36-39 Malos Tiempos (III), Carlos Giménez sigue brillando

36-39 Malos Tiempos III de Carlos Giménez

Carlos Giménez dice, en el tercer tomo de 36-39 Malos Tiempos, “no soy neutral. Repito: no soy neutral”. Y continúa: “créanme, he hecho tremendos esfuerzos por ser objetivo, ¡objetivo! Que nadie me pida que sea neutral ante el fascismo”. Tras esto y tras haber leído la tercera parte de una de sus obras más ambiciosas, es obvio que podemos empezar a discutir sobre política y sobre si los cómics de Carlos Giménez toman demasiada posición. Me temo que es un gasto terrible de fuerzas: de lo que toca hablar aquí es de que estamos presenciando como se publica un cómic que perdurará. Una obra mayúscula que se merece todo el reconocimiento que le den y más.

Siguiendo la línea marcada en el segundo volumen de la tetralogía, 36-39 Malos tiempos deja a un lado los movimientos estratégicos y políticos de una guerra y se centra, cada vez más, en el día a día, en la supervivencia de los habitantes de una ciudad asediada, bombardeada. Fue Madrid, pero podría ser cualquier otra.

¿Arquetipos? ¿Maniqueísmos? Nada de eso: personas reales traspasadas al cómic, con todos sus recovecos morales, con sus virtudes y también sus defectos, seguramente aumentados por lo desesperado de su situación. Las páginas de Malos Tiempos III arden con el mismo combustible que el de las historias que relatan: el dolor, el hambre y las pequeñas dosis de mezquindad que se esconden tras sus personajes.

Insisto: ¿Es maniquea la forma de ver las cosas de un niño? Puede, al menos hasta que va descubriendo que el mundo no funciona exactamente así. Marcelinito, hijo de obreros a los que la guerra, como a tantos, ha empobrecido aún más, es ya más protagonista que nunca. Si en el segundo volumen importaba más la madre de la familia, ahora es el niño el que nos guía por calles bombardeadas donde una colilla puede hacer feliz a tu padre (aunque a ti te convierta en bastante peor persona). O el que ve, en el refugio antibombas, como las bombas caen incluso de quienes allí mismo son insultados. O el que descubre que algunos combates pueden ser como el fútbol si la gente no tiene otra cosa con qué divertirse.

Maus nos demostró que lo peor de los actos inhumanos (ya sean los que cometes o los que sufres) puede no ser sus consecuencias inmediatas, sino el rastro de vergüenza y de culpa que dejan. 36-39 Malos Tiempos nos está contando el momento que crea todas esas secuelas. No seré yo quien diga que leer a ese Spiegelman sea agradable, un rato divertido, como tampoco lo es leer a este Giménez.

Review Carlos GimenezÉste no es un cómic peliculero sobre la guerra ni, como también advierte su autor en las notas finales, “una lección de Historia llena de nombres y fechas”. Es una disección en toda regla del ser humano que vuela muy alto y que es una lectura imprescindible. A la espera del cuarto y último volumen, Giménez lo borda.

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Roberto Jimenez @fancueva

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