Watchmen: amor sin pasión

Buho Nocturno y Espectro de Seda

Aunque disfruté viendo Watchmen, me quedé con un regusto amargo. Si bien durante toda la película es patente el amor que Zack Snyder tiene por la novela más grande de todos los tiempos, en general salí del cine con la sensación que deseaba no llegar a tener: apatía.

Los preciosos títulos de crédito son un buen resumen de lo que es para mi la película: una cuidada imaginería que rebosa cariño por la obra de Gibbons, pero que se pierde en la obra de Moore. En su afán de plasmar cada viñeta, cosa que logra magistralmente, se despista por completo en cuanto al mensaje original, y todo por su empeño en cambiar el final.

Porque el problema no es simplemente el cambio de final, que podría ser más o menos acertado. El fallo es que para justificar ese final, durante toda la cinta se van colando pequeños cambios, con calzador, que sólo sirven para hacerla totalmente previsible (para el que haya leído la novela y para el que no). Y todo para montar un final alternativo, que por desgracia no aporta nada, desdibuja la moraleja, y obliga a meter giros innecesarios.

Laurie y Dan

Porque toda la escena de Karnak queda floja, en momentos incluso ridícula. Porque Bubastis Bubastic, que en la novela es una pista sobre el tipo de investigación a la que se dedica Adrian Veidt, se mete así, por la buenas, sin utilidad alguna, y desconcierta al que no ha leído la novela. Porque deja el tema del cáncer sin explicación.

Porque el nuevo desencadenante del final no justifica suficientemente que la historia acabe igual. Queda demasiado cogido con pinzas, y la película cierra dejando al espectador pensando “venga, hombre, tragedias a escala planetaria suceden cada día y esto no cambia“.

Y porque hay cosas que no funcionan en pantalla, pero Zack las mete. Aunque en el cómic tenga sentido, ver a tres científicos moviendo la manecilla de un reloj de cartón piedra es ridículo y le quita peso al mensaje. Tampoco funcionan los maquillajes… Nixon no parecía Nixon, y cantaba a látex de lejos.

Rorschach

En cuanto a interpretaciones, queda claro que Snyder no tiene un especial talento para sacar lo mejor de los actores. Salvo a ratos El Comediante y especialmente Rorschach (que para colmo pierde enteros con el doblaje), los personajes quedan muy lejos del espíritu original: deberían mostrarse amargados, desconectados del mundo y su propia historia, nostálgicos a la par que resentidos por su pasado. Pero aquí cada vez que hablan parecen estar sentando cátedra, como si se regocijaran de formar parte de un evento glorioso que, desde su punto de vista, no debería ser tal.

Así que, como al final con lo único que disfruté es con ver reflejadas en pantalla viñeta tras viñeta, pero no con la película en sí, en conjunto no me parece satisfactoria. ¿La vería otra vez? Mejor releería la novela.
Review Watchmen
Eso sí, tengo que reconocer que mi opinión sobre los My Chemical Romance ha mejorado mucho. Aunque la versión del ‘Desolation Row‘ me sigue pareciendo desoladora, tuve que reírme al entender su gran sentido del humor, al recordar sus declaraciones: el tema “es una parte integral del final de la película, lo que hace que se me ponga la piel de gallina“. Suena durante los títulos de crédito…

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Alkar @bidorto

Vivo en las afueras de Málaga. El tiempo que me deja libre mi trabajo como analista acústico me gusta dedicarlo a la subcultura. No recuerdo cuando empecé a leer cómics pero por casa, en Jerez, siempre hubo tomos de Asterix y grapas de Mortadelo. Lo que realmente me abrió a la cultura alternativa fue una partida de Star Wars d6. Al poco estaba en la reunión inaugural del Club Dragom, en Jerez. Gracias a este grupo montamos varias jornadas y pude probar de todo: MERP, Rolemaster, Ragnarok, Runequest, AD&D, La Llamada de Cthulhu, Cyberpunk, Vampiro, Lobo, Mago, Fanhunter, Shadowrun, Mutantes en la sombra, Magic, Battletech, Mechwarrior, Warhammer… hasta ¡Niños!, El Juego de Rol de los Niños de Goma. En esa época me volví irremediablemente Tolkiendili, y adicto a la literatura épica y fantástica. Poco antes de mudarme a Málaga me presentaron a Pratchett, y comenzó la caza de ejemplares descatalogados en ferias de ocasión. Increíblemente, encontré a una malagueña que, sin ser rolera, comparte muchos de mis gustos y hace chistes sobre la Patrulla X. Aceptó casarse conmigo, aunque no me dejó cortar la tarta con Nársil. “Mola, pero es un muy grande. Quizás un sable de luz…”

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