‘Los Increíbles 2’, ASOMBROSA

Sin que haya una relación directa, porque no la hay, que ‘Los Increíbles 2’ (‘The Incredibles 2’, Brad Bird, 2018) venga precedida por esa pequeña maravilla que es ‘Bao’ (id, Domee Shi, 2018) parece querer presagiar que lo que nos vamos a encontrar después de sus ocho minutos es algo que nos va a dejar extasiados. No hay relación directa porque la tónica habitual de Pixar es que cualquiera de los cortos que siempre antecede a sus largometrajes sea un instante genial, pero esta pequeña historia sobre una madre con síndrome de nido vacío en la que subyace alguna que otra lectura más al margen de la obvia, deja los ánimos preparados para que una segunda entrega que ha tardado catorce años en tomar forma —¡¡catorce años!!— nos enamore desde su primer minuto…y digo si lo hace.

Quizás, por quitarnos pronto al elefante en la habitación, habríamos de comenzar apuntando al continuista y poco original trabajo de Michael Giacchino en los pentagramas —que, aún así, funciona a las mil maravillas— y a lo anticipable del giro que preludia el tercer acto como los dos pilares más endebles del robusto edificio que vuelve a construir Brad Bird a través de un guión que, perfecto y preciso en sus restantes aspectos —y ahora pasaremos a comentar algunos de ellos— trata de jugar a mantenerse en el delicado equilibrio que separa una secuela radicalmente novedosa, de una que establezca sus fortalezas bebiendo de manera exclusiva de los planteamientos de su predecesora.

Coqueteando pues en la fina línea que aparta a una de otra, este redactor se decanta por contemplar lo logrado por Bird y Pixar desde una perspectiva que no arremeta contra aquello que de similar guarda una producción con la otra, y sí sepa valorar las diferencias que se alzan para conseguir que el presente filme se coloque, por méritos propios, como uno de los tres mejores que hemos podido ver en lo que llevamos de año —una posición que, sabiendo lo que queda por estrenar este 2018, no parece muy probable que vaya a verse alterada—.

Ciñéndonos de forma estricta al guión, el mayor acierto de Bird es continuar haciendo de ésta una cinta coral en la que todos los miembros de la familia tienen su propia voz y su momento de lucimiento —lo que hace con Jack-Jack es sencillamente brillante— pero, al mismo tiempo, sepa invertir el esquema de la original colocando a Elastigirl en la posición de Mr.Increíble como la superheroína que debe “salvar el día” mientras que el fortachón de su marido debe ocuparse de las tareas del hogar y cuidar de los tres hijos.

Habrá alguno que tachará tal solución como poco original o, incluso, de demasiado obvia para los tiempos de agresiva reivindicación del feminismo en los que vivimos. Si os encontráis en alguna de esas dos tesituras —sobre todo en la segunda— creo de recibo apuntar a ‘Los Increíbles’ (‘The Incredibles’, Brad Bird, 2004) como una propuesta en la que ya se hablaba de la mujer en sus múltiples facetas, y no hace falta el cambio de protagonismo de Elastigirl para que ahora se alcen innecesarias reflexiones acerca de lo acertado de dicha solución en estos convulsos instantes en que John Lasseter se ha tenido que quitar de en medio por motivos de índole de acoso sexual, cuando de lo que estamos hablando es de una película que lo que busca, y lo busca con ahínco, es algo más mundano que hacernos ver lo erróneo del heteropatriarcado.

Lo que busca ‘Los Increíbles 2’, y lo que consigue desde principio a fin —¡¡y qué fin!!— es entretener, entretener hasta el punto de que no podamos apartar los ojos de la pantalla y, llegados los compases finales, contengamos el aliento ante el despliegue de talento que hace Bird en la dirección. Una dirección dinámica, vibrante y enérgica que cuaja unas set-pieces alucinantes y que, apoyada en un uso soberbio de la animación —una animación que se modifica lo justo para adaptarse a ciertos cánones actuales sin traicionar los estándares que marcaron a la primera entrega hace casi tres lustros— nos ofrece un espectáculo visual asombroso, lleno de instantes con los que alucinar y pleno en esa dualidad en la que suelen moverse las producciones de Pixar para saber como cautivar la atención de generaciones muy diferentes, gustando a los niños y, aún más, a sus padres.

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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