‘Balas perdidas’, 100% Hill, 100% noir

Por más que un artista en concreto tenga decenas de títulos asociados a su nombre, resulta curioso comprobar como es uno de ellos el que siempre salta cual resorte cuando pensamos en él. Dignos de análisis son los mecanismos cerebrales que hacen que al pensar en Miguel Ángel uno tenga en mente la Capilla Sixtina, al ser preguntado por Beethoven diga la Novena Sinfonía o, cuando tiene que hablar de cine, cite a ‘E.T’ con Spielberg, a ‘Psicosis’ con Hitchcock o a ‘Uno, dos, tres’ con Billy Wilder —ejemplos éstos que son completamente personales, huelga decir—. En el caso de Walter Hill, la película que siempre acude rauda al pensamiento de este redactor es la muy singular ‘Calles de fuego’, esa curiosa mezcla de géneros protagonizada por Michael Paré, Diane Lane y Willem Defoe que incluía dos de las más fascinantes canciones escritas jamás por el mítico productor musical Jim Steinmann.

Pero no es esa película sino la mucho más reciente e irregular ‘Una bala en la cabeza’ la que se encuentra detrás de ‘Balas perdidas’, una historia que entronca a la perfección en el imaginario de Walter Hill y que guarda singular relación con otro de sus títulos como cineasta, ‘El último hombre’ —aclaremos que, algo más dilatada que su faceta como realizador, es la trayectoria de Hill como productor, siendo directo responsable de la saga del xenoformo más conocido de la historia del cine—. El nexo unión entre las dos obras citadas al comienzo del párrafo es, obviamente, Metz, seudónimo con el que firma el guionista francés Alexis Nolent, y que, durante la promoción de la producción protagonizada por Sylvester Stallone y Jason Momoa, preguntó al veterano cineasta sobre la posibilidad de llevar algún guión suyo a viñetas.

Con ese punto de partida, traslademos ahora la memoria cinematográfica del lector a la citada ‘El último hombre’, un thriller de acción polvoriento en el que Bruce Willis encarnaba a un pistolero a sueldo que se las tiene que ver con las mafias irlandesa e italiana durante la época de la ley seca. Cambiemos el nombre del personaje de John Smith al Roy Nash de ‘Balas perdidas’, y trastoquemos algunos de los resortes que movían el relato de la producción de mediados de los noventa y obtendremos la trama que subyace en una novela gráfica fascinante, intrigante y que juega su mejor y más contundente baza en la incuestionable fuerza de su protagonista, un letal y despiadado matón sin escrúpulos que oculta bajo su gélido temple un corazón que clama venganza. Potente en su transcurrir y visceral en cada ocasión que Nash ha de acabar con quien se le ponga por delante, es también del epíteto que abre esta frase del que cabría echar mano para referirnos al arte de Jef, que nos traslada de forma inequívoca a los turbulentos años 30 y que, en perfecta y precisa armonía con el guión, convierte a ‘Balas perdidas’ en todo un descubrimiento.

Balas perdidas

  • Autores: Walter Hill, Alexis Nolent (Metz) y Jef
  • Editorial: Norma
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 128 páginas
  • Precio: 22,80 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector apasionado. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de adopción. Treintañero para cuarentón. ¡Ah! y escritor compulsivo tanto aquí como en Blog de cine.

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