguna de las cabeceras del Caballero Oscuro es escribir al Joker. Aunque se trata de un personaje que da mucho juego y que admite distintos enfoques y acercamientos a su figura, el más mínimo desliz puede provocar que el Payaso del Crimen no resulte convincente y, por tanto, que la historia se eche a perder. Seguro que Scott Snyder fue consciente de la responsabilidad que asumía cuando encaró este segundo arco argumental de su etapa al frente de la colección principal de Batman, si bien es cierto que llegaba avalado por la excelente saga de ‘El tribunal de los búhos’, que desarrolló a lo largo de un año.

Durante todo ese tiempo, el Joker estuvo totalmente desaparecido. La última vez que lo vimos fue en las páginas de ‘Detective Comics’, cuando un villano de segunda, el Muñequero, le arrancó literalmente la cara. Desde entonces, su rostro quedó a buen recaudo en la comisaría de policía de Gotham, que es precisamente el lugar en el que da comienzo este relato. Sin previo aviso, el Joker reaparece para recuperar su cara, protagonizando una escena que pone los pelos de punta, más por lo que insinúa que por lo que muestra. Y ese arranque tan intenso no es más que la punta del iceberg del plan maligno que el Joker tiene preparado para Batman, que consiste en rememorar algunos de sus enfrentamientos más memorables, en reunir a algunos de sus enemigos más feroces y, lo más importante, en poner en jaque a todos sus allegados: Nightwing, Batgirl, Robin y compañía.

‘La muerte de la familia’ está repleto de guiños a la historia de ambos personajes, comenzando ya desde el título, que evoca aquel mítico ‘Una muerte en la familia’ en el que el Joker acabó con la vida de Jason Todd, el segundo Robin, a finales de los 80. También vemos fugazmente en estas páginas al hijo de Henry Claridge, la primera víctima conocida del Joker allá por 1940, y encontramos alguna que otra referencia al excelente —y espeluznante— cómic ‘La broma asesina’. Pero Snyder no se limita a avivar nuestra nostalgia, sino que también aporta su propio toque al personaje. No solo nos presenta a un Joker aún más retorcido y siniestro de lo habitual, sino que desarrolla de una forma muy interesante la relación que existe entre Batman y el Joker. De hecho, podemos considerar todo el malvado plan que desarrolla el Payaso del Crimen durante este tomo como una desquiciada carta de amor dirigida al Caballero Oscuro.

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Pero sin duda, una de las mayores bazas de esta historia es el nuevo aspecto que el dibujante Greg Capullo le dio al Joker. Con el rostro cercenado sujeto por unos ganchos a su piel en carne viva, el villano se torna más grotesco y horripilante de lo que habíamos visto nunca. Pierde por completo cualquier rastro de humanidad y se convierte en un ser entregado únicamente al asesinato, la crueldad y el sufrimiento ajeno. Hay escenas y portadas en este volumen que se te graban a fuego, como esa en la que el desfigurado Joker baila un vals con un uniforme de Batman vacío.

Si bien es cierto que el final de la saga resulta un tanto apresurado —no le habría venido mal contar al menos con un numerito más—, el desarrollo es impecable y alcanza un elevado nivel de intensidad, similar al obtenido durante la trama de los búhos, con el que Snyder y Capullo ya se las hicieron pasar putas a Batman. Dado que ‘La muerte de la familia’ se planteó a modo de crossover, quien quiera conocer la historia al completo deberá acudir al resto de cabeceras de la bat-familia: ‘Nightwing’, ‘Catwoman’, Batgirl’, ‘Red Hood and the Outlaws’… Pero tampoco es indispensable para disfrutar plenamente de este volumen.

Batman: La muerte de la familia

  • Autores: Scott Snyder, James Tynion IV, Greg Capullo y Jock
  • Editorial: ECC Ediciones
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 176
  • Precio: 17,95 euros

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Jaime Valero @jvalerolife

Nací en el año de las inquietantes profecías literarias de Orwell. No traje ningún tebeo bajo el brazo pero en cuanto alcancé el uso de la razón el cómic se convirtió en una de mis máximas prioridades. Combino las viñetas y bocadillos con otras muchas pasiones delirantes e intento que todas ellas convivan en mi carrera como periodista y traductor. Mi cuartel general se encuentra radicado en Madrid.

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