‘Aquablue. Estrella blanca’, viaje sideral

Aquablue 2

Después de la muy extensa entrada que le dedicamos al primer integral de ‘Aquablue’, cabría pensar que poco o nada es lo que nos quedó por decir de la serie francesa de ciencia-ficción creada por Thierry Cailleteau que Yermo rescataba del olvido en el que la abandonó Planeta hace veinte años. Cabría pensarlo, sí, pero sería un error de bulto considerando que, tras el festival del género ofrecido por el guionista y el auxilio del gran Olivier Vatine —y de Ciro Tota en menor medida—, lo que nos encontramos en éste segundo integral es una completa reinvención del curso de la historia de Nao en la que Cailleteau deja atrás la superficie acuática de ese planeta que, decíamos, tanto recordaba al Pandora de ‘Avatar’ para adentrarse en toda una space opera que arranca cuando el protagonista y su grupo de amigos descubre los restos de la Estrella Blanca, el crucero estelar en el que viajaba Nao siendo pequeño antes de que, debido a lo que se nos narró en las primeras páginas del primer álbum, terminara yendo a parar a Aquablue.

De fértil imaginación, el escritor francés —que legará el testigo de la colección a Regis Hautière a partir del número 12— toma como punto de partida el hallazgo por parte de unos chavales de los despojos de Cybot, el simpático robot que siempre acompaña a Nao, para narrar en clave de flashback el fortuito encuentro con los restos del citado navío estelar y hacer avanzar desde ahí una acción que no para en los dos arcos argumentales aquí incluídos. Cada uno de ellos, de modos completamente diferentes, se apropia de reflexiones acerca de la sociedad contemporánea para arrojarlas cientos de años en el futuro y que sirvan, como siempre ha pasado con el mejor sci-fi, de crítica nada velada hacia, en este caso, los fanatismos religiosos y la forma en la que la huella de la humanidad se hace patente en nuestro planeta o, como aquí se expone, en cualquier confín del universo.

Plena en espléndidos recursos —el comienzo del tercer álbum es magnífico— hay que reconocer que por mucho que podamos llegar a echar en falta el arte de Vatine —y se echa, que no os quepa duda— el trabajo de Ciro Tota hereda lo suficiente del artista y añade el máximo de su cosecha propia como para que, en última instancia, y cuando llevamos leídas un buen puñado de páginas, casi nos olvidemos de que fue el responsable de ‘Niourk’ el que inició en el terreno gráfico ‘Aquablue’. Una «hazaña» nada desdeñable que habla de las sólidas cualidades de un nombre que, no obstante, no volveremos a ver en la tercera entrega de una cabecera que pasará a ser ilustrada primero por Siro —Stéphane Brangier— y después por el espectacular estilo de Reno —Renaud Scheidt—. Para hablar de ellos, eso sí, os insto a que estéis atentos al momento en que Yermo lance el siguiente integral de esta imprescindible saga.

Aquablue. Estrella blanca

  • Autores: Thierry Cailleteau & Ciro Tota
  • Editorial: Yermo Ediciones
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 192 páginas
  • Precio: 38 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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