Soy Leyenda: cuatro películas y un libro

Ayer se puso a la venta en DVD y Blu-ray Soy Leyenda, la historia de Robert Neville (Will Smith), probablemente el último superviviente de la raza humana después de que un virus modificado genéticamente en la búsqueda de una cura contra el cáncer escapara de todo control acabando con la mayor parte de la población mundial y convirtiendo al resto en unos seres ultraviolentos sensibles a la luz.

Probablemente la mayoría de vosotros ya habréis podido verla y tendréis vuestra propia opinión al respecto. La mía es muy clara y puede resumirse en dos palabras: «me encantó». Smith demuestra una vez más sus dotes para transmitir a la perfección los sentimientos de un personaje cuya cordura pende de un hilo, mientras que Francis Lawrence (Constantine) firma la dirección de una película que, pese a sus fallos, deja con ganas de más.

Soy Leyenda (Richard Matheson, 1954)

Publicada en 1954 por el escritor estadounidense Richard Matheson, la novela describe la soledad y desesperación del único hombre inmune a una pandemia vampírica que transformó al mundo entero, familiares y amigos incluidos. Su día a día transcurre eliminando metódicamente a todos los infectados que puede escudándose bajo la luz del sol, deshaciéndose de los cadáveres que aparecen rodeando a su casa cada mañana tras los ataques nocturnos (que alcanzan tan grado de violencia que se destrozan entre sí al no poder alcanzar a su presa), y continuando su infructuosa investigación en busca de una cura.

AVISO DE SPOILER. SÁLTA ESTE PÁRRAFO AL COMPLETO SIN NO QUIERES CONOCER LOS FINALES DEL LIBRO Y LA PELÍCULA. Las diferencias entre la novela de Matheson y la película de Lawrence son evidente. En la primera, gran parte de la trama se encarga de racionalizar y justificar desde un punto de vista científico la existencia de los vampiros y el origen de sus puntos débiles (el ajo a nivel químico, la fotosensibilidad en el orgánico o las cruces en lo psicológico… afectando estas últimas tan solo a los que en vida eran cristianos y ni tan siquiera a todos ellos), mientras que en la segunda se opta por una versión más moderna y animal que esquiva la mitología vampírica por completo. Pero el verdadero cambio está en el final, en el origen del título de una y otra versión. En la novela, Neville no se sacrifica por la humanidad convirtiéndose así en una leyenda (ni tampoco se libra de rositas como en el final alternativo), sino que justo antes de morir, alcanza la conclusión de que en un mundo donde él es el único hombre y todos los demás son vampiros, él es el monstruo, él es el ser de leyenda que asesina sin piedad a los vampiros aprovechándose de su reposo diurno.

Aunque Soy Leyenda sea posiblemente su obra más conocida, Matheson cuenta con un buen número de novelas (y guiones) que no deberían pasar desapercibidas para ningún aficionado a la ciencia ficción y/o el terror. Desde la fantástica El Hombre Menguante (adaptada en 1958 al cine en lo que se convertiría en un film de culto), o el relato en que se basó la no menos famosa El Diablo Sobre Ruedas, hasta La Casa Infernal (descrita por Stephen King como «la más estremecedora de cuantas novelas de casas encantadas se han escrito»). Todas son igualmente recomendables y forman la prueba sólida de su genio narrativo.

The Last Man on Earth (El último hombre sobre la Tierra, 1964)

La primera adaptación al cine de Soy Leyenda también es la más fiel hasta la fecha a la novela original, algo que probablemente esté relacionado con el hecho de que fue el propio Matheson quien se hizo cargo del guión. Curiosamente, en los títulos de crédito no figura su nombre sino el de Logan Swanson, seudónimo que decidió utilizar al tener que realizar algunas concesiones para satisfacer a la productora del film.

La película está protagonizada por Vincent Price en el papel del Dr. Robert Morgam (aún ando buscando el motivo del cambio), quien realiza una actuación muy convincente que, como ya comentó nuestro compañero Alberto de Blog de cine, destaca particularmente gracias a una escena en la que logra transformar progresivamente una risa histérica en un llanto desesperado. En definitiva, una película muy recomendable para todos aquellos que disfrutasen con la novela y no le tengan miedo a un poco de «cine viejuno» en blanco y negro (disponible para descarga directa desde archive.org).

The Omega Man (El último hombre vivo, 1971)

Sin duda, la peor versión de todas. Un remake de la película de Price protagonizada esta vez por Charlton Heston en la que todo atisbo de profundidad es reemplazado por chulería barata. Si a esto le sumamos un presupuesto paupérrimo, el peor maquillaje de la historia (mención especial para el «negro albino») y una banda sonora tan estridente y cutre que roza lo surrealista, obtenemos una película realmente prescindible de la que deberíais huir a toda costa.

Por cierto, aunque se mantiene parte del esquema general de la historia, la sombra de la guerra fría hace acto de aparición reemplazando la epidemia y los vampiros por una guerra nuclear y un grupo de mutantes (sospechosamente parecidos a los de la primera secuela del Planeta de los Simios) que rechazan todo tipo de tecnología.

I am Omega (Soy Omega, 2007)

Como no podía ser de otro modo, completamos este repaso a la novela de Matheson y sus adaptaciones cinematográficas con una reciente producción obra de esa gran compañía responsable de títulos tan emblemáticos como Transmorphers, Alien vs. Hunter o la inminente Allan Quatermain y el Templo de las Calaberas. Me refiero a The Asylum, una productora especializada en la realización de largometrajes de bajo presupuesto «inspirados» en superproducciones hollywoodenses que tienen como objetivo alcanzar el mercado del alquiler antes incluso que la obra que fusilan.

I am Omega es tan mala como cabría esperar y eso que protagonizando esta especie de mezcla infecta entre Soy Leyenda y El Amanecer de los Muertos encontramos ni más ni menos que a Mark Dacascos (Crying Freeman, Double Dragon). No termino de adivinar lo que pudo pasar por la cabeza de este hombre para participar en un proyecto de tan altas miras pero desde luego, no fue su ya de por si maltrecha carrera. Eso sí, al cesar lo que es del cesar, I am Omega no es tan mala como The Omega Man y al menos contiene alguna que otra escena de acción con una inevitable dosis de artes marciales.

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Miguel Michán @miguelmichan

He visto más películas de ciencia ficción y terror de las que mis padres deberían haber permitido. He pasado noches en vela encarnando a un poderoso mago neutral malvado. He llorado con algún que otro juego de Square. Y hasta llegué a convertir mi pasión por el manganime y la cultura japonesa en una forma de ganarme la vida cuando, en Noviembre de 2000, creé Shirase, una revista especializada que dirigí durante tres años mientras colaboraba en las revistas Dokan y Minami. Así que sí, puede decirse que llevo con orgullo eso de ser un friki como la copa de un pino. ¡A mucha honra!

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