‘Antes de Watchmen: Rorschach’, sin concesiones

Antes de Watchmen

Debo admitir que, incluso con más intensidad de la que recibía hace pocos meses el anuncio de la tercera parte de ‘El regreso del caballero oscuro’ —y, por supuesto, de ese número unitario especial secuela de la obra maestra de Frank Miller—, asistí muy receloso al movimiento editorial que DC puso en marcha hace cuatro años con las ocho miniseries destinadas a explorar los recovecos del universo que Alan Moore y Dave Gibbons habían creado, hace treinta años, con esa ‘Watchmen’ para la que, sinceramente, tiempo ha que se acabaron las posibilidades de resultar original a la hora de elogiarla. Y si lo miraba con cierto resquemor era, obviamente, porque a nadie se le podía escapar que por encima de cualquier otra disquisición, los motivos que impulsaban a los responsables de la casa de Batman y Superman eran puramente económicos y lo único que buscaban era aprovecharse del tirón que, hoy, sigue teniendo un título que se ha reeditado hasta la saciedad.

Aún así, la curiosidad hizo que terminara dando cuenta de un proyecto tremendamente desigual que encontraba su cima indiscutible en el extraordinario trabajo que J.M. Strazcynski y Adam Hughes ofrecían sobre el Dr. Manhattan para después comenzar un progresivo descenso hacia la notable irregularidad de la olvidable historia centrada en Silk Spectre. Entre medio había lugar para un variado rosario de calidades coronados, no cabe duda, por lo que Brian Azzarello y Lee Bermejo concretaban para este volumen que hoy nos ocupa y que nos aproxima a Rorschach y su alter ego, Walter Kovacs, en un relato de marcado corte noir que entronca a la perfección con lo que cabría esperar del guionista de ‘100 balas’ al acercarse a la Nueva York de los años 70 a través de los ojos del letal investigador que es el del mutable rostro del mejor personaje de ‘Watchmen’.

Antes de Watchmen interior

Una Gran Manzana llena de podredumbre —a cualquiera que la conozca le sorprenderá, y mucho, encontrarse con un Times Square que nada tiene que ver con la luminosa visión que todos tenemos en nuestro inconsciente sobre el corazón de la ciudad que nunca duerme— en la que unos crímenes salvajes que tienen siempre como objeto a mujeres serán el hilo conductor de la incisiva mirada con la que Azzarello se aproxima al antihéroe. Quizás innecesaria por cuanto todo lo que había que decir sobre Rorschach ya lo había dicho Moore en el número dedicado a explorar su compleja psique, lo cierto es que lo que arroja el escritor sirve de perfecto y preciso complemento al que acaso podríamos calificar como el mejor de los doce ejemplares que conforman ‘Watchmen’.

Lo que es imposible calificar de innecesario es el brutal, espectacular y asombroso trabajo de Lee Bermejo en unas páginas soberbias, prodigiosas y que son clara muestra de lo mucho que ha avanzado el artista estadounidense desde que diera sus primeros pasos al amparo de la Wildstorm de Jim Lee: tratadas con un superlativo sentido de lo cromático por Barbara Ciardo, las plachas de Bermejo muestran a un dibujante en plena madurez cuya narrativa es tan excelsa como el increíble detalle que pone en describir los entornos en los que se mueven sus muy expresivos y tridimensionales personajes. El conjunto, de un talante que se mueve rozando la excelencia, aúpa no pocos enteros una lectura que se acaba en un abrir y cerrar de ojos y que apetece, y mucho, efectuar de nuevo nada más finalizada para poder volver a aprehenderse de unas viñetas y composiciones impresionantes. De acuerdo, queda empequeñecida bajo la inmensa sombra que proyecta la maxiserie original, pero ‘Antes de Watchmen: Rorschach’ es un muy digno homenaje a la impronta que Moore y Gibbons dejaron en unas páginas que son historia viva del noveno arte.

Antes de Watchmen: Rorschach

  • Autores: Brian Azzarello y Lee Bermejo
  • Editorial: ECC
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 112 páginas
  • Precio: 12,82 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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