‘Star Wars: Episodio VIII – Los últimos Jedi’, renovación

¿Ha habido durante 2017 alguna película más esperada que esta? Lo dudo ¿Ha habido alguna que vaya a ser sometida a un mayor escrutinio por parte del fandom? Lo dudo aún más ¿Y ha habido alguna a la que sus millones de seguidores estén dispuesto a perdonarle menos? Ni en broma.

Con esto en mente, y las muy diversas opiniones que ya puede uno encontrar por la red y que, como siempre, van desde calificar a ‘Star Wars: Episodio VIII – Los últimos Jedi’ (‘Star Wars Episode VIII: The Last Jedi’, Rian Johnson, 2017) —de ahora en adelante ‘Ep.VIII’— de obra maestra a tacharla de basura inmunda; nos enfrentamos hoy a la tarea de discernir cuán cerca esta la última entrega de la franquicia creada por George Lucas de uno u otro extremo del espectro intentando aportar más razones para ello que las que se suelen hallar en los encendidos comentarios que la han elevado a los altares o arrastrado por el lodazal. Pero como sé que muchos no pasarán de los primeros renglones y estarán ya pensando que qué titular más ambiguo, vaya por delante que mi opinión se encuentra mucho más cerca de los que afirman que estamos ante la primera/segunda mejor película de la saga galáctica que de la de aquellos que se han sentido hasta ofendidos por el soberbio trabajo de Rian Johnson.

Un arranque asombroso

Dicho lo anterior. Desmenucemos de una forma muy poco habitual en este redactor lo que cabe encontrarse en ‘Ep.VIII’, una cinta sobre la que las expectativas a nivel general —que no personal— eran muy elevadas por saber si lo que el realizador de ‘Looper’ (id, 2012) habría conseguido era realmente de tanto calado como para que Disney haya confiado en él la tarea de levantar una nueva trilogía al margen de la que acabará en 2019 con la novena entrega dirigida por J.J. Abrams. Y si esta entrada va a tener una estructura poco habitual es debido a que voy a abandonar mi forma genérica de hablar de un filme en su totalidad para enfocar mis apreciaciones sobre la nueva aventura galáctica atendiendo a sus tres actos y a cómo funcionan cada uno de ellos.

El comienzo de ‘Ep.VIII’ no puede ser más enérgico ni buscar dejar epatado al espectador con más ahínco. Haciéndose eco en cierto modo de lo que Lucas filmó para la apertura de ‘Star Wars: Episodio III – La venganza de los Sith’ (‘Star Wars: Episode III – Revenge of the Sith’, 2005), la confrontación entre las fuerzas de la Primera Orden y las de la Rebelión sobre los cielos del planeta donde ésta tiene su base secreta es de esas secuencias que te entrecorta el aliento, que no da descanso alguno y que ya deja ver muy claro el que va a ser uno de los valores fundamentales de las dos horas y media de metraje: la dirección de Rian Johnson.

Resulta asombroso que el cineasta, que sólo cuenta en su haber con tres filmes, dos de ellos muy modestos, haya sido capaz de cargar sobre sus hombros el peso de una superproducción de la que aún no se han revelado cifras pero que, suponemos, habrá supuesto a las arcas de Disney algo más de 200 millones de dólares. Sin acobardarse no ya ante lo titánico de sacar adelante un presupuesto tan mastodóntico, sino de aceptar de forma tácita ser el potencial blanco de las iras de millones de personas en todo el mundo, Johnson concreta una dirección impecable y modélica, que mezcla en su narración intensidad, brío, claridad, potencia y que nunca se da por vencida en la búsqueda de nuevas soluciones que sorprendan al que se sienta cómodo en su sala de cine.

Ejemplos de ello hay incontables a lo largo de los 150 minutos de proyección, y citarlos no haría más que incurrir en ciertos destripes que quiero evitar a toda costa, así que baste con decir que, tanto en esa batalla inicial, como en una hora final que suma, suma y vuelve a sumar, no debería extrañaros si vuestra mandíbula se desploma o si, de repente, sentís la imperiosa necesidad de aplaudir desaforadamente ante alguno de los hallazgos visuales que ‘Ep.VIII’ nos ofrece. Y no, no me he olvidado del núcleo central de la narración. De hecho, pasemos a hablar de él.

Cuando menos hubiera sido mucho más

Si hay algo que se puede decir del acto intermedio de ‘Ep.VIII’ es que no funciona. Maticemos. Quizá no en su totalidad, pero si en una buena parte del mismo, lo que Johnson nos narra acerca de según que personajes, resulta, como poco, prescindible: colocados Finn y Poe Dameron por una parte, y Rey por otra junto a Luke, lo que respecta al maestro Jedi y a su potencial aprendiz es impresionante, y todo lo que transcurre en Ahch-To, la isla donde Skywalker se había refugiado, comienza poco a poco a desmontar parte de la mitología que las dos trilogías previas se habían afanado en construir. Un trabajo éste que, junto a lo que trasciende en la parte final, nos lleva a apreciar, y mucho, lo que han dejado hacer al cineasta y la forma en la que quiere renovarse la savia de una franquicia con cuatro décadas a sus espaldas.

Es pues lo que compete a Finn, Dameron y a esa nueva incorporación a la primera fila de la acción que es el personaje interpretado por Kelly Marie Tran, lo que servidor, bien habría recortado, bien habría contado en modos más atrayentes. De hecho, si precisamos aún más —y tranquilos, que seguimos sin destripar nada—, si lo que corresponde al personaje de Oscar Isaac todavía puede revestir cierto interés gracias a lo que se abunda en la personalidad del piloto y a su interacción con Leia; es cuando la atención de la acción pasa a Finn —el personaje de ‘Episodio VII’ sobre el que menos se trabaja— y Rose cuando ‘Ep.VIII’ se siente desde la butaca como estirada de forma innecesaria, y la visita de ambos a cierto planeta, y todo lo que allí transcurre no podría ser menos sugestivo.

De acuerdo, no llega a conseguir que miremos el reloj, pero sí a que percibamos como el tiempo comienza a prolongarse y a que queramos que el natural discurrir de la trama nos devuelva, ya a la flota rebelde ya, sobre todo, a las rocas y mares de una isla en la que tanto Mark Hamill como Daisy Riley componen a unos Luke Skywalker y Rey fantásticos. Con el primero concretando la que es, sin duda alguna, su mejor y más efectiva versión del legendario personaje, es la segunda, y su relación con el Ben Solo/Kylo Ren de Adam Driver la que roba el mayor protagonismo y la que abre unos 60 minutos finales que son de auténtica locura.

La madre de todos los finales

Habría tanto que desmenuzar sobre el trecho final de ‘Ep.VIII’ y tantos detalles que revelar sobre todo lo que en él transcurre, que sería imposible aproximarnos a este último tramo de la entrada sorteando unos spoilers del tamaño de un superdestructor. Como quiera que en los párrafos anteriores he intentado pasar de puntillas por todo lo que sea desvelar más de la cuenta, intentaré ser lo más vago posible a la hora de cantar las alabanzas sobre esa hora en la que ‘Ep.VIII’ se sacude el lastre de sus pequeñas fallas intermedias y, apostando el todo por el todo, nos regala un espéctaculo digno de ser encumbrado como lo mejor que hemos visto este año en una sala de cine.

Es más, resulta de lamentar el que, sino fuera por las tres tonterías que no funcionan, no nos encontremos en posición de poder afirmar con contundencia —como hubiéramos querido hacerlo de tener sólo que calificar el tercer y prolongado acto— que estamos ante una cinta que rivaliza por ser la mejor de la saga junto a ‘Star Wars: Episodio V – El imperio contraataca’ (‘Star Wars: Episode V – The Empire Strikes Back’, Irvin Keshner, 1980), filme que sigue manteniéndose incólume como el instante de mayor relumbre de la franquicia.

Tirando la casa por la ventana, todo, absolutamente todo lo que Johnson propone en la conclusión de ‘Ep.VIII’ es, antes que cualquier otra disquisición, apasionante: desde la alternancia de acciones —ahora sí, todas tremendamente seductoras—, pasando por lo que atañe a cada personaje, la manera en la que el cineasta rueda las secuencias de acción o la forma en la que rinde homenaje tras homenaje al espíritu de la saga galáctica, TODO lo que sirve para llenar el envite final de la cinta está puesto ahí con una sola idea en la cabeza: que los que llevamos toda nuestra vida vibrando con las aventuras en una galaxia muy, muy lejana, nos quedemos con los ojos como platos.

Embargados por la emoción que dimana de ciertos personajes, por el uso de una música que, sí, es una suerte de “greatest hits” de lo que John Williams ha dado a lo largo de siete películas pero que, no obstante, funciona a las mil maravillas y por cómo se deja planteado el conjunto para que se cierre una historia que, cuando así lo haga, habrá tardado cuarenta y dos años y nueve películas en tomar forma completa, ‘Star Wars: Episodio VIII – Los últimos Jedi’ es el primer y decisivo movimiento, lo apuntábamos más arriba, en el proceso de renovación de la mitología de tan longeva serie. Una mitología que aquí da sus primeros pasos para admitir otras opciones que no pasen por los Jedi y que encuentra en Rian Johnson un campeón que ha elevado el listón a una altura asombrosa. Ver como el gran J.J. Abrams intenta superarlo es una perspectiva tan excitante que tener que esperar dos años para saber qué ocurrirá con el noveno y último episodio se va a antojar interminable. Afortunadamente, para paliar tamaño “sufrimiento”, en poco más de cinco meses tendremos al joven Han Solo en las pantallas. Hasta entonces…MAY THE FORCE BE WITH YOU.

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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4 Comentarios

  1. Por mi parte, estoy muy de acuerdo en que se trata de una renovación. Uno a uno todos los símbolos de conexión con el pasado van cayendo inexorablemente atrapados por el paso del tiempo (como una nave que los persigue inexorablemente…esa metáfora me parece excelente). Sin embargo, me parece que esta película es original por contraposición. Hay un montón de escenas que parece que ya hemos vivido antes pero que acaban de manera diferente. ¿Sorprende? Por supuesto. ¿Era necesario? Seguro. Mi punto es que ahora que todo se ha quedado en una tábula más rasa, tengo curiosidad por ver qué se hace en el Episodio IX, pero no puedo considerar obra maestra a algo que sorprende por casi repetir esquemas pero no.

    Por otro lado, hay una cosa que me ha hecho descubrir una virtud de las precuelas. En las primeras películas, el mundo a la vista era pequeño por razones de presupuesto y limitaciones técnicas. Nuestra imaginación rellenaba los enormes huecos que había. Sin embargo, las precuelas crearon un universo visual completo y, cuestiones de guión aparte, hacían que ese universo fuese evidente, complejo y atractivo. En la nueva trilogía no se ven planetas, sino pueblos. No se ven ciudades, sino barrios. Las naves, sí, eso está claro.

    En cualquier caso, es muy disfrutable y estoy con muchas ganas de ver qué pasa ahora.

    • La virtud que aprecias en las precuelas es de las pocas que se pueden salvar del sinsentido de las mismas.

      En cuanto al Episodio IX, habrá que ver qué hace J.J…esperemos que no sea resucitar a los Ewoks…XD

  2. Bravo, una reseña apasiomada y sin spoilers. No puedo coincidir más contigo, no suelo leer críticas antes de ver películas para no sugestionarme y de paso disfruto más leyéndolas una vez sabiendo de que hablan.

    Bien por esa división en tres actos porque resume bien el devenir de la cinta.

    Mientras la veía no paraba de pensar en el fabuloso trabajo de dirección, menudo crack este Ryan Johnson que por cierto no conocía.

    No dices nada de la fotografía y a mi me parece extraordinaria, en la hora final pensaba que es posiblemente la película de Star Wars más bonita visualmente. Y la batalla final me recordó a las sensaciones que sentí viendo Mad Max (la nueva).

    Un atrevimiento, buscar nuevas vías de desarrollo, sorprender, este tío ha tenido muchos huevos y se lo han permitido. Lástima que no dirija el siguiente, miedo me da que JJ sea demasiado conservador como en el espisodio VII.

    No entiendo las quejas de Mark Hamill sobre el personaje (creo que ha sido un truco promocional), porque le han regalado el mejor papel de su carrera. Luke es la película y su simbolismo.

    En la escena final lloré de la emoción, es la primera vez que me pasa desde que vi de niño la trilogía original.

    • Muchas gracias Leamonde.

      Si no conocías a Johnson, te recomiendo encarecidamente que veas ‘Looper’, su anterior filme. Una propuesta de ciencia-ficción soberbia con Bruce Willis y Joseph Gordon-Levitt.

      Comparto tu temor acerca de lo que J.J pueda hacer con el IX si, como bien piensas, se vira de nuevo hacia algo más “tradicional” como lo que nos ofreció ‘El despertar de la fuerza’ máxime si Disney prefiere evitar la muy injustificada ola de odio que ha recibido el VIII.

      Y sí, lo de Hamill huele a maniobra comercial por los cuatro costados porque, como bien dices, lo de Luke en esta cinta es espectacular.

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