‘Ardalen’, la poesía que vino con el viento

Ardalen portada

Echando la vista atrás, son ya ocho años los que han pasado sin que Miguelanxo Prado nos regalara con una nueva historia. No quiere esto decir que no haya habido en este lapso de tiempo novedades editoriales encabezadas con su nombre, pero ‘Ardalén‘ es la primera que puede considerarse como cómic en el sentido estricto de la palabra. Teniendo en cuenta pues tan prolongada ausencia, que el gallego vuelva con la fuerza con la que lo hace, es motivo de gran regocijo.

En estos ocho años que han transcurrido desde que el artista publicara ‘La mansión de los Pampín‘, hemos tenido que matar la espera a base de relecturas, reediciones (la más reciente ha sido la efectuada por Norma de la magistral ‘Trazo de tiza‘), el simpático desempolve que supuso la tira cómica de ‘Los compañeros de la orden de piedra‘ publicada por El patito editorial, y tres libros que, por mucho que recojan su maravilloso arte, no se ceñían a los parámetros del noveno arte y, por ende a lo que sus lectores queríamos de él.

Para los que no estén familiarizados con su portentosa obra ni su insigne figura, Miguelanxo Prado nace en A Coruña en 1958 y, entre los setenta y ochenta, desarrolla una actividad frenética en las añoradas revistas que marcaron a toda una generación. Así, recogidas en cabeceras como ‘CIMOC’, ‘Zona 84’, ‘1984’, ‘Cairo’, ‘Comix Internacional’ o ‘El jueves’, será como el autor nos vaya presentando los relatos que después, agrupados en los diferentes volúmenes que Norma le lleva dedicando desde hace 24 años, conformen la imprescindible biblioteca del autor.

Ardalen interior I

Títulos como ‘Fragmentos de la enciclopedia délfica’, ‘Quotidianía delirante’, ‘Tangencias’ o ‘Stratos’ sirven para descubrir a un autor atemporal cuyo trabajo no hace sino ganar en riqueza y matices con el paso de los años y las muchas relecturas que se le hacen a sus obras.

Consagrado con la citada ‘Trazo de tiza’, con el que se hizo acreedor del premio al Mejor Cómic del Salón del Cómic de Barcelona en 1994, la poca producción de Prado desde entonces se debe a los muchos intereses que el polifacético gallego ha desarrollado con el tiempo: pintura, ilustración y animación han sido los responsables de tener ocupado su tiempo y alejarlo del tablero de dibujo.

Precisamente en el último campo es donde Prado ha desarrollado mayor actividad desde finales de los noventa, ya como diseñador de la serie de animación de ‘Men in black’, ya en lo absorvente que llegaría a ser su ‘De profundis‘, largometraje que ocuparía cuatro años de su trabajo y que llegó a estar nominado al Goya a la mejor Película de Animación.

Ardalén interior II

Como decíamos, desde que en 2004 publicara ‘La mansión de los Pampín’, una temprana y cínica reflexión sobre los abusos urbanísticos, sus lectores habituales echábamos en falta que Prado volviera por los fueros que siempre han caracterizado su obra. ‘Ardalén’ no sólo es la contundente respuesta del autor a los requerimientos por nuestra parte sino que se establece como su proyecto más ambicioso y extenso, 256 páginas en las que el artista gallego juguetea de forma magistral alrededor de los recuerdos y la memoria.

Para ello, Prado nos traslada a la Galicia profunda, la de los pazos, los bosques y ese profundo verde que todo lo inunda. Allí, nos presenta a los dos personajes que mueven la acción. De una parte tenemos a Sabela, una mujer recién separada que viaja a un recóndito paraje de la geografía gallega para buscar lo poco que pueda quedar de la memoria de un abuelo que nunca llegó a conocer y a la que se intenta aferrar como si la vida le fuera en ello.

De otra parte encontramos a Fidel, un anciano que en principio parece afectado por el Alzheimer y que, a todas luces, se termina convirtiendo en el mejor personaje que Prado haya escrito en su dilatada carrera. Influenciado por ese ardalén que da título a la obra (un viento ficticio proveniente del mar supuestamente originado en las costas americanas), Fidel vive alimentado de unos recuerdos que él ha hecho propios sin ser consciente de que pertenecieron a compatriotas suyos que tuvieron que hacer “las Américas”.

Ardalén interior III

Nutriendo el relato de documentos que van apoyando lo que quiere transmitir (documentos inventados por él que van desde actas judiciales a artículos sobre la memoria humana), Prado impregna de una evocadora poesía todas y cada una de las páginas del volumen, trasladando al lector de forma vívida la magia de su tierra natal y haciendo partícipe a éste de la singular nostalgia que dimana de sus diálogos y, cómo no, de su asombroso dibujo.

Viendo los resultados gráficos de ‘Ardalén’ no resulta extraño que Prado haya estado trabajando en la misma durante los tres últimos años, pasando la novela gráfica de 170 a 256 páginas en el proceso de elaboración. 36 meses podrán parecer mucho para lo que la esta industria normalmente exige, pero cada viñeta y página del volumen está trabajada al máximo, ya sea en el prodigioso trazo que el gallego deja ver como en el alucinante uso del color con el que caracteriza a la totalidad de la historia.

Han pasado ocho años, sí, y otros tantos podrían transcurrir si ese es el tiempo que necesita Miguelanxo Prado para legarnos a sus lectores la soberbia herencia que lleva construyendo desde que iniciara su andadura profesional hace tres décadas. ‘Ardalen’ no es sólo una espectacular muestra de ello sino que, muy probablemente, sea la más espectacular de todas.

FICHA TÉCNICA: Ardalén
  • Autores: Miguelanxo Prado
  • Editorial: Norma
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 256
  • Precio: 25 euros
Ardalen review

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Sergio Benítez @fancueva

Lector apasionado. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de adopción. Treintañero para cuarentón. ¡Ah! y escritor compulsivo tanto aquí como en Blog de cine.

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