‘Predator’, añorando a MacTiernan

Como quedó claramente expuesto en las muchas líneas que le dediqué en su momento en Blogdecine —el actual Espinof— a la cinta original de 1986, ‘Depredador’ (‘Predator’, John MaTiernan) es tanto una de mis producciones predilectas de los años 80 como, a título personal, uno de los tres mejores filmes de ciencia-ficción y acción que se haya rodado jamás —los otros dos, por si alguien se lo pregunta, son ‘Aliens, el regreso’ (‘Aliens’, James Cameron, 1986) y ‘Al filo del mañana’ (‘Edge of Tomorrow’, Doug Liman, 2014).

Se lo coja por dónde se lo coja, ya hablemos de los actores, de la extraordinaria música de Alan Silvestri, del diseño de producción, del maquillaje o, sobre todo, de la superlativa dirección, el filme protagonizado por Arnold Schwarzenegger es una de esas rara avis por las que no pasa el tiempo, una propuesta que cabría calificar como clásico incontestable de su década y que sólo ha visto refrendada su tremenda validez y calidad a cada nueva incursión que la Fox ha planteado en una franquicia completamente disfuncional y poco afortunada que esperaba —y mucho— ver reivindicada con ‘Predator’ (‘The Predator’, Shane Black, 2018), la entrega que llegaba a los cines el pasado viernes.

A fin de cuentas, es a Shane Black al que la productora ponía al mando de una propuesta planteada desde sus comienzos como una suerte de homenaje/rescate a la película de la que él mismo formó parte como actor hace treinta años —el responsable de ‘Kiss, Kiss, Bang, Bang’ (id, 2005) o ‘Iron Man 3’ (id, 2013) era el miembro del equipo del “Chuache” que contaba los chistes acerca de su novia—; y la confianza en que el artista nos ofreciera un espectáculo a la altura estaba más que fundada dada la solidez de lo que ha conseguido en cualquiera de sus incursiones en la gran pantalla como realizador o, por qué no, en labores de guionista de títulos como ‘Arma letal’ (‘Lethal Weapon’, Richard Donner, 1987) o ‘El último gran héroe’ (‘Last Action Hero’, John MacTiernan, 1993). Desafortunadamente, el Black que aquí encontramos no es, ni de lejos, el que esperábamos encontrar.

Sí, no es complicado rastrear a lo largo del metraje las idiosincrasias más identificables de su cine —un niño protagonista al que no queremos “matar” de inmediato; un grupo completamente disfuncional que debe unir esfuerzos para superar lo insuperable…—. Y sí, el esfuerzo por crear una cinta que nos retrotraiga a los años 80 es encomiable, pero falla por completo cuando, por ejemplo, el guión se olvida de algo tan fundamental como desarrollar a los personajes más allá de sus esqueletos base, máxime si estos son meros arquetipos que, por mucho que estemos hablando de una mezcla entre acción y ciencia-ficción, necesitan de cierto despliegue para, no sé, ¿lograr conectar con el público?

‘Predator’ se queda a leguas de conseguirlo, ya sea por la inexistente de la personalidad de sus caracteres —atención, por favor, a esa bióloga a lo G.I.Jane que encarna Olivia Munn—, ya por la elección de un reparto que no convence —el único que lo hace es el joven Jacob Tremblay, el chaval no “hostiable” de la proyección— ya porque, seamos francos, la dirección de Black es un batiburrillo poco claro que hace del obscurantismo expositivo su máxima a lo largo del metraje. Y no estoy hablando del montaje o de las injerencias que han hecho de este proyecto un verdadero infierno en términos de producción —según parece, ‘Predator’ ha sido salvajemente mutilada en la sala de montaje, eliminando por completo sub-tramas y personajes—, me refiero a unas decisiones narrativas que en todo momento se antojan equivocadas y que brillan, en términos negativos, cuando de resultar estimulantes en las secuencias de acción se trata.

Para colmo, la partitura de Henry Jackman no hace sino fusilar las ideas ya planteadas por el score de Silvestri hace tres décadas, y cuando escuchamos los temas escritos por el músico original “reinterpretados” de cualquier manera sin que el maridaje con las imágenes adopte el matiz de compromiso que sí tenía entonces, salir de la proyección empujado a empellones es algo que cuesta bastante trabajo evitar. Vale, no todo es negativo, hay algún chiste afortunado y algún instante notable, pero quedan diluidos en un conjunto carente de personalidad y con un final abierto de esos de rizar el rizo ante el que sólo cabe cruzarse de brazos en señal de indiferencia y afirmar “hasta aquí hemos llegado”*

* Que sí, que si hacen dentro de unos años otra película con los depredadores alienígenas volveremos a picar pero, por ahora, permitidme que me deje llevar por mi “derecho a la pataleta”.

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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