‘Antes de Watchmen. Minutemen’, uno de tres

Visto bajo el prisma de un exacerbado escepticismo, que no miraba con buenos ojos el que fuera a tocarse —y sin duda a corromperse— un santo Grial de la entidad de ‘Watchmen’, mi yo de hace algo más de un lustro, se aproximó a la lectura de las diferentes series que iban a conforman ‘Antes de Watchmen’ con el cuchillo entre los dientes dispuesto a no dejar pasar ni una a la afrenta de DC contra la magna maxiserie de doce números que, veintiséis años antes, había marcado un antes y un después en cómo los lectores de cómic de superhéroes veían a sus héroes de tinta y papel. Y si bien no todas las ocho cabeceras publicadas por la editorial llegaron a causar igual impresión, toda vez pude constatar el mimo que se había puesto en ellas, hubo una que me defraudó especialmente ya que su responsable, el inmenso Darwyn Cooke, era entonces —y será siempre— uno de mis artistas favoritos.

Con el agridulce recuerdo de aquella única lectura que le había hecho a los ‘Minutemen’ mes a mes, me acerqué con tremendas reservas al volumen con el que ECC recopila, no sólo los seis números que conformaron la mirada de Cooke sobre el primer grupo de héroes del universo Watchmen, sino el especial que Len Wein y Steve Rude dedicaron a Dolar Bill —y que, más allá de un guión muy normal, deja ver un soberbio trabajo de ‘The Dude’— y los dos ejemplares con los que J.M.Strazcynski y Eduardo Risso se asomaron a ese fundamental secundario que fue el Moloch del proyecto firmado por Alan Moore y Dave Gibbons allá por 1986. Pronto —muy pronto, de hecho— iba a descubrir que ese sinsabor que había rodeado a ‘Minutemen’, no era responsabilidad directa de una miniserie fantástica, sino de querer buscar en ella, por aquello de venir firmada por Darwyn Cooke, tanto una suerte de continuación de ‘The New Frontier’ como un producto a la altura de las dos mejores propuestas que salieron, a mi juicio de entonces, de ‘Antes de Watchmen’: la del Dr. Manhattan y la de Rorschach.

Apartada mi antigua percepción sobre este acercamiento a un periodo fundamental del microcosmos de ‘Watchmen’ de lo muy positivo que extraje de las lecturas dibujadas por Adam Hughes y Lee Bermejo, he de afirmar con contundencia, primero, cuánto me equivocaba y, segundo, que lo aquí desarrolla Cooke está más que a la altura de sus insignes compañeras, ya sea a nivel argumental ya, sobre todo, a nivel gráfico. Perfectamente engranada en los intersticios que, sobre los Minutemen, nos contaba Moore a mediados de los ochenta, la trama argumental de ‘Antes de Watchmen. Minutemen’ orbita sobre Hollis Manson, el búho nocturno original, mientras escribe ‘Bajo la capucha’ y, a través de tan controvertidas memorias, recuerda la formación de los Minutemen y todos los trágicos acontecimientos que rodearon su eventual disolución.

Trazando a través de la duplicidad temporal que se maneja a lo largo de los seis números, no sólo una radiografía precisa de los componentes de la formación de héroes, sino de la américa de los años cuarenta y la de los años sesenta en la que Manson escribe su biografía, Cooke hilvana una narración prodigiosa que, cuando de juzgar sus lápices se trata, no deja duda acerca del genio del noveno arte que era el desaparecido artista: el tono clásico que aporta su trazo y que refuerza esa composición de viñetas, que utiliza como base la retícula 3×3 a la que Gibbons tan bien supo ceñirse en ‘Watchmen’, para alterarla a placer, sirve de telón para el constante prodigio narrativo que el autor de las magistrales adaptaciones de ‘Parker’ se marca en unas páginas gloriosas. Maestro del tempo narrativo, Cooke cuaja con ‘Antes de Watchmen. Minutemen’ uno de sus mejores trabajos y se gana, aunque sea seis años más tarde, un puesto indiscutible en el podio de lo mejor que conformó este curioso proyecto de DC.

Antes de Watchmen. Minutemen

  • Autores: Darwyn Cooke & VVAA
  • Editorial: ECC
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 264 páginas
  • Precio: 25,65 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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