‘All Star Batman y Robin’: pues a mí me ha hecho gracia

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Batman está completamente majara. Secuestra a un crío. Zurra a la poli. Intenta sonar como Clint Eastwood. Está pirado. Y yo me he alistado con él para combatir el crimen. ¿Qué te parece? Supongo que yo también estoy majara.

Esta reflexión de Robin define perfectamente la clase de Caballero Oscuro que nos vamos a encontrar en este cómic de Frank Miller y Jim Lee. Aquí Batman es una especie de Hell’s Angel enmallado que parece un cruce entre Harry el Sucio, Travis Bickle y Nelson Muntz, un matón con todas las letras que ha generado críticas y odios por toda la blogosfera. Y qué queréis que os diga, todas esas críticas tienen razón, es innegable, pero yo me he echado unas risas cojonudas con este cómic.

El problema radica en que desde DC nos hayan querido pintar ‘All Star Batman y Robin’ como una «reinterpretación radical» del inicio de la colaboración entre estos dos héroes o como una modernización del pasado de los personajes. Que se dejen de chorradas. Este cómic no es más que una macarrada descomunal y la clave está en no tomárselo en serio. Muchos lectores han clamado al cielo porque lo consideran un sacrilegio a la figura del murciélago, pero yo creo que si lo leemos con otros ojos, quitándole peso, es un tebeo de lo más divertido.

Los diálogos están pasadísimos de rosca, tanto que en ocasiones resultarían excesivos incluso para ‘Sin City’. ¿Pero en qué otro cómic podemos escuchar a Batman decir genialidades como «Los gusanos como Jocko Vanzetti siempre me dan ganas de lisiar un poco»? A decir verdad, los interminables monólogos interiores que escribe Miller en sus tebeos me parecen mucho más digeribles cuanto tienen este tono histriónico que cuando trata de ponerse profundo y atormentado.

Y si seguimos con la filosofía de no tomarnos en serio lo que va ocurriendo en estos nueve números, tampoco tendremos problema para aceptar el papel anecdótico que le da a los otros héroes de la JLA que aparecen en sus páginas. Lo admito, me ha encantado ver a Green Lantern como un pringao de tomo y lomo al que sólo le faltan las gafas de pasta, y a una Wonder Woman que parece Cartman en South Park, con su cansina cantinela de «Os odio a todos. Cómo os odio. Odio a los hombres. Cómo les odio».

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La trama apenas avanza y a mí me da la sensación de que Miller tenía bastante perdido el norte desde el principio. Pero lo que en otros cómics más «serios» supondría un completo fracaso, aquí desemboca en una serie de escenas que no guardan mucho sentido en su conjunto, pero que por separado resultan geniales de lo descerebradas que son: ver a Canario Negro al frente de lo que parece el Bar Coyote, a Vicki Vale haciendo un ridículo pase de modelos mientras se le hace el culillo gaseosa por tener una cita con Bruce, al Joker mostrando su propia visión del amor y especialmente la escena de la habitación amarilla, que por otra parte, yo creo que para muchos fue precisamente la gota que colmó el vaso.

En fin, que puede ser que esta lectura me pillara en un día tonto y por ello me resultó tan divertida. Pero la verdad es que no tengo ningún problema en recomendarla, siempre que se vea desde un punto de vista paródico y que por supuesto no sea nuestra primera toma de contacto con el personaje. En realidad, la mayor cagada de DC ha sido incluir esta historia dentro de la línea All Star, que después del trabajazo que se han marcado Morrison y Quitely con Superman, no tiene demasiada cabida para «bromas pesadas» de este tipo.

batstarreview.jpgSí, ‘All Star Batman y Robin’ tiene algunos de los peores vicios que puede tener un tebeo pijamero: una trama frágil, textos de apoyo a cascoporro y splash-pages a cada vuelta de hoja; pero por alguna extraña conjunción astral, leerlo te hace pasar un buen rato. Eso sí, Miller y Lee ya han gastado su cupo de chulería por una buena temporada, así que para la próxima más les vale contenerse, porque no creo que la fórmula aguante una segunda embestida.

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Jaime Valero @jvalerolife

Nací en el año de las inquietantes profecías literarias de Orwell. No traje ningún tebeo bajo el brazo pero en cuanto alcancé el uso de la razón el cómic se convirtió en una de mis máximas prioridades. Combino las viñetas y bocadillos con otras muchas pasiones delirantes e intento que todas ellas convivan en mi carrera como periodista y traductor. Mi cuartel general se encuentra radicado en Madrid.

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