‘Super 8’: un delicioso espectáculo ochentero

Super 8

Creo que elegir un cine antiguo para ver ‘Super 8’ ha sido una decisión acertada. Encajan a la perfección un cine sin gradas y una película que bebe del estilo de las clásicas películas de aventuras palomiteras de los ochenta, lo que nos ayudó a sentir una inmersión total en ese espíritu. El resultado es que disfrutamos como cuando vimos ‘Los Goonies’ con ocho o nueve años.

Porque no es complicado hablar de ‘Super 8’ si lo hacemos enumerando sus influencias. Un toque de aventuras, al estilo de la búsqueda del tesoro de Willy el Tuerto. Una pizca de sucesos inexplicables, como en ‘Encuentros en la Tercera Fase’. Grupos militares del gobierno mareando a la población y a los jóvenes héroes como en ‘E.T.’. Unos chicos que deciden investigar por su cuenta y a espaldas de sus padres, como en ‘Los Exploradores’.

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Y visualmente, perfecta. La fotografía no dista mucho de cómo Spielberg y sus discípulos rodaron gran cine de aventuras hace casi 30 años, con la salvedad de que los medios técnicos actuales permiten que los efectos especiales sean más realistas. Sin embargo, se mantienen ciertas imperfecciones en la imagen, como aberraciones cromáticas y algo de grano en la imagen para que tengas la sensación de haber viajado al pasado.

De la historia poco o nada os quiero contar. Lo que ya sabéis es más que suficiente: un grupo de amigos está rodando un corto, una historia de zombis. Un investigador, la planta de productos químicos Romero (guiño, guiño), poco presupuesto y muchas ganas. Mientras ruedan una escena ven pasar un tren, y cómo una camioneta lo hace descarrilar.

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A partir de ahí, comienzan a suceder fenómenos extraños en el pueblo: desapariciones, accidentes… Y el grupo de militares que llega para despejar la zona tiene una pinta muy sospechosa. Mientras, los chicos siguen tratando de rodas su corto, pero pronto tendrán que centrarse en investigar qué es lo que tratan de ocultar los militares.

Cuenta con la ventaja de otras joyas palomiteras, eso sí, pues los medios en el apartado de efectos especiales hacen que sea mucho más realistas que otros clásicos. Aunque no por ello ‘Super 8’ se sustente en los efectos por ordenador, ni mucho menos: en realidad, la mayor parte del trabajo en este campo es “vieja escuela”, pues se insinúa casi siempre y se muestra sólo cuando es estrictamente necesario.

Pero no es perfecta. Parece la confirmación de que Abrams es un genio diseñando el camino, pero una vez que tiene encarrilada la historia no es capaz de cerrar con contundencia. Cae en tópicos que, de ser otra película, la harían desmerecer por completo.

Super 8

Por suerte, en ‘Super 8’ los tópicos del género son recibidos con la satisfacción de saber que estamos viendo un homenaje a todos esos tópicos. Aún así, es una pena que el cierre de la historia se haga con precipitación. Después de haber disfrutado de un gran paseo durante la exposición de la trama, no habría importado un poco más de tiempo o esfuerzo en el desenlace.

Eso sí, no esperéis misterios incomprensibles e inexplicados. Todo en la historia queda claro, no hay subtramas que se queden abiertas y hagan trizas la mente del espectador mientras trata de descifrar complejos patrones para entender la historia: aquí se viene a disfrutar, no a pensar.

Super 8

Es más, buena parte de los elementos de misterio de la película terminan siendo meros macguffins que, pese a explicarse, sólo sirven para forzar al elenco a cumplir su destino heroico.

Abrams no se olvida de los fans, por supuesto, y algún efecto sonoro de ‘Lost’ se cuela por ahí, un ‘Joyería James Locke’ justo antes de los créditos, y la banda sonora es muy familiar al correr a cargo de Michael Giacchino.

Hay que destacar la interpretación de los protagonistas. Si no hubiéramos visto en su época todos los clásicos que he citado antes, podría parecer que los actores (y el doblaje) son regulares. Pero viéndolo en perspectiva, comprobamos que es el estilo típico de actuación de ‘Los Goonies’ o ‘Los Exploradores’, estilo que se ha mantenido en el doblaje.

Entendiendo esto, cobra más mérito la interpretación de los protagonistas, cuya edad no les permite haber disfrutado de esos títulos como a los de mi quinta. Lejos de chirriar, aumenta la sensación de nostalgia.

Super 8

A destacar especialmente Joel Courtney, que parece haber estudiado en la escuela con Sean Astin (Joe Lamb), o Ellen Fanning (Alice), la guapa e inaccesible chica que quién diría que es la hermana pequeña de Dakota. Riley Griffiths (Charles) borda el papel de “amigo gordito” alejándolo de la caricatura, rol que deja para el lucimiento de Ryan Lee (Cary), un Data amante de los explosivos que constantemente es el contrapunto del grupo.

En el apartado paterno, que a diferencia de las aventuras ochenteras aquí sí tiene peso en la historia, es Kyle Chandler (el asistente de policía Jackson Lamb) quien se encarga de que los padres no sean meros extras de playa justo antes de que salgan el barco de Willie entre las rocas y los créditos finales.

Review de Super 8: Cuatro estrellitas post-apocalípticas y media J.J. Abrams rinde homenaje al maestro del género, y la firma de Spielberg como productor es sobre todo una aprobación del trabajo bien hecho. Ver ‘Super 8’ es zambullirte en la nostalgia, disfrutar con el cine con la inocencia de cuando éramos niños. Es que hasta el cartel, pintado a mano, recuerda a los de Indiana Jones y el resto de los bombazos que sacaron Spielberg o George Lucas en esa década.

Por todo esto, ‘Super 8’ se ha hecho merecedora de cuatro estrellitas post-apocalípticas y media, con la tentanción de darle el trozo de la última, y el ZonaFandom Seal of Approval.

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Super 8: póster oficial

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Alkar @bidorto

Vivo en las afueras de Málaga. El tiempo que me deja libre mi trabajo como analista acústico me gusta dedicarlo a la subcultura. No recuerdo cuando empecé a leer cómics pero por casa, en Jerez, siempre hubo tomos de Asterix y grapas de Mortadelo. Lo que realmente me abrió a la cultura alternativa fue una partida de Star Wars d6. Al poco estaba en la reunión inaugural del Club Dragom, en Jerez. Gracias a este grupo montamos varias jornadas y pude probar de todo: MERP, Rolemaster, Ragnarok, Runequest, AD&D, La Llamada de Cthulhu, Cyberpunk, Vampiro, Lobo, Mago, Fanhunter, Shadowrun, Mutantes en la sombra, Magic, Battletech, Mechwarrior, Warhammer… hasta ¡Niños!, El Juego de Rol de los Niños de Goma. En esa época me volví irremediablemente Tolkiendili, y adicto a la literatura épica y fantástica. Poco antes de mudarme a Málaga me presentaron a Pratchett, y comenzó la caza de ejemplares descatalogados en ferias de ocasión. Increíblemente, encontré a una malagueña que, sin ser rolera, comparte muchos de mis gustos y hace chistes sobre la Patrulla X. Aceptó casarse conmigo, aunque no me dejó cortar la tarta con Nársil. “Mola, pero es un muy grande. Quizás un sable de luz…”

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