Los 10 mejores robots de la historia del cine (II)

Gort

Segunda parte de este top suicida, en el que me había propuesto escoger a los diez robots más carismáticos de la historia del cine. Por vuestros comentarios ya sé de alguno que no va a estar muy conforme con la selección final y también he recordado un par de ellos que deberían haber venido a mi cabeza en el momento que hice la lista.

Eso sí, en ningún momento me plantee incluir también anime, porque entonces la lista sí que hubiera sido imposible con sólo diez puestos. Digo diez, pero en realidad son once posiciones en este top, como comprobaréis al final del post. Es hora de morir… digo… es hora de las cinco primeras posiciones.

5. Gort

El viejo y el nuevo. El primer Gort, el de la original Ultimatum a la Tierra, tiene ese don extraño de los clásicos de la ciencia ficción: ha enveejecido y su aspecto, a día de hoy, puede resultar ridículo, pero mantiene su amenaza. Gort no es sanguinario, sino preciso, y somos nosotros mismos los que hemos provocado su persecución. Al antiguo Gort se le ven arrugas en el supuesto traje metálico, pero su papel sigue funcionando.

El nuevo Gort sí consigue recrear esa sensación de amenaza, al menos hasta que la renovada Ultimatum a la Tierra demuestra que su intención no es contar, sino impresionar. Más estético, más inmenso, más todo, está claro que si los extraterrestres viniesen a darnos una lección hoy en día, nos mereceríamos un robot así. Coincido con Clark Kent: es de lo poco bueno de ese desastre hecho remake. Eso sí, hasta que se descompone.

4. T800

“Volveré”. Vamos, a Arnold Schwarzenegger le cayó su mejor papel cuando le dijeron que tenía que interpretar a una máquina de matar con apariencia humana. El personaje escrito le venía como anillo al dedo, le obligaba a sacar a la luz ese inmovilismo interpretativo por el que tanto se le había criticado. y el hoy gobernador de California se convirtió en uno de los robots más violentos de la historia del cine. El primer Terminator, el T800, podía ser rudimentario técnicamente (Skynet aún no había aprendido a hacer virguerías con los efectos especiales), pero aguantaba lo que le echasen. Cada una de sus apariciones saliendo ileso de explosiones, fuegos y demás pirotecnia acompañado por la música de la película de James Cameron son historia de la ciencia ficción.

Luego Arnold pidió ser bueno y hubo que complacerle. Pero Cameron quiso darle una vuelta de tuera y creó al T-1000: formado a base de metal líquido, éste podía adoptar distintas formas con sólo tocarlas, siempre que no estuvieran compuestas de piezas móviles. Y la idea, interpretada por un tremendo Edward Robert Patrick, dio pie a escenas tan clásicas como la muerte de la madrastra de John Connor, la del guardia de seguridad del centro psiquiátrico o esa persecución que acaba con el T-1000 congelado y hecho cachitos… hasta que vuelve al estado líquido otra vez.

¿Y el T-X? Pues era mucho más mono, pero no tenía el carisma de los anteriores, así que lo siento por Kristanna Loken, pero no se ha ganado un puesto tan alto en el top.

3. R2D2 / C3PO

Venga, admito que si fuera por popularidad a estos no habría quien les ganase. Y también que somos muchos los que les tenemos cariño. Pero no me gustan las listas con elecciones obvias en el número uno y, además, creo que cualquiera de los que están por encima se lo merecen tanto o más que este dúo. También, lo admito, pesa un poco el hecho de que la saga ya no es lo que era desde que llegó la segunda trilogía. Si llegamos a hacer la lista a mediados de los 90, creo que no habría manera de evitar su liderato.

Lo que está claro es que R2D2 y C3PO eran la pareja cómica de la saga de Star Wars, una especie de “El gordo y el flaco” en versión cableada, cuya misión empezó siendo de simples mensajeros y acabaron convertidos en heroes, especialmente R2D2, que por algo se mereció el puesto de gadget de ZF en las Blog Wars.

Parafraseando a mi compañero Roberto Pastor, “más de un humano desearía tener una hoja de servicios tan impresionante como la de R2-D2”. Lo que nadie querría es ser desmontado tantas veces como C3PO.

2. Wall-E

No es sencillo ser el último superviviente de una raza. No hay más que ver las penurias de Robert Neville, el último hombre vivo. O las de el único robot de los batallones de limpieza terrestres que no se quedó sin batería ni dejó de funcionar. Pero Wall E se lo toma mejor que Neville: disfruta de su trabajo a la espera de que alguien regrese. Y cuando quien lo hace es EVA, un robot femenino, el tío no puede evitar enamorarse hasta las bielas.

¿He dicho “tío”? Sí, y no me arrepiento: Wall E es una de las almas de metal que más humanas parecen y eso que ni siquiera tiene aspecto antropomórfico. Quien no se haya sentido identificado con él es que nunca ha tratado de impresionar a la persona que le ha robado el corazón.

Y, además, su nombre pronunciado por el mismo es la mejor frase cinematográfica del año que se nos va.

1. Ash

No sé si a Ash, el androide de la nave Nostromo, le haría demasiada ilusión ser miembro de una de esas películas que han sido guardadas en la Biblioteca del Congreso de los EEUU por su importancia histórica. Es más, estoy seguro de que no es así: a él lo único que le seguirá reconcomiendo es cómo esa jovencita Ripley le impidió llevar a cabo la tarea para la que estaba programado: conservar a los aliens para estudiarlos y poder venderlos como armas.

No, no era una tarea agradable. el protocolo dejaba bastante claro que la nave debía regresar incluso aunque hubiera que sacrificar a la tripulación. Y el amable Ash se esforzó en ello: subió a los contagiados a bordo y permitió a uno de los aliens que hiciera de la Nostromo su coto de caza particular. Al fin y al cabo, él estaba a salvo.

Ash, magníficamente interpretado en su dualidad por Ian Holm, es el androide ejemplo de cómo se ha usado a los robots en la historia del cine: lo mismo pueden ser serviciales que salvajes asesinos. Es sólo cuestión de programación. Tenéis todas mis simpatías.

Fuera de categoría

Es hora de ir cerrando la lista y sé que se han quedado muchos robots por el camino. Pero no podía cerrar esto en falso y, para mí, eso implicaría dejar fuera a todo el universo de almas cibernéticas que puebla Blade Runner. Igual que en el ciclismo hay puertos de montaña tan imponente que no son de Primera categoría, sino de una “Especial”, también en la ciencia ficción hay seres que, al estilo francés, se podrían denominar Hors categorie. Y no hablo sólo de los amigos de JF Sebastian.

Replicantes como a hermosa Rachel, la asesina Zhora o Pris, el modelo básico de placer, son suficientemente potentes como para haber entrado en el top. Pero es Roy Batty quien da sentido a toda esta categoría con un discurso final que casi todos los aficionados a la ciencia ficción podrían recordar de memoria.

Su alegato en favor de lo maravilloso de su personalidad virtual, de las cosas que ha contemplado y de lo absurdo que es su caza por los mismos humanos que les crearon otorga a los replicantes entidad propia: ni son robots ni son humanos, son la especie aparte que sueña con ovejas eléctricas o, más bien, con unicornios.

Y, bueno, si tuviera que justificar aún más este apéndice final, sólo necesitaría una simple frase: Ninguno de estos momentos o de estos robots se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia.

En Zona Fandom | Los diez mejores robots de la historia del cine (I)

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Roberto Jimenez @fancueva

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