‘Sucker Punch’, mortalmente aburrida

Sucker Punch Zack Snyder

Samurais, mechas, dragones, zombies nazis y un plantel de bellezas que quitan el hipo bajo la batuta del director de ‘300’ y ‘Watchmen’. ¡¿Qué podía salir mal?! ¿Verdad? ‘Sucker Punch’ arranca con una original introducción en la que Zack Snyder juega con la idea de presentar a los personajes mediante un conseguido videoclip sustituyendo los diálogos por imágenes. Acto seguido se nos presentan los objetos, sí, los objetos, que tendrán un lugar importante en la trama; y a continuación, saltamos directamente a una prodigiosa secuencia de acción en la que nuestra pálida protagonista se enfrenta a tres samurais de cuatro metros de altura y mucha mala leche.

La secuencia se toma sus licencias y sienta las bases de lo que seguirá: lo que vemos no es real, todo está permitido. Un retaco de metro cincuenta puede resistir un puñetazo de una de estas bestias dejando un cráter en el suelo del impacto. La chica es como Neo en Matrix; dale una katana y una pistola y automáticamente será capaz de realizar toda clase de piruetas para encadenar un ataque imposible. Mola.

Lástima que la película termine aquí, apenas 30 minutos después de comenzar. Lo que sigue es una lamentable y quejosa repetición del esquema “secuencia de diálogo que no le importa a nadie” y “secuencia de acción cuyos mejores planos ya salen en el tráiler” para hilar un argumento que sobre el papel parecía una idea fandomeramente brillante (repito, ¡zombis! ¡nazis! ¡dragones! ¡samurais!… ¡y chicas salidas de un club de streepers!) pero que finalmente demuestra ser tan ridículo como aburrido. Mortalmente aburrido.

‘Sucker Punch’, anestesia en forma de fuegos artificiales

Sucker Punch Zack Snyder

Por mucho que resulte visualmente interesante, ‘Sucker Punch’ sufre de varios problemas de mayor o menor calado que condenan la cinta a un naufragio que ya parece estar produciéndose en la taquilla con una recaudación de tan sólo 19 millones de dólares, el peor estreno del director con una película de imagen real (sí, ‘La Leyenda de los Guardianes’ lo hizo aún peor aunque es con creces superior a la que nos ocupa). Snyder ganando puntos para ‘Superman’.

Que los personajes fuesen a tener más escote que carisma ya era previsible, pero lo que no tiene sentido es que lleguemos a empatizar más con el dragón al que se enfrentan en cierto momento (después de que le rajen el cuello sin piedad a su indefensa cría) que con estas amazonas de catálogo de Chanel. También era previsible que la historia fuese simplona, pero es que la excusa por la que nos hacen saltar de un templo budista con samurais armados con Miniguns al medievo con bombarderos roza la nada, el vacío más absoluto adornado con una narración en off molestamente pretenciosa que trata de hacernos creer, sin éxito, que detrás de un argumento escrito en la servilleta de un bar existe una profunda fábula sobre… sobre… sobre nada.

Sucker Punch Zack Snyder

Pero lo más grave no es esto. Como digo, tampoco podíamos engañarnos… Lo más duro de sobrellevar es que los 109 minutos de ‘Sucker Punch’ se hacen eternos. La película es aburrida con avaricia y si las escenas del “manicomio” son capaces de tumbar al más despierto, unas escenas de acción bastante manidas tampoco ayudan a digerir la pócima. Por cierto, ¡vivan las concesiones al organismo calificador! En cuanto el personaje de Scott Glenn (“el hombre sabio”, responsable de algunas de las mayores chorradas del guión) nos cuenta que los nazis han devuelto a la vida a sus muertos con engranajes y vapor inmediatamente piensas “es decir, que no habrá nada de sangre cuando los acribillen a balazos”… ¡exacto! Bendito PG-13.

¿Mi consejo? Alejaros de esta película tanto como podáis. Es la encarnación del mal.

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Miguel Michán @miguelmichan

He visto más películas de ciencia ficción y terror de las que mis padres deberían haber permitido. He pasado noches en vela encarnando a un poderoso mago neutral malvado. He llorado con algún que otro juego de Square. Y hasta llegué a convertir mi pasión por el manganime y la cultura japonesa en una forma de ganarme la vida cuando, en Noviembre de 2000, creé Shirase, una revista especializada que dirigí durante tres años mientras colaboraba en las revistas Dokan y Minami. Así que sí, puede decirse que llevo con orgullo eso de ser un friki como la copa de un pino. ¡A mucha honra!

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