‘Mula’, el regreso de Clint

Con el cine de Clint Eaastwood siempre me ha pasado un poco de lo que cabría afirmar sobre el de Woody Allen, esto es, que las únicas películas suyas que me gustan son aquellas en las que el veterano actor y cineasta se dirige a sí mismo. Es más, es que las similitudes entre uno y otro artista son aún mayores por cuanto, de sus respectivas filmografías, sólo llegaría a apuntar a dos títulos que, no contando con ellos como protagonistas, consideraría imprescindibles —por si a alguien le interesa, en Allen esas dos películas serían ‘Balas sobre Broadway’ (‘Bullets Over Broadway’, 1994) y ‘Midnight in Paris’ (id, 2011) y en Eastwood, ‘Mystic River’ (id, 2003) y la magistral ‘Cartas desde Iwo Jima’ (‘Letters from Iwo Jima’, 2006).

Así las cosas, la última cinta firmada por el duro por excelencia de Hollywood que acudí al cine a ver con ciertas expectativas fue ‘Más allá de la vida’ (‘Hereafter’, 2010) y tamaña fue la decepción que, desde entonces, había optado por saciar mi hambre puntual de la forma de hacer cine del realizador con algunos de sus más deslumbrantes «clásicos», esos que, de nuevo, protagonizaba y dirigía y que, a todas luces, son hitos tan significativos como ‘Sin perdón’ (‘Unforgiven’, 1992), ‘Million Dollar Baby’ (id, 2004) o ‘Gran Torino’ (id, 2008), el filme que se suponía despedida del Eastwood actor. Una despedida que tardó en ser anulada por el estreno cuatro años más tarde de esa tontería llamada ‘Golpe de efecto’ (‘Trouble with the Curve’, Robert Lorenz, 2012) y que ahora, con ‘Mula’ (‘The Mule’, 2019) encuentra, más que un revivir, una suerte de epitafio del personaje que, a fin de cuentas, Eastwood ha llevado a las cotas más altas del séptimo arte: el del antihéroe.

Creo que sobrarían aquí referencias a las muchas y muy diversas formas en las que el artista ha llegado a encarnar al prototipo de hombre de vuelta de todo que hace lo que quiere, como quiere y cuando quiere y a cuyos pies resulta inevitable caer rendido porque, en el fondo —y muchas veces en la superficie, qué demonios— sabemos que tiene un corazón enorme; y porque, no tan en el fondo, compartimos ese sentido de la justicia tan particular y personal que, por traer el discurso a un nombre muy cercano, demostraba su inconmensurable Walt Kowalski en ‘Gran Torino’, aquél anciano amargado y resentido contra el mundo al que aún le quedaban muchas y muy valiosas lecciones que impartir.

No muy lejos de él está el Earl Stone de ‘Mula’. De hecho, en una repetición infrecuente en la filmografía de Eastwood como director, es el mismo guionista de ‘Gran Torino’, Nick Shenk, el que da forma cinematográfica al artículo del New York Times Magazine ‘The Sinaloa Cartel’s 90-Year Old Drug Mule’, la historia real tras una ficción que, alterando ciertos detalles y dramatizando otros, sigue lo redactado por Sam Dolnick para la revista del legendario rotativo. De hecho, de haberlo seguido más al pie de la letra, es posible que hubiéramos tenido la oportunidad de disfrutar de un filme de mayor solidez y más limitado desequilibrio que el finalmente nos ha llegado.

Cuando ‘Mula’ funciona, y lo hace siempre que la trama se centra en los movimientos de su protagonista con el cártel de drogas mexicano al que sirve de «transportista», funciona sin fisuras, haciendo gala de un ritmo perfecto y del habitual clasicismo de formas que uno asociaría sin pensar al estilo de Eastwood. Pero cuando no funciona, algo que sucede en todos los instantes en que el foco de la acción pasa a las deterioradas relaciones familiares del protagonista, ‘Mula’ provoca una total desconexión por parte del público. Y así, entrando y saliendo en cuanto a interés se refiere, es cómo transcurren casi dos horas de metraje que por si algo valen la pena, es por dejarse embelesar, una vez más, de mano de un Clint Eastwood espectacular.

Con el gesto menos duro y el peso de 88 años sobre su encorvada figura —89 el próximo mes de mayo—, Eastwood convence delante de cámara tanto como lo hace detrás de ella con argumentos que el paso de las décadas han ido madurando en cuanto a naturalidad y que se traducen, no cabe duda, en una empatía casi instantánea, se tenga la edad que se tenga y se profesen las convicciones que se profesen, con el abuelo, el Tata que lo mismo te hibridaba dos especies de flores que te movía 300 kilos de cocaína de un extremo a otro de Estados Unidos a bordo de su pick-up negro. Y, sí, por ahí pululan Bradley Cooper, Laurence Fishburne, Dianne Wiest o Andy García pero, comparados con Eastwood, son sólo actores haciendo su trabajo y no leyendas de un arte volviendo a una gran pantalla que lo echaba muchísimo de menos.

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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