‘AIDP volumen 4’, el fin de las ranas

AIPD vol.4

Acostumbrados como estamos los lectores de cómic yanqui a que tanto en DC como en Marvel el baile de equipos creativos de tal o cual serie sea una constante que hay que padecer si se quiere seguir leyendo la cabecera de turno, que haya editoriales y artistas comprometidos con que la calidad de un producto no se vea comprometida por lo que las cabezas pensantes de turno —eufemismo— puedan opinar o no sobre el discurrir de la historia o qué dibujante iría mejor con el rumbo de la colección ayuda muchísimo a que la percepción que de ella se tiene a este lado del papel no caiga en las típicas actitudes de aborrecimiento a las que muchas ocasiones terminamos abocados por puro cansancio.

No cabe duda de que, en el caso de las otras dos grandes yanquis —Dark Horse e Image— el que sean los autores y no un conglomerado de intereses los que tengan el control sobre aquello que crean es una gran ventaja si se la compara con las incontables injerencias que deben sufrir unos personajes —los de los panteones de las dos “majors”— que tiempo a trascendieron el carácter de meros dibujos bidimensionales enclaustrados en una viñeta para convertirse en productos de mercadotecnia que generan millones de ventas al cabo del año en concepto de merchandising.

Obviamente, esta digresión viene a colación del inmenso trabajo que, John Arcudi, Guy Davis y Mike Mignola han venido efectuando desde el comienzo de ‘AIDP’, un trabajo que en este cuarto integral de la serie creada allá por 2002 alcanza unas cotas antes desconocidas en las páginas que narran las aventuras de los compañeros de Hellboy. Unas aventuras que han resultado ser muchísimo más interesantes que las que el demonio del puño rojo ha vivido en tiempos recientes —la actual ‘Hellboy in Hell’ se está convirtiendo a cada nueva entrega en una de las sagas de lectura más ardua del personaje— y que aquí cierran el enfrentamiento contra la plaga de ranas con la que se iniciara y abren las puertas a la siguiente mega-saga de la cabecera, un ‘Infierno en la Tierra’ que nos va a deparar no pocas sorpresas a los que estamos completamente enganchados al destino de Abe Sapien, Liz Sherman, Kate Corrigan, Johann Krauss y los muchos y muy geniales secundarios con los que Arcudi y Mignola han ido poblando el universo de la Agencia de Investigación y Defensa de lo Paranormal.

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Insistiendo en lo que mejor ha sabido desarrollar hasta el momento, Arcudi sigue describiendo a los personajes con una naturalidad pasmosa al tiempo que plantea tramas que se abren y se cierran mientras otras, de mayor calado, discurren por el telón de fondo esperando el momento para ser traídas al primer plano de una acción que en el tramo final del presente volumen se eleva hasta unas cimas épicas como nunca se habían visto hasta ahora. Alternando a la perfección entre todas ellas, y dando aquí fundamental protagonismo a Liz —la mujer pirokinética de la que está enamorado Hellboy— lo espectacular del planteamiento del guión y la inmensa variedad de la que hace gala el mismo encuentra una traducción soberbia y asombrosa en el espectacular trabajo de Guy Davis.

Artista que no se amedrenta ante la ingente tarea que se le pone por delante y que da el do de pecho en las páginas que cubren el enfrentamiento definitivo contra el ejército de las ranas —y otro más que no desvelaré—, las planchas de Davis se llenan de diseños imaginativos y de ese sentido de la épica del que hablábamos antes. Debido a ello es una lástima que, salvo los cinco números que abrirán el integral de ‘AIDP’ que veremos el próximo año, Davis haya cedido el puesto a otros compañeros de profesión. Dudo mucho que, con los nombres asociados, el alto nivel que ‘AIDP’ ha mantenido desde sus comienzos se vea resentido, pero no cabe duda de que la fuerte personalidad del artista se echará en falta.

AIDP volumen 4

  • Autores: Mike Mignola, John Arcudi y Guy Davis
  • Editorial: Norma
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 456 páginas
  • Precio: 28,45 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector apasionado. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de adopción. Treintañero para cuarentón. ¡Ah! y escritor compulsivo tanto aquí como en Blog de cine.

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