Programa doble: ‘Sinister’ y ‘V/H/S’, el terror del «malrollismo»

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Volviendo a ver el otro día ‘La semilla del diablo’ (un filme por el que, salvo un par de detalles, no pasa el tiempo) caía en la cuenta de que si había algo que el cine de terror ha tendido a olvidar de un tiempo a esta parte es, precisamente, meter miedo en el cuerpo. Tanto gore, tanto slasher, tanto golpe de efecto sonoro, tanto trucaje de montaje, tanto artificio vacuo y tanta maldita franquicia con la que exprimir a la gallina de los huevos de oro han terminado por afectar a un género que tiempo ha dejó de darme las alegrías del pasado.

Es por ello que, por más que no se eleven como ejemplos sobresalientes (notable alto la mejor de ellas), el reciente visionado de ‘Sinister‘ y ‘V/H/S‘ me ha devuelto, aunque sólo haya sido gracias a una, la esperanza acerca de una posible recuperación de los mejores valores de las “pelis de miedo”.

‘Sinister’, una buena idea bastante desaprovechada

Un escritor de novelas de investigación criminal que lleva cerca de una década buscando el éxito que le devuelva a la posición que una vez ostentó se muda con su familia a una casa en la que, sin que su mujer y sus dos hijos lo sepan, murieron asesinados hace pocos meses los anteriores inquilinos, desapareciendo al mismo tiempo la hija pequeña de los fallecidos. Una caja con filmaciones súper 8 de asesinatos cruentos hará que el escritor se encuentre frente a frente a un poder demoníaco que no parará hasta conseguir lo que desea.

Con esta sinopsis y un tráiler que hace gala a manos llenas de ese “malrollismo” que indico en el título de esta doble crítica, se presentaba el pasado mes de octubre ‘Sinister’, el nuevo filme con el que Scott Derrickson quería hacer que el respetable se olvidara de los sinsabores de ‘El exorcismo de Emily Rose’ o el inane remake de ‘Ultimatum a la Tierra’.

Sinister

El problema es que, más allá de su atractiva premisa de partida y la correcta interpretación de Ethan Hawke, ni el guión ni la dirección de Derrickson saben aprovechar la potencialidad de ese demonio babilonio (¿porqué serán siempre sumerios o babilonios los demonios?) llamado Bughuul que devora las almas de los niños y, tras las primeras apariciones del mismo, que si consiguen asustar al respetable (y cómo), el personajillo de máscara blanca termina por parecer más un payaso demacrado que un ser del averno con muy malas intenciones.

Con tamaño escollo en contra, Derrickson acude a los inevitables golpes de efecto y a lugares comunes ya visitados con anterioridad por multitud de películas del género para construir un filme que se ve venir a la legua y que apoya sobremanera su efectismo en la intensa labor de Christopher Young en la creación de ambientes sonoros. Es esta previsibilidad la que resta, más que ningún otro valor de la cinta, a la capacidad de sorpresa que si atesora la acción en su primer tramo, y el metraje termina por convertirse finalmente en un viaje de impecable factura a ninguna parte que, parece ser, va a terminar dando a luz a una inevitable franquicia…en fin…

V/H/S, el poder del miedo en pequeñas dosis

Me acerqué con no pocas reticencias a ‘V/H/S’ debido, sobre todo, a la sobresaturación que en los últimos tiempos hemos tenido que sufrir de producciones con found footage. El alarde de originalidad que Mirick y Sánchez demostraron hace ya catorce años con ‘El proyecto de la bruja de Blair’ (una cinta tonta hasta decir basta) ha terminado provocando, aunque con efecto acumulado algo tardío, la proliferación de proyectos de esos rodados con cámara de video en mano.

Con ejemplos como ‘Monstruoso’, ‘Chronicle’ y la magistral ‘REC como los más notables dentro de lo que hemos podido ver, muchas y muy mediocres son las producciones que, con la saga de ‘Paranormal activity’ a la cabeza, han intentado aprovechar el tirón de esta forma de hacer cine que va camino de convertirse en un ¿sub-género? del terror.

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Así las cosas, podréis imaginar el estupor al comprobar como mi escepticismo inicial se terminaba convirtiendo en asombro al ir transcurriendo los 116 minutos que ocupan las seis historias de que se compone esta espléndida propuesta. Un filme que encuentra su mejor baza precisamente en que, auspiciados por el “todo vale”, cada uno de los relatos que lo compone carece de relación con los demás, siendo breves e intensas incursiones en ideas que, conscientes de sus limitaciones argumentales, no pretenden ir más allá de lo que pueden y se centran en atenazar de miedo al espectador lo más posible en sus pocos minutos de duración.

Sin querer entrar a valorar cada una de ellas por separado (os dejo el “mal rato” de descubrirlas a cada uno de vosotros) no puedo irme sin antes hacer mención especial a las tres historias que se alzan por encima de las demás: ‘Martes 17’, capaz de acojonar al más pintado y, sin duda, la mejor de todo el conjunto ; ‘Aquello enfermizo que le pasó a Emily cuando era joven’ con un giro intermedio tan inesperado como terrorífico, y la que cierra el metraje, ’10/31/98’ un gran ejemplo de que, con respecto a casas encantadas y exorcismos, todavía no está todo dicho.

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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