‘Spiderman: Turn off the dark’, un preestreno prometedor pero lleno de fallos técnicos

Imagen promocional del musical 'Spiderman: Turn off the dark'

El preestreno de ‘Spiderman: Turn off the dark’ ha provocado sentimientos enfrentados entre los asistentes. Este mega-musical, con partitura de Bono y The Edge, y cuyo presupuesto se ha inflado hasta los 65 millones de dólares, ha levantado tantas expectativas como abultados son sus costes.

La complejidad técnica del espectáculo ha provocado grandes retrasos, aumentando la incertidumbre sobre el proyecto. Estos son los principales motivos que la han llevado a duplicar en presupuesto al que era el musical más caro hasta la fecha, ‘Shrek’. De hecho, los productores avisaron que durante el preestreno podrían producirse algunas pausas por motivos técnicos, puesto que había mecanismos que aún no funcionaban todo lo fino que deberían.

No se imaginaban hasta qué punto esa preocupación era certera. De hecho, el espectáculo comenzó con un retraso de casi media hora, en parte por lo que tardaron en sentarse los 1900 asistentes a la obra. ‘Spiderman’ comienza presentándonos al Peter Parker pre-picadura arácnida, así que como es lógico, durante esta introducción apenas hay efectos especiales que justifiquen el presupuesto. Unos 30 minutos de musical “normal”, sin casi efectos.

Tras eso, por fin la gente pudo disfrutar de efectos increíbles. Pero tras una hora y media de musical, Peter dió un salto imposible en su habitación… primera gran escena aérea, y primer parón de los cuatro que tendría sólo el Acto I.

Los espectadores tuvieron que esperar un par de minutos a que lograran desenganchar del arnés al actor que encarna al reportero. Eso sí, la mayoría de escenas de vuelo funcionaron a la perfección, sin que se abusara demasiado de este tipo de efectos durante la representación.

Imagen promocional del musical 'Spiderman: Turn off the dark'

El Acto Primero acaba con una situación ridícula

En la siguiente pausa, un responsable de producción pidió al público un fuerte aplauso para Natalie Mendoza, actriz de impresionante voz que encarna a la villana Arachne, y que ese momento llevaba colgada unos seis minutos. En el tercer parón el actor Patrick Page, Duende Verde, improvisó repitiendo algunas de las estrofas de uno de los temas que canta.

Pero el peor fallo con diferencia fue el cuarto de ese Acto I, que además supuso el final del mismo. Spiderman acababa de aterrizar en el escenario con Mary Jane Watson en sus brazos. Se suponía que debía saltar a la zona de platea del teatro, a unas decenas de metros de allí. Pero en lugar de eso, los cables le levantaron y le dejaron colgando unos metros por encima del público, cual piñata. El responsable de producción de antes avisó por megafonía de una pausa por motivos técnicos.

Varios miembros del equipo técnico, desde el escenario, intentaban alcanzar al actor colgante por los pies, sin éxito, para descojone general del público que en cada intento fallido gritaba “¡¡¡UUUUUY!!!” en inglés (que se dice casi igual que en castellano). Finalmente lograron cazar a la araña (no sabemos si usando espuma de afeitar) y se encendieron las luces. Así acabó el primer acto, con una redefinición del concepto cliffhanger en toda regla.

La pausa se alargó más de media hora, y el público empezó a tocar las palmas para entretenerse y reclamar el comienzo del Acto II. De nuevo, el responsable de producción tuvo que decir por megafonía “Lo sé, chicos, lo sé, os rogamos un poco de paciencia”.

Imagen promocional del musical 'Spiderman: Turn off the dark'

En el Acto II, la técnica mejora, el argumento empeora

El Acto II comenzó a las 9 de la noche. Sus primeros 50 minutos se desarrollaron a la perfección. En ese momento, el responsable de producción (al que algunos ya consideraban como un miembro más del reparto), avisó de otra pausa técnica. Una mujer aprovechó para gritar “¡Me siento como un conejillo de indias, esto parece una prueba de vestuario!”. Esperaba algo de apoyo, pero del resto de la audiencia sólo recibió abucheos.

Al final, el espectáculo acabó pasadas las 10 de la noche, tras más de tres horas desde su inicio. Como era de esperar, los sentimientos del público se debatían entre lo grandioso del espectáculo en sí y las calamidades técnicas. Una cosa es que te avisen de que puede haber fallos, y otra es ver a cuatro pipas intentando agarrar a Spidey-piñata por los pies, eso te marca de por vida.

Al menos, el segundo acto sirvió para que los espectadores tuvieran una idea de cómo sería el espectáculo, una vez que los técnicos logren que los mecanismos no se atasquen la mayor parte del tiempo.

Bueno, y la obra en sí, ¿qué tal está?

La opinión más generalizada es que el espectáculo es grandioso, muchos de sus efectos jamás se habían visto en Broadway. Pero a la hora de recomendar a otros a que asistan, coinciden en lo mismo: “mejor esperen a que resuelvan todos esos problemas técnicos“.

El argumento es próximo a la primera película de Spiderman, más que a los cómics. De hecho, hay algunos fallos de esos que los fans acérrimos no se explican, como que Peter acude a un instituto y universidad diferentes a las del cómic. Hay dos villanas creadas ex profeso para el musical, la ya mencionada Arachne y otra llamada Swiss Miss, acompañadas de un buen surtido de malotes bien conocidos: Duende Verde, Masacre, Kraven, el Lagarto, Electro, Enjambre, Martillo…

Imagen promocional del musical 'Spiderman: Turn off the dark'

La banda sonora rezuma estilo U2 por todas partes, aunque me ha resultado curioso que la gente no ha insistido demasiado en la calidad de los temas. Tampoco la han criticado, simplemente se han centrado en el argumento y en los aspectos técnicos. Habrá que escuchar los temas para poder opinar mejor sobre este importante aspecto.

El primer acto es sobresaliente, cargado de acrobacias, con Spidey volando sobre el público, aterrizando en el escenario y en las plateas. El Duende Verde y Spiderman mantienen una lucha en el aire sobre los espectadores, y éste llega a saltar sobre la espalda de Osborn (No es spoiler, sabías que era él, ¿no?) durante el vuelo. Los cables de los arneses son utilizados como si fueran los hilos de araña, formando parte del personaje en lugar de tener que disimularlos.

Los efectos especiales incluyen brutales cambios de perspectiva. Spidey y el Duende luchan en la cima del edificio Chrystler, y todo el edificio gira durante un salto de tal forma que pasa a apuntar al público, lo que causa un gran impacto visual.

La obra tiene momentos “rarunos”

El segundo acto pierde fuelle. Aparecen muchos villanos, pero con poco peso en la historia. Demasiada proporción de los efectos especiales se basan en proyecciones que narran la historia, más que en las actuaciones. Spidey lanza sus hilos a las proyecciones, como si quisiera pasar así las diapositivas de un PowerPoint. Hay una especie de desconexión argumental, y demasiado cambio de ritmo y bajada de espectacularidad entre ambos actos.

Hay dos puntos llamativos que discurren lateralmente a la actuación, en el mismo escenario. Por una parte, el guitarra y el bajista de la orquesta permanecen en el escenario, tocando durante toda la obra. Es como si Bono y The Edge quisieran participar en ella, y reservarse un hueco por si les da un día por pasarse por el teatro. El guitarra se llevó un golpe durante la actuación, pero mantuvo la compostura como un machote.

El otro es el “coro de geeks”. Hay cuatro chavales que actúan como narradores de la historia, rellenando huecos de escenas que no son representadas. El problema es que en ciertas escenas interactúan con Spiderman y Duende Verde, lo que es un poco confuso. Para colmo, van caracterizados en plan “indie/emo”, y no representan demasiado bien a “fans de Spidey”. Tiene fácil arreglo, de todas formas.

Spiderman Turn off the dark

¿Triunfará? ¿Quebrará?

Es pronto para saberlo. Si consiguen resolver los fallos técnicos, es posible que aguante lo suficiente como para al menos recuperar el dinero. No hay tiempo para resolver fallos argumentales graves, pero si para limar algunos aspectos menores.

El principal problema de la obra es que tiene que tapar un agujero de 65 millones de dólares, más los costes rutinarios que vaya generando. Para que os hagáis una idea, es lo que costó producir en su día películas como Broken Arrow, Apollo 13, Eyes Wide Shut o Matrix (sin tener en cuenta la inflación, eso sí). Las entradas van a ser algo caras.

Para lo que sí ha servido este pase es para despejar la gran duda: no es un auténtico desastre, hay muy buenas ideas, los efectos son extremadamente novedosos, y tiene momentos que pueden llegar a ser inolvidables, tan épicos como la lámpara de ‘El Fantasma de la Ópera’. Habrá que esperar para saber si será un desastre económico o una buena fuente de ingresos para sus (probablemente) insomnes inversores. El 11 de Enero de 2011 se abrirá el telón de forma oficial, y tendremos más pistas sobre su futuro.

Vía | New York Times (y 2), Bleeding Cool
En ZonaFandom | ‘Spiderman: Turn off the Dark’, primeras y repeluconas imágenes del musical, Spiderman: El Musical, ya tiene fecha (ja, qué ilusos por aquella época… lo comparto por la foto)

Etiquetas

Alkar @bidorto

Vivo en las afueras de Málaga. El tiempo que me deja libre mi trabajo como analista acústico me gusta dedicarlo a la subcultura. No recuerdo cuando empecé a leer cómics pero por casa, en Jerez, siempre hubo tomos de Asterix y grapas de Mortadelo. Lo que realmente me abrió a la cultura alternativa fue una partida de Star Wars d6. Al poco estaba en la reunión inaugural del Club Dragom, en Jerez. Gracias a este grupo montamos varias jornadas y pude probar de todo: MERP, Rolemaster, Ragnarok, Runequest, AD&D, La Llamada de Cthulhu, Cyberpunk, Vampiro, Lobo, Mago, Fanhunter, Shadowrun, Mutantes en la sombra, Magic, Battletech, Mechwarrior, Warhammer… hasta ¡Niños!, El Juego de Rol de los Niños de Goma. En esa época me volví irremediablemente Tolkiendili, y adicto a la literatura épica y fantástica. Poco antes de mudarme a Málaga me presentaron a Pratchett, y comenzó la caza de ejemplares descatalogados en ferias de ocasión. Increíblemente, encontré a una malagueña que, sin ser rolera, comparte muchos de mis gustos y hace chistes sobre la Patrulla X. Aceptó casarse conmigo, aunque no me dejó cortar la tarta con Nársil. “Mola, pero es un muy grande. Quizás un sable de luz…”

Compartir este Artículo en